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Una manera de tender puentes
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A las iniciativas en otras áreas, como la del músico Daniel Barenboim con su West-Eastern Divan Orchestra y la de Daniel Passarella en el fútbol entre palestinos e israelíes, se le suma la traducción al árabe de algunas novelas de la literatura israelí actual. Quizás los caminos no convencionales tengan más éxito en el acercamiento entre los pueblos. En septiembre de este año se ha publicado, traducida al árabe, la novela autobiográfica de Amoz Oz, Una historia de amor y oscuridad (2002). Los entretelones que llevaron a la traducción de este libro ilustran la complejidad del conflicto en Medio Oriente: en el año 2004 George Khoury, de 20 años, era asesinado por un palestino, mientras corría por el barrio de la Colina Francesa, en Jerusalem. El joven era hijo de un prominente abogado árabe cristiano, residente en Jerusalem Oriental. Tras adjudicarse la muerte, el grupo terrorista "Mártires de Al-Aksa" pidió disculpas, por haber disparado contra un árabe, "creyendo que era judío". El padre del joven declaró entonces: "Atacar a una persona inocente cuando está caminando, haciendo deporte, no está justificado de ninguna manera. Eso corrompe los propios valores, es inaceptable, no sólo porque mi hijo fue la víctima. Además de que está mal, no sirve a los intereses nacionales del pueblo palestino. Esa no es forma de luchar". Esta familia ya había sido golpeada por el terrorismo en el pasado, cuando en 1975 el abuelo de George murió en un atentado en el centro de Jerusalem. Como una forma de perpetuar la memoria del joven asesinado, la familia decidió financiar la traducción al árabe del libro de Oz. La literatura como modo de acercamiento El encargado de la traducción fue el profesor Jamal Gnaim, licenciado en filología árabe y hebrea por la Universidad Hebrea de Jerusalem, que vive en Israel. Amos Oz narra en la novela sus vivencias durante las décadas del cuarenta y el cincuenta, una época decisiva para el establecimiento del Estado de Israel. El hecho que el traductor sea un ciudadano árabe-israelí ha sido un gran aporte al producto final, ya que conoce la cultura y la historia y comprende el contexto de la narración. El libro se ha distribuido primeramente en las ciudades árabes de Israel, pero también llegará a Egipto y otros países árabes. No es el primer libro de este autor que se traduce al árabe. Ya han sido publicados tres títulos suyos en este idioma en la década pasada: Mi marido Mijael, La caja negra y Sumji. El propio Amos Oz llevó a la familia Khoury un ejemplar firmado y dedicado. "Si la traducción tiende un puente entre culturas diferentes, refleja el tipo de relación que existe entre ellas, la idea que cada una tiene de sí misma y de lo ajeno", escribe Luisa Borovsky[1]. Esta idea es compartida por diferentes personas de la cultura que ven la literatura como una vía por la que se puede promover el acercamiento entre los pueblos, aunque estos estén emparentados solamente por guerras y conflictos. Uno de ellos es Salaj Abasi, dueño de la editorial "Libros Kolbo" de Haifa, quien es el mayor editor e importador de Israel de libros en árabe. Por iniciativa del "Instituto para la traducción de literatura hebrea", Abasi llevó adelante la traducción y publicación de varios títulos: El verano de Aviya, de Guila Almagor, El hombre perro, de Yoram Kaniuk, Trozos humanos, de Orly Castel Bloom, Cuatro casas y una nostalgia, de Eshkol Nevó y La gran mujer de los sueños, de Yehoshúa Kenaz. También ha publicado dos libros infantiles: uno de Amela Einat y otro de Daniela Karmi. Presencia en el mundo árabe Además de estar presentes en la última feria del libro de El Cairo, donde se vendieron, los libros se encuentran también en la Biblioteca de Alejandría y en diferentes bibliotecas públicas de Egipto. Por medio de un socio que Abasi tiene en Jordania, también se distribuirán en ese país, en Túnez y en Arabia Saudita. En la década pasada ya se habían traducido algunos títulos de la literatura israelí contemporánea: Jazmín, de Eli Amir, Mozart no era judío, de Gabriela Avigur Rotem y novelas de Sami Mijael, David Grossman y Rut Almog. Tanto en Israel como en el mundo árabe, hay individuos y organismos que comprenden que "el traductor pone en diálogo permanente a los dos idiomas en cuestión"[2], y aunque incipiente, ese diálogo es el primer paso para comprenderse. Conclusión El padre del joven asesinado en 2004 lo explica con claridad, en un reportaje concedido a la BBC: "No podemos seguir en medio de un diálogo de sordos. Inclusive para pelear hay que conocerse bien y ni qué hablar, para hacer la paz". Quizás algunos se animen a comenzar a recorrer este puente tendido por la traducción de la magnífica obra de Amos Oz. No es mucho, pero cada aporte vale. Notas: [1] En Introducción a Problemas de la traducción, Ediciones Libros del Rojas, Buenos Aires, 2004. 2 Gabriela Adamo (Traductora de alemán e inglés. Nacida en Buenos Aires, 1970), en op. cit.
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