Palestina (en latín Syria Palæstina; en hebreo Palestina (פלשתינה
o Eretz Israel (ארץ ישראל
; en árabe Jund Filastin (فلسطين
) es uno de los nombres que ha recibido la región histórica del Oriente Próximo situada entre el Mar Mediterráneo y el Río Jordán, donde actualmente se ubica el Estado de Israel y los Territorios Palestinos.
La etimología de Palestina deriva de Pelesets, pueblo mencionado en los
escritos del antiguo Egipto datados en el año 1200 ac. Palestina es el
nombre con el que los romanos designaron a la antigua tierra de Canaán o del antiguo Reino de Israel a partir de la revuelta judía (132-135) en la antigua Judea, que formaba parte de la provincia romana de Siria.
La región limita con Egipto al sur, con el Líbano y Siria al norte, con Jordania al Este y con el Mar Mediterráneo al oeste.
Palestina, cuna de civilizaciones y de religiones, encrucijada de caminos, es la Tierra Santa de cristianos, judíos y musulmanes. Históricamente ha sido un país de conflictos religiosos y territoriales que aún perduran de forma muy acusada en el llamado conflicto árabe-israelí.
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La presencia humana en esta región data de miles años. Se han encontrado restos de una primera migración procedente del norte de Africa de hace 60 mil años y de la cual probablemente no hay descendientes vivos. Desde hace 40 mil años arribaron poblaciones diferentes que pasaron del Africa oriental al suroeste de Asia y migraron desde las costas del golfo Pérsico hacia el Medio Oriente.
Durante la Edad de Bronce y hacia IV milenio a. C. ya había en la región ciudades como Jericó, Gezar, Meguidó y Lajich y áreas densamente pobladas. Se cultivaba el trigo, olivos, chufa, higos y uvas. Se han encontrado abundantes muestras de alfarería, metalurgia y evidencias claras de intensa domesticación de animales y desarrollo de la ganadería.
Hacia el 2000 a. C. la región fue ocupada por pueblos de lenguas semíticas. Está demostrado el origen común del idioma fenicio, las lenguas cananeas y el idioma hebreo, lo que sugiere que estas lenguas procedían de una corriente de población común, que conquistó la región; los fenicios establecieron sus ciudades y redes comerciales en la costa del Mediterráneo, en tanto los cananeos dominaron las ciudades antiguas y fundaron otras.
Los hebreos eran pastores y campesinos monoteístas, una parte de los cuales descendía de grupos de lengua semita que habían migrado a Egipto, donde fueron esclavizados según relata la Biblia, y luego retornaron a Canaan. Algunos historiadores les identifican con los apiru, grupos nómadas marginales que surtían los cuerpos mercenarios o de esclavos por todo el Creciente fértil.[1] A partir del 1200 a. C. los hebreos comienzan a conquistar las ciudades cananeas y a derrocar a sus reyes, proceso que se culminó hacia el 1000 a. C. con la toma de Jerusalén.
Por la misma época la costa de esta región fue ocupada por los pelesets, también llamados filisteos, pueblos del mar de cuyo nombre se deriva el de la región. Se establecieron cinco ciudades-estado, entre las cuales estaban Gaza y Ascalón. La convivencia entre pelesets y hebreos se caracterizó por conflictos periódicos por el dominio del país.
La región se caracterizó por la diversidad étnica y por ser un lugar de paso entre Africa y Asia. Durante la mayor parte del tiempo Palestina perteneció a los distintos imperios que dominaban la zona egipcio, asirio y persa. Tan sólo durante breves periodos de tiempo existieron reinos autónomos.
El reino hebreo de David y Salomón se dividió en los reinos de Israel al norte y Judá al sur. El primero fue destruido por el imperio de Asiria en el 721 a. C. y el segundo por Nabucodonosor en el 587 a. C., quien estableció la dominación de Babilonia en toda la región y deportó parte de sus habitantes. Babilonia, fue conquistada por el Imperio Persa en el 539 a. C. El rey Ciro II el Grande y sus sucesores fomentaron el retorno de los deportados y permitieron autonomía a sus habitantes, estableciéndose las autoridades de los samaritanos en Siquem (hoy Nablús) y las autoridades judías en Jerusalén.
Alejandro Magno conquistó la región en el 331 a. C. Durante el llamado período helenístico. Esta región estuvo bajo el dominio de sus sucesores, primero de los Tolomeos hasta el 197 a. C. y luego de los Seléucidas hasta el 142 a. C.
Los judíos se rebelaron en repetidas ocasiones encabezados por los macabeos o hasmoneos, y consiguieron en algunos periodos, que gobernaron parte del país hasta el 63 a. C. cuando Pompeyo tomó Jerusalén aprovechando las guerras entre saduceos y fariseos y estableció la dominación romana, que convirtió Palestina en provincia romana. La derrota de las rebeliones judías en los años 70 y 135 causaron grandes deportaciones de judíos, que dieron inicio a la Diáspora y denominaron al territorio como Palestina (o "Siria-Palestina")[cita requerida].
Al dividirse el Imperio Romano, Palestina quedó bajo la dominación de Bizancio hasta el 636 en que se produjo la conquista árabe de la región. Estuvo sucesivamente bajo el dominio de la dinastía Omeya (661-750), el califato Abbasí, los turcos selyúcidas (1071).
Las Cruzadas fracasaron en establecer el dominio europeo duradero en "Tierra Santa". La Primera Cruzada logró derrotar a lo selyúcidas en el 1098, tras lo cual el califato Fatimí ocupó Jerusalén. Los cruzados lograron tomar la ciudad y establecieron allí el Reino de Jerusalén del 15 de julio de 1099 al 2 de octubre de 1187 cuando la ciudad fue reconquistada por el sultán Saladino, que estableció la dinastía de los Ayyubi en Egipto, reemplazada por la dinastía de los Mamelucos, que dominó la región hasta 1516 cuando fueron derrotados por los turcos otomanos dirigidos por Selim I.
La región de Palestina fue parte del Imperio Otomano hasta la I Guerra Mundial. En 1916, durante la Gran Guerra, Gran Bretaña conquistó la región. Al finalizar la guerra (1918), Francia e Inglaterra crearon las actuales fronteras de Siria, Líbano e Iraq sobre el territorio que había administrado el Imperio Otomano. En la zona que quedó sin asignar, la Sociedad de Naciones creó el Mandato Británico de Palestina, hasta 1948, fecha en que la ONU acordó el reparto del Mandato Británico en dos Estados, uno judío y otro árabe, aproximadamente iguales en extensión. Tras la retirada británica, los judíos proclamaron la independencia del Estado de Israel en mayo de 1948, mientras que los árabes no aceptaron el reparto y declararon la guerra dos días después de la proclamación de la independencia del Estado judío. La guerra árabe-israelí, la primera de una serie, culminó en un armisticio en 1949, que tuvo como consecuencia la ampliación del territorio de Israel y de Transjordania (que se anexionó Cisjordania). Egipto por su parte se quedó con la Franja de Gaza.
Fue el nacimiento de la OLP el que desembocó en la reivindicación de una Nación Palestina soberana (en 1956, Ahmed Chuqueiri, futuro presidente de la OLP, afirmaba «que Palestina no es más que Siria del sur».[2]
En 1967, Israel lanzó un ataque contra Egipto, Siria y Jordania (quienes desde hacía un tiempo realizaban movimientos de tropas al otro lado de la frontera con Israel) lo que dio lugar a la Guerra de los Seis Días. El resultado de dicha guerra fue que Israel tomó el control de Cisjordania y Gaza, conquistó los Altos del Golán, la península del Sinaí y se anexionó Jerusalén Este (incluida la Ciudad Vieja). Israel devolvió el Sinaí a Egipto tras los acuerdos de Camp David y se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza en el verano de 2005.
A raíz de los Acuerdos de Oslo, en los Territorios Palestinos de Gaza y Cisjordania se estableció la Autoridad Nacional Palestina, una Administración autónoma palestina reconocida internacionalmente y que tiene el mandato de sentar las bases del futuro Estado Palestino. El Gobierno de Israel está construyendo una barrera física,[3] alegando motivos de seguridad,[4] y cuyo trazado ha sufrido varias denuncias ante el Tribunal Internacional de La Haya, mientras que el Tribunal Supremo de Israel ha anulado diversas ampliaciones e introducido cambios en su trazado. La mayoría de las colonias y asentamientos judíos quedan de lado israelí del muro, lo que conduce a un trazado complicado con numerosos requiebros; como consecuencia el territorio palestino queda fragmentado y con numerosos controles israelíes entre las diversas secciones palestinas.[5]
La discriminación que sufren numerosas personas que viven en Palestina ha estado acreditada por diversas organizaciones de defensa de los Derechos Humanos. Human Rights Watch destaca que en los territorios del Estado de Israel no está garantizada de facto la libertad religiosa. La discriminación de la población palestina es sistemática y se ejerce desde las propias instituciones israelitas. Palestina es uno de los lugares del mundo donde la violación de derechos humanos es desgraciadamente cotidiana. Gran parte de la población autóctona palestina ha sido deportada de sus tierras y recluida en campos de concentración, produciéndose una limpieza étnica.
En muchas zonas las fuerzas armadas israelies imponen toques de queda y detienen gente arbitrariamente. Además, las acciones bélicas israelíes se cobran la vida de numerosos inocentes.
Internacionalmente en diversas ocasiones, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha considerado al Estado de Israel como una potencia ocupante. Desde Naciones Unidas se ha afirmado en repetidas ocasiones que los asentamientos o colonias judías en los territorios ocupados son ilegales y suponen uno de los más graves obstaculos para la consecución de la paz en la zona.
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