Ese
nacimiento, supone varias cuestiones a pensar. A diferencia de la
Creación del Mundo, que según la Torá es sólo obra de D´s, el
nacimiento de Itzjak representa una doble autoría: la de D´s por
conceder el milagro de la fertilidad en Sara, la mujer de Abraham, que
según el texto ya tenía 100 años de edad. Pero también hay una activa
participación humana. Itzjak no es como Adán o Eva de los cuales su
nacimiento sólo se entiende por la acción divina. Itzjak es hijo de un
hombre y una mujer. Y es esa mujer la que lo engendró durante el
embarazo y ambos padres habrán de ser responsables por la crianza de
ese hijo. Así la promesa de D´s a Abraham de hacer surgir un pueblo de
su descendencia tiene su acción efectiva en la tarea humana.
Rosh
Hashaná nos propone una celebración del renacer del hombre y de la
capacidad de acción del propio hombre por modificar el curso de sus
acciones.
¿Y cómo son esos hombres? Si nos remontamos, ahora
sí, al texto de la Creación del Mundo leemos que el sexto día D´s creó
al hombre a imagen y semejanza. ¿A imagen y semejanza de quién? ¿De
D´s? Quizas sea esta una interpretación un poco pretenciosa. ¿De las
otras creaciones (animales, plantas, mares, etc.)? Parece difícil y
retorcida esa relación. Otra interpretación posible sería que el hombre
fue creado a imagen y semejanza del resto de los hombres, es decir
encontrar allí mismo el principio de igualdad entre los hombres. Así la
interpretación religiosa dirá que nuestra igualdad es ante D´s.
Adhiérase o no a esta opción, lo que la frase no invalida es que lo que
tenemos en común los hombres entre sí es que somos diferentes uno del
otro. No hay nada en cada uno de nosotros (salvo la ya mencionada
posibilidad de subordinación a D´s, o a la Ley) que nos haga pensar que
somos iguales unos a otros. Esto nos lleva a que lo que nos asemeja
unos a otros es que somos diferentes. Es, como sugería Levinás,
reconocerse a uno mismo en el rostro del otro. No usar al otro como
espejo en el cual encontrar los propios atributos sino detectar qué
atributos del otro me completan, me definen, me sugieren. Buscar los
atributos propios en el otro, como un espejo, es un acto de soberbia y
de pobreza humana. Es creer que el mundo empieza y termina en y con uno
mismo. En cambio, buscar el rostro del otro es romper esos límites y
abrirse hacia y en el otro, creando un vínculo que nos crea nuestra
propia experiencia de mundo.
Quizás sea por esta razón que no concebimos otra forma de reflexionar introspectivamente si no es con el otro, en comunidad.
Una
comunidad puede ser la común unidad de hombres que se encuentran en la
diferencia o bien puede ser la unión de hombres que se ven iguales
entre sí y se unen contra la diferencia. Es lo que el filósofo italiano
Roberto Espósito llama la Comunidad de la Inmunidad, la que crea sus
propios anticuerpos para luchar contra la diferencia que expone al
permanente peligro a la igualdad de los miembros de la comunidad.
Eso
mismo ocurrió cuando (en la misma lectura de la Torá en Rosh Hashaná
,enterada Sara de su embarazo, le exigió a Abraham que echara a su
concubina Agar y a su hijo Ismael para que no fueran ellos los modelos
de vida con los que se criara el heredero de Abraham.
Itzjak
habría de heredar la promesa de D´s a Abraham de elegir a su
descendencia como pueblo de referencia, pacto que se materializó a los
ocho días de vida con la circunsión de Itzjak. Esa herencia no podía
desvirtuarse por el mal ejemplo de Ismael. Pero la Torá nos habla de
una bendición de D´s para con Agar e Ismael, bendición que los redimirá
de la acción de Abraham y Sara. Porque en definitiva, fueron seres
humanos y no D´s los que evitaron la diferencia.
La Torá
hace permanente hincapié en la humanidad de Abraham tanto para desafiar
a D´s como para mostrar sus flaquezas. Quizás como un libro abierto que
nos de la posibilidad de elegir qué acciones de Abraham valoramos como
positivas y cuales como negativas.
Este año como cada año
volvemos a reflexionar y a repensar sobre lo que consideramos como lo
bueno y lo que consideramos lo malo. Somos dinámicos y nuestras
opiniones y percepciones cambian con los años y las de los otros
también y así vamos armándonos de nuevos conceptos que viven en
nosotros y que no son conceptos muertos que intentamos transmitir sin
volverlos a re visar. Reflexionamos individualmente en comunidad,
abrazándonos al otro, abrazando la diferencia y cantando una vez más
"Hine ma tov u ma naim, shevet ajim gam iajad", qué bueno y que
agradable, una comunidad de hermanos se unen nuevamente.