martes, 22 de septiembre de 2009
5770: Celebración de la diferencia
 
Por: Berl Schtudiner
interjudaica@gmail.com

 
Los Iamim Noraim que van desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur nos proponen quizás el mayor ejercicio de introspección, de reflexión individual en el calendario judío. Extraña paradoja porque son las fechas en que hay mayor afluencia de judíos a las instituciones comunitarias, especialmente los templos. Es decir, que el momento de mayor introspección se vuelve el principal motivo de reunión en comunidad anual de los judíos en el mundo. Y ese día sabemos que con diferencias horarias estamos haciendo lo mismo que muchas otras comunidades judías en el mundo. Y esa necesidad de reunirnos en comunidad ¿cómo se construye?. Les propongo un recorrido por los textos de la torá que nos acompañan en este primer día del año.


Cuando celebramos el comienzo de un nuevo año en el calendario judío, recuerdo de la creación del mundo, cabe preguntarnos ¿por qué no leemos el primer capítulo del Bereshit que narra ese mismo acontecimiento? Si la respuesta es porque ese fragmento se lee en Simjat Torá no agregamos nada. Lo que sí leemos el primer día de Rosh Hashaná es otro nacimiento, el de Itzjak, hijo de Abraham.


Ese nacimiento, supone varias cuestiones a pensar. A diferencia de la Creación del Mundo, que según la Torá es sólo obra de D´s, el nacimiento de Itzjak representa una doble autoría: la de D´s por conceder el milagro de la fertilidad en Sara, la mujer de Abraham, que según el texto ya tenía 100 años de edad. Pero también hay una activa participación humana. Itzjak no es como Adán o Eva de los cuales su nacimiento sólo se entiende por la acción divina. Itzjak es hijo de un hombre y una mujer. Y es esa mujer la que lo engendró durante el embarazo y ambos padres habrán de ser responsables por la crianza de ese hijo. Así la promesa de D´s a Abraham de hacer surgir un pueblo de su descendencia tiene su acción efectiva en la tarea humana.


Rosh Hashaná nos propone una celebración del renacer del hombre y de la capacidad de acción del propio hombre por modificar el curso de sus acciones.


¿Y cómo son esos hombres? Si nos remontamos, ahora sí, al texto de la Creación del Mundo leemos que el sexto día D´s creó al hombre a imagen y semejanza. ¿A imagen y semejanza de quién? ¿De D´s? Quizas sea esta una interpretación un poco pretenciosa. ¿De las otras creaciones (animales, plantas, mares, etc.)? Parece difícil y retorcida esa relación. Otra interpretación posible sería que el hombre fue creado a imagen y semejanza del resto de los hombres, es decir encontrar allí mismo el principio de igualdad entre los hombres. Así la interpretación religiosa dirá que nuestra igualdad es ante D´s. Adhiérase o no a esta opción, lo que la frase no invalida es que lo que tenemos en común los hombres entre sí es que somos diferentes uno del otro. No hay nada en cada uno de nosotros (salvo la ya mencionada posibilidad de subordinación a D´s, o a la Ley) que nos haga pensar que somos iguales unos a otros. Esto nos lleva a que lo que nos asemeja unos a otros es que somos diferentes. Es, como sugería Levinás,  reconocerse a uno mismo en el rostro del otro. No usar al otro como espejo en el cual encontrar los propios atributos sino detectar qué atributos del otro me completan, me definen, me sugieren. Buscar los atributos propios en el otro, como un espejo, es un acto de soberbia y de pobreza humana. Es creer que el mundo empieza y termina en y con uno mismo. En cambio, buscar el rostro del otro es romper esos límites y abrirse hacia y en el otro, creando un vínculo que nos crea nuestra propia experiencia de mundo.


Quizás sea por esta razón que no concebimos otra forma de reflexionar introspectivamente si no es con el otro, en comunidad.


Una comunidad puede ser la común unidad de hombres que se encuentran en la diferencia o bien puede ser la unión de hombres que se ven iguales entre sí y se unen contra la diferencia. Es lo que el filósofo italiano Roberto Espósito llama la Comunidad de la Inmunidad, la que crea sus propios anticuerpos para luchar contra la diferencia que expone al permanente peligro a la igualdad de los miembros de la comunidad.


Eso mismo ocurrió cuando (en la misma lectura de la Torá en Rosh HashanáGuiño ,enterada Sara de su embarazo, le exigió a Abraham que echara a su concubina Agar y a su hijo Ismael para que no fueran ellos los modelos de vida con los que se criara el heredero de Abraham.


Itzjak habría de heredar la promesa de D´s a Abraham de elegir a su descendencia como pueblo de referencia, pacto que se materializó a los ocho días de vida con la circunsión de Itzjak. Esa herencia no podía desvirtuarse por el mal ejemplo de Ismael. Pero la Torá nos habla de una bendición de D´s para con Agar e Ismael, bendición que los redimirá de la acción de Abraham y Sara. Porque en definitiva, fueron seres humanos y no D´s los que evitaron la diferencia.


La Torá hace permanente hincapié en la humanidad de Abraham tanto para desafiar a D´s como para mostrar sus flaquezas. Quizás como un libro abierto que nos de la posibilidad de elegir qué acciones de Abraham valoramos como positivas y cuales como negativas.


Este año como cada año volvemos a reflexionar y a repensar sobre lo que consideramos como lo bueno y lo que consideramos lo malo. Somos dinámicos y nuestras opiniones y percepciones cambian con los años y las de los otros también y así vamos armándonos de nuevos conceptos que viven en nosotros y que no son conceptos muertos que intentamos transmitir sin volverlos a re visar. Reflexionamos individualmente en comunidad, abrazándonos al otro, abrazando la diferencia y cantando una vez más "Hine ma tov u ma naim, shevet ajim gam iajad", qué bueno y que agradable, una comunidad de hermanos se unen nuevamente.


Publicado por fpaya @ 6:30 PM  | Judaismo Español
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