| מדינת ישראל Medinat Yisrael دولة إسرائيل Dawlat Isrā'īl Estado de Israel |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Israel, (hebreo: יִשְרָאֵל, Yisra'el; Árabe: إسرائيل, Isrā'īl), oficialmente Estado de Israel (מְדִינַת יִשְרָאֵל, Medinat Yisra'el; Árabe:دَوْلَةْ إِسْرَائِيل, Dawlat Isrā'īl), es un país de Oriente Medio que se encuentra en la ribera sudoriental del Mar Mediterráneo. Limita al norte con el Líbano, al este con Siria, Jordania, Cisjordania, al oeste con el Mar Mediterráneo y la Franja de Gaza, al suroeste con Egipto y al sur con el golfo de Aqaba (Mar Rojo). Con una población de alrededor de 7,35 millones de habitantes,[2] la mayoría de los cuales son judíos, Israel es el único Estado judío del mundo.[4] Es también el hogar de árabes musulmanes, cristianos, drusos, y samaritanos, así como otros grupos religiosos y grupos étnicos minoritarios.
El moderno estado de Israel identifica sus raíces con la antigua Tierra de Israel (Eretz Yisrael), un concepto central para el judaísmo desde hace más de 3.000 años.[5] Después de la Primera Guerra Mundial, la Liga de Naciones aprobó el Mandato Británico de Palestina con la intención de la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío.".[6] En 1947, las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina en dos estados, uno judío y uno árabe.[7] El 14 de mayo de 1948 el estado de Israel declaró su independencia, lo cual fue seguido por la Guerra árabe-israelí de 1948 con los vecinos estados árabes, que se negaban aceptar el plan de la ONU. Las sucesivas victorias en una serie de guerras posteriores confirmaron su independencia y ampliaron las fronteras del Estado Judío más allá de lo acordado en el Plan de Partición de las Naciones Unidas. Desde entonces, Israel ha estado en conflicto con muchos de los países árabes vecinos, con varias guerras y décadas de violencia que continúan hasta el día de hoy.[8] Desde su fundación, las fronteras de Israel e incluso el derecho a existir del propio estado ha estado sujeto a controversias, especialmente entre sus vecinos árabes. Sin embargo, Israel ha firmado tratados de paz con Egipto y Jordania, y se están haciendo esfuerzos para alcanzar un acuerdo permanente con la Autoridad Nacional Palestina.[9]
Israel es una democracia representativa con un sistema parlamentario y sufragio universal.[4] El Primer Ministro actúa como Jefe de Gobierno, y la Knesset como cuerpo legislativo de Israel. En términos de producto interior bruto, su economía está situada en el puesto 45 según el Fondo Monetario Internacional. A su vez, Israel está altamente situado entre los países de Oriente Medio en desarrollo humano,[10] libertad de expresión,[11] y competitividad económica.[12] La capital, sede del gobierno y mayor ciudad del país es Jerusalén, aunque el principal centro económico y financiero se encuentra en Tel Aviv.
Contenido[ocultar]
|
En los últimos tres mil años, el nombre Israel ha identificado en el uso común y en el religioso, tanto la Tierra de Israel como toda la nación judía.[13] Procede de un pasaje del Tanaj, la biblia hebrea, donde el patriarca bíblico Jacob provocó la admiración de un ángel tras vencerle en una lucha que duró toda una noche. Éste lo bendijo y le cambió su nombre por el de Yisra'el, «El que lucha con Dios» (Génesis, 32:28-30).[14] Las tribus confederadas que se reconocían como descendientes de Jacob se llamaron a sí mismas «Hijos de Israel» o «israelitas».
Aunque se barajaron otros nombres posibles, como «Eretz Israel», «Sion», «Judea» y «Nueva Judea», fueron rechazados.[15] El nombre moderno que adoptó el país fue Medinat Yisrael, Estado de Israel y sus ciudadanos se denominan en español israelíes. El término israelí para denominar a los ciudadanos de Israel fue adoptado por su gobierno pocas semanas después de la independencia.[16] El gentilicio israelita suele utilizarse en español en referencia a los antiguos habitantes del Reino de Israel, aunque, sobre todo en Hispanoamérica, sigue usándose como sinónimo de judío o hebreo, e incluso de israelí.
La referencia más antigua que se tiene del nombre Israel data del año 1210 a. C., grabado en la Estela de Merenptah (un relato épico del faraón Merenptah, un hijo de Ramsés II), en la que se cita a Israel como un pueblo, o grupo de gente, aunque no está asociado a un lugar geográfico. Durante 3000 años, el pueblo judío se ha seguido refiriendo a Israel como su patria, Tierra Santa o la Tierra Prometida, pese a que los romanos pasaron a denominarlo Palestina (provincia de Siria y Palestina) tras aplastar la Primera Revuelta Judía (66-73 d. C.).
Lo que hoy se conoce como Israel –el suroeste del llamado «creciente fértil» y conocido en la antigüedad como la tierra de Canaán— fue desde muy antiguo tierra de paso y punto intermedio entre las florecientes civilizaciones del río Tigris y el Éufrates, por un lado, y el valle del Nilo por el otro. Se vio sacudida desde antiguo por numerosas invasiones y estuvo dividida en pueblos diferentes: Moab, Edom, Judá, Aram, etc. En esa tierra vieron la luz dos de los mayores hitos de la civilización occidental: el alfabeto moderno occidental y una religión monoteísta que, en formas diversas, acabaría extendiéndose por todo occidente. También vio nacer las primeras ciudades del mundo (como Jericó), hace siete mil años, en plena revolución neolítica. La región estuvo dividida en pequeñas ciudades-estado que sobrevivieron como pudieron a las sucesivas invasiones de sus poderosos vecinos (sumerios y egipcios), y de muchos otros pueblos venidos de los desiertos arábigos e incluso del mar (como los filisteos).
En tiempos de Ajenatón (c. 1350 a. C.) había numerosas tribus hebreas situadas en la ribera oriental del río Jordán, tratando de cruzarlo y asentarse en las tierras más fértiles de la ribera occidental. En los últimos tiempos de Ramsés II, con Canaán dividida entre egipcios e hititas, nuevas tribus hebreas llegaron a orillas del Jordán. Varias de ellas se aliaron para realizar una acción militar contra Canaán. Efectuaron esta coalición a la manera tribal, identificándose como descendientes de los hijos de un antepasado común, el legendario Jacobo (renombrado según el relato bíblico como Israel), nieto del patriarca Abraham, por lo que, según la historia bíblica, estos pueblos aliados se llamaron a sí mismos hijos de Israel.
Estas tribus hebreas, que tenían el mismo origen que los amorreos y hablaban un dialecto de la misma lengua semítica que ya se hablaba en Canaán, cruzaron el Jordán alrededor de 1240 a. C., conquistando Jericó, desde donde se extendieron por las regiones montañosas de Judea, de Samaria y de Galilea. Adoptaron el alfabeto y muchos otros aspectos de la cultura cananea. Acabaron por conformar hacia el año 1000 a. C. dos estados confederados, el reino de Israel y el reino de Judá, en oposición militar a los filisteos y otros pueblos. Ambos reinos fueron gobernados por los reyes David y Salomón antes de su separación definitiva (en el año 924 a. C.), hechos que parecen confirmar las evidencias arqueológicas.
Posteriormente, bajo los sucesivos dominios extranjeros de Asiria, Babilonia, Persia, Macedonia, el imperio seléucida, Roma y Bizancio, la presencia de judíos en Palestina se vio sustancialmente disminuida a consecuencia de la expulsión masiva de que fue objeto este pueblo. En particular, el fracaso de la revuelta judía bajo el Imperio romano ocasionó la principal expulsión de judíos de esta tierra así como la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén. Curiosamente la Mishná y el Talmud, dos de los textos más importantes del judaísmo, fueron escritos durante esta época.
El pueblo de Israel fue autónomo tan sólo dos veces después del exilio babilónico: durante el dominio seléucida surgió la dinastía hasmonea, oligarquía formada por una familia de sacerdotes judíos. La dinastía hasmonea fue reconocida por el imperio griego y romano y gobernó al pueblo judío hasta la intervención romana.
La segunda autonomía fue el breve período de la rebelión judía de Bar Kojbá (132-135 d. C.), durante el Imperio romano: los judíos establecieron un pequeño estado en el centro del país de Canaán, que era independiente de Roma. Este pequeño estado duró tan sólo tres años, hasta que en el año 135 fuera aplastado por el emperador romano Adriano. Una vez destruido el estado judío y exiliada gran parte de su población, la antigua tierra de Israel pasó a denominarse "Siria-Palestina", o simplemente "Palestina", nombre derivado de los antiguos adversarios de los judíos: los filisteos.
Tras la división del Imperio Romano, Palestina estuvo bajo el dominio de Bizancio hasta el año 639, en que se produjo la conquista árabe. Tras el ascenso de la dinastía Omeya (661-750), y a pesar de los muchos problemas que la complejidad social y étnica del territorio planteaba, no se registraron ni grandes problemas nacionales (entre las distintas etnias del imperio, y especialmente entre los árabes y las demás) ni tampoco choques entre comunidades religiosas, ni entre los no musulmanes y el poder central.[cita requerida] El califato Abasí (750-1258), también conocido como Califato de Bagdad, sucedió al omeya, siendo substituido finalmente por la dinastía Selyúcida (1071).
Entre 1096 y 1244 motivados por el fervor religioso, la perdida de poder bizantino ante los turcos y la imposibilidad de peregrinar a Jerusalén, la nobleza europea promovió varias Cruzadas. La Primera Cruzada tuvo lugar en 1099 y finalizó de forma exitosa conquistando Jerusalén y estableciendo cuatro estados cruzados en medio oriente, entre ellos el Reino de Jerusalén. Durante la toma de Jerusalén los fanatizados cruzados realizaron una cruenta matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes.[17] Durante las siguientes décadas el dominio cristiano produjo el asentamiento de colonos europeos, sobre todo italianos y francos y un notable incremento comercial impulsado por las Repúblicas marítimas. La ciudad de Jerusalén fue conquistada por Saladino en el año 1187, en aquel momento sultán de Egipto y Siria y fundador de la dinastía Ayubí. La Tercera Cruzada permitió la supervivencia del Reino de Jerusalén, si bien fue confinado a una estrecha franja de tierra próxima a la costa. La dinastía Ayubí fue substituida por la de los Mamelucos en 1250, que terminaron la destrucción del Reino de Jerusalén con la toma de Acre en 1291. En 1517 la región fue anexionada al Imperio otomano.
La dominación Otomana se prolongó cuatro siglos (hasta 1917), durante los cuales la antigua tierra de Israel fue parte del vilayato Damasco-Siria, una de las muchas provincias otomanas. Pese a todo, siempre existió una exigua comunidad judía en Palestina (territorio que dejaría de denominarse así durante el dominio otomano), que fluctuó considerablemente a través de los siglos. En 1881 existía una población de 20.000 a 25.000 judíos, respecto a una población total estimada de 470.000 habitantes, y cuya presencia principal radicaba en Jerusalén, en la cual hacia 1884 eran una de las etnias mayoritarias, hasta llegar a ser en 1896 mayoría absoluta.
Después de diversas sublevaciones, los romanos destruyeron Jerusalén y obligaron a casi la totalidad de los judíos a huir de Israel, comenzando un largo periodo de exilio conocido como Diáspora. Los judíos de la diáspora anhelaron regresar a Israel durante siglos. Por ejemplo, en 1141 el español Yehuda Halevi realizó un llamamiento a los judíos para regresar a Eretz Israel, efectuando él mismo el regreso a Sión, donde encontró la muerte. Un siglo después, el rabino español Nahmánides emigró a Jerusalén y desde entonces se mantuvo una presencia constante de judíos, especialmente en Jerusalén. El también sefardí Yosef Caro emigró a la gran comunidad judía de Safed en 1535. Oleadas migratorias tuvieron lugar, por ejemplo, en el periodo 1209-1211. Fue también famosa la «aliyá de los rabinos de Francia e Inglaterra» hacia Acre en 1258 y 1266. En 1260 Jehiel de París emigró a Acre junto a su hijo y un numeroso grupo de seguidores. Pequeñas olas migratorias judías tuvieron lugar durante el siglo XVIII, como la de Menachem Mendel de Vitebsk y 300 de sus seguidores, Judah he-Hasid y alrededor de 1000 discípulos y más de 500 discípulos (y sus familias) de Gaón de Vilna conocidos como Perushim. Oleadas de estudiantes rabínicos inmigraron en 1808-1809, aséntandose en Tiberíades, Safed y después en Jerusalén.
En 1860, la antigua comunidad judía de Jerusalén comenzó a construir barrios de viviendas fuera de los muros de la Ciudad Vieja. En 1878, se fundó el primer asentamiento agrícola moderno en Petaj Tikva.