Shalom Magazine Junio 2008
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La literatura israelí a los 60 |
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Por: Isac Gliksberg
Muchas son las particularidades del joven Estado judío, pero, especialmente, después de seis decenios de existencia independiente, la producción científica y tecnológica que supo conseguir, ocupa uno de los primeros lugares en el mundo en cuanto a calidad y consumo.
De ser un productor -en 1948- de productos naturales obtenidos de la tierra; cítricos y otros, el Estado de Israel no sólo se abocó a mejorar la calidad de éstos productos, sino que además, comenzó a incursionar desde sus primeros años de vida, en el campo de la investigación científica logrando innovación y calidad superior en la denominada alta tecnología.
Desde temprano, el padre del Estado judío -David Ben Gurión- afirmó que: "la investigación científica y sus logros ya no son meramente un asunto intelectual abstracto...sino un factor central...en la vida de todo pueblo civilizado..."
A estas palabras, habría que agregarles la última declaración, más recientemente, de Bill Gates, quien expresó en un encuentro internacional de desarrollo tecnológico, que: "Israel representa el punto más alto de la innovación, hoy en día".
En el campo de las ciencias, Israel procura sostener un nivel internacional mínimo de calidad en sus logros, en un espectro muy amplio de campos científicos, estimulando el establecimientos de Institutos de categoría superior y de primer nivel en torno a científicos destacados y en áreas de interés vital para el desarrollo del sector industrial.
Sin ninguna duda, la cooperación internacional ha tenido un rol muy importante en este esfuerzo en razón de que ha puesto a disposición de Israel recursos científicos y conocimiento de los más importantes y destacados científicos y expertos.
En el terreno de la tecnología, Israel brega por sostener, por medio de la especialización, el más alto nivel posible, concentrando sus mayores esfuerzos nacionales en importantes rubros y líneas de investigación y de desarrollo productivo.
En el breve período que va desde su independencia hasta el presente, el porcentaje de la población israelí que tiene que ver con la investigación científica y tecnológica, así como la cantidad de dinero que se gasta en investigación y desarrollo en relación al producto nacional bruto, es de los más elevadas en todo el mundo.
La historia de la investigación científica en Israel, ocupa un lugar de preponderancia en la historia de la presencia judía en la entonces Palestina, convertida con los años en Estado de Israel: las ansias de transformar la tierra, por entonces un terreno estéril y plagado de enfermedades diversas, en un Estado moderno y avanzado, fue el factor determinante en la posterior investigación científica y en el desarrollo tecnológico.
De modo tal que, actualmente, Israel es un país de primerísimo nivel en investigación y desarrollo, tanto por el personal académico y de servicios especialmente adiestrado, como en el nivel y calidad de sus institutos y sus universidades, de la aplicación a la industria en general, a la producción agropecuaria, a la salud humana y animal, a la energía, etc.,etc.
Estos son, entre otros, algunos de los principales logros obtenidos por el joven Estado en estos sesenta años:
1º.- Son israelíes la mayoría de los sistemas operativos Window NT y XP, desarrollados por Microsoft -Israel.
2º.-Israel ocupa el segundo lugar en Solicitudes de Patentes, después de Japón.
3º.-La Cía. Israelí, M-Systems es el cerebro del Pen Drive.
4º.- Trans-Chip israelí, desarrolló la primera cámara de fotos que es usada en los teléfonos celulares.
5º.-TEVA, empresa israelí, es en la actualidad el mayor productor de antibióticos y de medicamentos genéticos del mundo.
6º.- El 85% de la basura sólida en Israel es tratada de un modo ambientalmente segura.
7º.- Israel desarrolló un sistema de irrigación por goteo que minimiza cantidad grande de agua necesaria para irrigar los cultivos. En Uruguay, esta tecnología israelí ha sido ampliamente aplicada a sus cultivos.
8º.-GIVEN IMAGING desarrolló una video cámara tan pequeña que ingresa en una píldora que se puede incluso, tragar.
9º.- Israel fue el primer país en desarrollar e instalar una planta de energía solar a gran escala en el desierto de Mojava,en California.
10º.- Israel integra el exclusivo "club" de los países que participan en la investigación y el desarrollo espacial, y es uno de los ocho capaces de lanzar sus propios satélites con sus propios cohetes.
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Israel 1948-2008 |
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En medio de décadas de sangriento conflicto, el país de los idílicos ‘kibutz’, aquellas aldeas colectivas agrarias de orientación socialista, esenciales en los primeros años de vida del Estado judío, ha pasado a convertirse en una moderna economía de mercado con la exportación de alta tecnología entre sus principales motores de crecimiento.
En
estos 60 años, el producto interno bruto (PIB) de Israel se ha
multiplicado también por 60, lo que supone un promedio de crecimiento
del 7% anual.
Hay países que han crecido más en ese tiempo, pero
ninguno de ellos ha visto multiplicarse por 10 su población, hasta los
actuales 7,1 millones de habitantes que tiene Israel. Normalmente, los
países con un crecimiento demográfico acelerado se encuentran entre los
más pobres del mundo.
En Israel se ha juntado por un lado la
necesidad de construir un país en un territorio con muy escasos
recursos naturales y, por otro, un flujo constante de inmigrantes bien
preparados venidos de todo el mundo.
Esto ha dado lugar a una cultura de innovación que ha creado desde regadíos de bajo consumo, sistemas de desalinización del agua y explotaciones agrícolas de alto rendimiento, hasta instrumental médicos de alta tecnología o incluso software de éxito mundial.
Firewall o chats, inventos israelíes
Los programas informáticos israelíes, por ejemplo, funcionan hoy en día en prácticamente cualquier empresa del planeta. El firewall, un programa para la protección y la seguridad en redes
informáticas, los programas de mensajería instantánea o chat y la
telefonía vía Internet (VoIP) son algunas de las invenciones que han
convertido al país en uno de los líderes mundiales en desarrollo de
software.
Sus exportaciones en este terreno superan los 3.000
millones de dólares anuales, la décima parte del total nacional. Con
sus más de 300 empresas del sector informático, Israel tiene una
densidad sólo superada por el Sillicon Valley de California. Además,
después de Estados Unidos y Canadá es el tercer país del mundo, con más
empresas alistadas en el índice tecnológico Nasdaq de la Bolsa de Nueva
York, con un centenar de empresas cotizantes.
Entre las empresas
internacionales que han abierto un centro de investigación y desarrollo
en Israel se encuentran Microsoft, Intel, IBM, SAP, Cisco, Texas
Instruments y HP. Un tercio de las inversiones extranjeras en Israel va
dirigido al sector del software. Una de las claves del éxito es el alto
número de idiomas que hablan sus profesionales por su trasfondo
migratorio.
Seguridad y defensa
Debido
a la compleja situación de seguridad, en Israel se ha desarrollado
igualmente una industria armamentista y de defensa que goza de
prestigio a nivel mundial. El país es ya el décimo exportador mundial
de armamento y sus empresas llegan a competir incluso con las
estadounidenses en su mismo mercado local.
Actualmente, según datos
oficiales, trabajan en Israel 25.000 personas en 450 empresas de
armamento y soluciones de seguridad, unas 300 de
las cuales exportan
al extranjero. En el sector no militar, Israel exporta desde sistemas
de reconocimiento de voz y sensores de distancia, hasta sistemas de
video-localización
y de procesamiento táctico de imágenes. La infraestructura de seguridad
del Palacio de Buckingham, el Vaticano y la Torre Eiffel utilizan
tecnología israelí, al igual que aeropuertos como el JFK de Nueva York,
Hannover o Heathrow en Londres. En el terreno militar, empresas como
Rafael, Elbit o IAI ofrecen desde vehículos blindados y aviones y
lanchas no tripuladas, hasta componentes de navegación para aviones de
combate, satélites militares o sistemas de defensa antimisiles
balísticos. Actualmente, empresas israelíes están implicadas en
proyectos para la protección de fronteras, sobre todo en Estados
Unidos, Asia y América Latina.
Autor: VICENTE POVEDA (DPA)
Entre la Verdad Religiosa y la Fe Cientifica
Por. Rab. Yaacov Rosenberg
La experiencia diaria nos da la impresión de una separación muy marcada y profunda entre la sociedad observante de la religión y la cultura occidental moderna. Las discrepancias tienen su origen en los diferentes puntos de vista acerca de los valores universales y cuestiones existenciales, valores que se manifiestan en su aplicación práctica a la vida cotidiana.
Un caso particular e importante de esta discordia es la polémica, aparentemente inevitable, entre la ciencia y la religión. La ciencia y la tecnología, junto con la libertad de opinión y credo, son el símbolo y el orgullo de la sociedad occidental moderna. Los desarrollos tecnológicos, un producto directo del avance en la ciencia, transformaron por completo nuestra forma de vivir. Calificamos de anticuada, o primitiva, a toda idea o actitud que ignora o se opone a la verdad científica.
La religión, para muchos, se asocia a la restricción de pensamiento. La investigación y el cuestionamiento, herramientas fundamentales de la ciencia, se ven limitadas, y a veces condenadas por la fe religiosa. El caso de Galileo, que se vio obligado a abjurar ante la Inquisición, es un ejemplo extremo de esta estrechez.
Muchos ven en la religión la sublimación de los valores morales y una fuente de inspiración. Estos, por lo general, distinguen entre los valores universales difundidos por la religión y su interpretación o aplicación práctica. Esto, no obstante, es una adopción parcial de la religión, puesto que la religión de por sí no se limita a las ideas sino también a los actos derivados de ellas.
Debemos aclarar que existen muchas diferencias, ideológicas y prácticas, entre las numerosas religiones. No pretendemos, ni deseamos en este artículo, tratar de las religiones en general, sino del caso particular de la religión judía, la cual, como miembros del pueblo judío, merece nuestra máxima atención.
El Judaísmo y la Investigación
Es sumamente importante mencionar la relación tradicional y recíproca que hubo en todos los tiempos entre los eruditos judíos y la investigación de la naturaleza. Decenas de nombres judíos ilustran a través de los siglos el estudio profundo de los fenómenos naturales. Muchos consideraron este estudio como una “Mitzvá”, una obligación que tiene todo judío de comprender cuanto más la sabiduría del Creador.
Sabios que abarcaban todas las ciencias podemos encontrar en todas las épocas y en todos los lugares de la diáspora judía. Nombraremos aunque sea a algunos de los más destacados.
Ya el gran amoraíta (sabio judío) Shmuel de Babilonia (año 230) era famoso por su conocimiento en medicina y astronomía.
El gran sabio Ibn Sina de Bujara (980-1037) fue reconocido a la edad de 20 años en todo el mundo como el mayor letrado de su época. Su famosa obra “El Canon de la Medicina” sirvió como texto de estudio durante 600 años. Redactó 16 libros de medicina, 11 de astronomía y ciencias, 68 de teología y cuatro obras poéticas.
La diáspora judeo-española se destacó por su gran número de letrados en todas las ciencias, entre ellos, Shlomo Ibn Gvirol (1022-1058), conocido filósofo, astrónomo, científico y poeta; Avraham Ibn Ezra (1100), lingüista, matemático, astrólogo y poeta; Maimónides (1135-1204), el gran comentarista, filósofo, médico, matemático y astrónomo; Yehuda Ibn Matca (1245), filósofo y enciclopedista; Yosef Ibn Caspi de Provenza (1300) – filósofo y lingüista; Shmuel Ibn Vacar (1340), médico del rey de Castilla; Don Isac Abarbanel (1437-1508), comentarista, filósofo, médico y gran estadista, sirvió como tesorero de Alfonso V rey de Portugal, luego como consejero de los reyes católicos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla hasta la expulsión de España, y por último como consejero de los reyes de Nápoles; Tam Ibn Ijya (1470-1542), médico de Solimán El Magnífico de Turquía.
Después de la expulsión hispana, los eruditos judíos comienzan a destacarse en otros lugares del planeta, como por ejemplo, Yehonatan Aibshitz de Polonia (1690-1764), filósofo, astrónomo y científico; el Gaon de Vilna (Lituania, 1720-1797), gran genio de todas las épocas, experto en todas las ciencias; Ijya Aviach de Yemen (1873-1934), astrónomo y médico.
Hasta podemos encontrar ejemplos más contemporáneos. Tal es el caso del gran Rabino Avraham Isaías Karelitz (1878-1953), conocido por “Jazón Ish” (el título de su obra), quién, nacido en Lituania, se asentó en Israel en la ciudad de Benei Brak. El gran rabino Karelitz ejerció como dirigente y autoridad mundial de las congregaciones judías. Junto a su erudición rabínica era experto en astronomía, matemática, medicina y botánica.
¿Estado de Guerra?
La primer cuestión que debemos aclarar es si las doctrinas científicas y religiosas se oponen por esencia. En otras palabras, la persona que acepta la fe religiosa… ¿debe obligatoriamente renunciar a investigar ciertas áreas de la ciencia? ¿Debe el científico considerar la religión como a su proclamado enemigo?
Las verdades científicas y religiosas, no solo no se contradicen sino que además se complementan, pues ambas se ocupan de cuestiones diferentes. La ciencia es descriptiva. El científico analiza los factores que participan en cierto fenómeno y busca una fórmula, o ley, que lo describa.
Tomemos, por ejemplo, la ley de gravedad. Los científicos estudiaron la caída de los cuerpos (Galileo) y el movimiento de los planetas en sus órbitas (Kepler). Finalmente, Newton formuló la ley de gravitación universal, determinó los factores participantes (las masas y la distancia relativa) y estimó la magnitud de la constante universal de gravitación (G). Enrique Cavendish determinó por medición la magnitud de la constante G (1798) y el Instituto Nacional Americano de Standards (ANSI) definió en 1942 su valor actual.
La ciencia describe los fenómenos observados, sus causas y sus consecuencias, pero no el objetivo de dichos fenómenos. La ciencia puede llegar a conocer las consecuencias de los fenómenos. Es así que se pudieron lanzar satélites al espacio. La ciencia no pretende explicar el objeto de la gravedad, así como no se puede explicar en el laboratorio el objeto de la escritura jeroglífica.
La explicaciones ofrecidas, a menudo por los mismos científicos, no son de carácter científico sino filosófico. Los argumentos científicos-filosóficos son suposiciones y no se consideran ciencia, es decir, conocimiento.
La religión enseña acerca de la relación entre la naturaleza y el Creador. Cada fenómeno, cada ley, cada cosa y cada individuo tienen su objetivo en la creación. Si observamos, por ejemplo, un libro, distinguimos su forma, sus dimensiones, el sistema de imprenta, el tipo de caracteres, etc. Todo esto pertenece al análisis científico del libro. La idea transmitida por intermedio del libro, es decir, su objetivo, no pertenece a la ciencia. Las ideas son el producto, o creación, de una inteligencia y como tales pueden ser comprendidas y analizadas únicamente por otra inteligencia semejante.
Las ideas, los valores morales, el arte y el sentido de la estética trascienden los límites del mundo material y, por consiguiente, de la ciencia.
Para concluir este punto, citaremos a algunos científicos famosos.
El Prof. Efraim Katzir en su libro “En Medio de la Revolución Científica”, explica que la ciencia no está en posición de calificar cuestiones morales: “Desde la perspectiva de la ciencia, los problemas morales más simples no tienen significado”. Hay todo un mundo de valores, pero “la verdad científica es técnica y está desprovista de valores”. El individuo que acepta sólo lo “científico” pierde el sentido de su propia existencia: “si no se conoce la esencia de la bondad y la misericordia, la rectitud, la decencia…se ignora el significado de la vida”.
También Albert Einstein escribió sobre la relación y dependencia recíproca entre la religión y la ciencia. La religión “es aquella que fija la meta” pues es la fuente de “la aspiración hacia la verdad y la comprensión”. La ciencia, por su parte, determina “qué recursos contribuirán al logro de las metas”. La búsqueda de la verdad es el valor moral que guía al “verdadero científico” en su investigación.
A Einstein la vida “parecería totalmente vacía sin la persecución del objetivo”. Es éste el objetivo metafísico “que es inalcanzable en la investigación científica”, decía el gran científico judío.
Hay quienes creen que la ciencia puede explicarlo todo. Lo que no se entiende hoy, algún día la ciencia lo explicará. En este sentido, el notable físico Max Planck aclara el error: “Las realidades concebibles de la naturaleza no pueden ser completamente descubiertas por ninguna rama de la ciencia”. Es un proceso, por definición, interminable: “vemos en todos los adelantos científicos modernos que la solución de un problema sólo quita el velo al misterio de otro”. La investigación científica nos proporciona los detalles de los fenómenos, más la comprensión de estos “es esencialmente metafísica”.
El Enfrentamiento sin Frente
De acuerdo con lo dicho anteriormente, no debería haber discusión alguna entre la ciencia y la religión. A pesar de eso, hay varios desacuerdos famosos entre la religión y la ciencia.
Intentemos de resumir las mayores áreas de disidencia: la edad del mundo (geología); la evolución de las especies (biología y bioquímica); el origen del universo (cosmogonía); la crítica de la Biblia (lingüística) y la historia hebrea (historia y arqueología).
Es fácil deducir que todas las discrepancias entre la ciencia y la religión están limitadas a las ramas de la ciencia que estudian el pasado. Son estudios de una naturaleza histórica y como tales, no pertenecen a las ciencias exactas. Este punto vale una aclaración. Un detective puede hacer uso de las técnicas más avanzadas y de los mejores laboratorios para investigar cierto caso. A pesar de esto, sus conclusiones acerca del desencadenamiento de los hechos son el producto de un esfuerzo intelectual, de la experiencia o, simplemente, de la intuición.
No hay un sólo ejemplo de discordia entre la religión y la ciencia acerca de leyes naturales o de hechos observables empíricamente. Casos como los de Copérnico y Galileo, que fueron perseguidos por la Iglesia, no existieron, ni existen actualmente, en la religión judía.
Todas las disidencias mencionadas anteriormente tienen otra cualidad en común: son todas teorías científicas no comprobadas. En este artículo tendremos que limitarnos a algunos ejemplos para justificar lo dicho anteriormente. Un estudio exhaustivo del tema requeriría todo un libro.
La Edad del Mundo
Cuando se trata de la edad de mundo, la idea común es que los científicos determinaron por intermedio de mediciones la edad de restos antiguos, ya sea fósiles o capas geológicas. Pero la realidad es muy diferente.
Un buen ejemplo es el uso del isótopo radiactivo del carbono, el C14, para determinar la edad de los fósiles. El límite superior de medición con este elemento es de 40.000 años, que equivale a siete veces la “media vida” del elemento (valor físico de los elementos radiactivos que determina el tiempo necesario para la transmutación de la mitad de una masa dada). Con todo, la medición de miles de hallazgos con C14 no muestran señal de vida más allá de los 7.000 años. (Whitelaw, Libby y Holmes en varias publicaciones).
Considerando los errores por extrapolación incluidos en los cálculos, estas cifras están de acuerdo con la fe judía, pero no lo están con la teoría de la evolución. A este respecto escribe el profesor Baro: “Cuando la cronometría del carbono 14 apoya las teorías la escribimos dentro del texto, cuando las contradicen la anotamos al pie del artículo, y cuando es totalmente diferente, la omitimos.”
Si las mediciones directas no dan los resultados “correctos”, ¿en qué se basa la suposición de que los dinosaurios vivieron hace 135 millones de años? Pues, en este caso, al no haber medición directa, se usa un método de deducción indirecto: la edad de los restos fósiles corresponde a la edad del estrato geológico en el cual fueron hallados.
Aquí cabe, por supuesto, la pregunta: ¿en qué se basa la cronometría de las capas geológicas? Hay muchos datos sorprendentes respecto a los métodos utilizados por la estratigrafía, uno de los cuales es el llamado “razonamiento circular”: la edad relativa de los estratos se deriva de los restos fósiles hallados en dicha capa, de los cuales conocemos su edad por los estratos en donde fueron encontrados…
Para empeorar más la situación, la idea de que los restos fósiles apoyaban la teoría de la evolución sufrió una gran sacudida. Junto a las dificultades de cronometría mencionadas anteriormente, se sumó la dificultad de que no se han encontrado formas intermedias (como entre los anfibios y los mamíferos o entre el mono y el hombre, el eslabón perdido). Cálculos estadísticos demuestran que probablemente dichas formas jamás existieron.
En el congreso de paleontólogos que se llevó a cabo en Chicago en el año 1980 se admitió oficialmente la dificultad que ofrecen los fósiles a la teoría de la evolución. El Prof. Gould, de la universidad de Harvard, llamó a esto “el secreto profesional de los paleontólogos”.
La Evolución
La teoría de la evolución, que se nos presenta tan clara y pulida en los libros de estudio y en las enciclopedias, es en efecto una idea sumamente cuestionada y problemática en las obras originales de los investigadores.
Presentaremos aquí una selección de citas notables para darnos una idea de cuán “científica” es la teoría.
El destacado genetista August Weisman admite que la selección natural no es un fenómeno observable empíricamente: “Nunca podremos determinar, por medio de la observación, la investigación o el experimento, el proceso de la creación de una nueva especie por la selección natural en la lucha por la existencia”.
Por su parte, el evolucionista Michael Denton afirma de que la suposición de un caldo orgánico prebiótico carece de todo apoyo geológico: “se adviene como una sacudida el darse cuenta de que no hay absolutamente una (sola) evidencia positiva de su existencia”.
D. E. Hull publicó en la prestigiosa revista científica Nature un artículo donde explica que la idea de compuestos complejos formados espontáneamente en base a elementos más simples (idea fundamental de la evolución) está negada por las leyes de la termodinámica, la física atómica y la mecánica cuántica. Su conclusión es muy pesimista: “La conclusión de estos argumentos presenta el más serio obstáculo, si no fatal, a la teoría de la generación espontánea”.
H. S. Lipson , hablando de la aparición espontánea de la vida a partir de materia orgánica abiótica, llega a la misma conclusión: “La generación espontánea de células contradice la segunda ley de la termodinámica”.
Simpson y Bech explican el razonamiento que fundamentan las leyes de la termodinámica: “Una aportación incontrolada de energía no es suficiente para producir un sistema ordenado. Para ello hacen falta un sistema de información y una capacidad que sepa cómo utilizar esa energía.”
Una torta de cumpleaños, un objeto infinitamente más simple que una célula, no se hace “por accidente”. Debe haber una conciencia que controla y ordena el proceso de preparación de la torta.
En una revista científica de I.B.M. se analiza la transición de vida acuática a terrestre. Esto “implicó una transformación extrema y dramática en las características de sus huevos”. A continuación se enumeran varias diferencias esenciales entre los huevos terrestres y los acuáticos: la cáscara, la prominencia endurecida para romper la cáscara, el almacenamiento del alimento para el embrión y una bolsa para acumular los residuos del metabolismo. El autor llega fácilmente a la conclusión de que hubo un proceso controlado: “Estas transformaciones no pudieron haber sido útiles si no hubiesen estado coordinadas y sincronizadas”. Pero he aquí la contradicción: la coordinación implica un objetivo y un plan, “idea totalmente rechazada por la evolución” que supone mutaciones “accidentales”.
G. Wald, Premio Nobel en fisiología en el año 1967, resume un artículo en Scientific American donde detalla numerosas cuestiones sobre la teoría de la evolución, con palabras de admiración: “solamente hay que contemplar la magnitud de esta obra para admitir que la generación espontánea de un organismo viviente es imposible”. Su respuesta resulta muy sor– ¡la necesidad (?) nos obliga a creer que lo imposible pudo ocurrir!
Muchos cálculos de probabilidades demostraron que la evolución no tiene probabilidad práctica. Un ejemplo nos da el famoso científico Fred Hoyle: “La probabilidad de que se generasen 2.000 de las enzimas conocidas que actúan en la célula a partir de cadenas nucleotídicas accidentales es de 10-40.000”. Es decir, incluso para un pequeño “paso” de la evolución, la probabilidad es prácticamente nula. (Hay una ley del matemático Emil Borel que determina que un fenómeno con probabilidad menor que 10-50 no existe).
El renombrado filósofo de la ciencia, Karl Popper, enumera las exigencias fundamentales de una teoría científica. Una de ellas determina que la teoría debe permitir su comprobación o refutación. Su opinión sobre la teoría de la evolución es categórica: “El darvinismo no es una teoría científica sino metafísica. Puesto que la teoría de la evolución no puede hacer predicciones, y por lo tanto no puede comprobarse si es falsa, no es por consiguiente una teoría científica.”
Reflexiones
El lector se preguntará, con razón, si todo esto es posible. Da la impresión de que estaríamos culpando al conjunto de científicos de una conspiración general, de intentar engañar a todo el mundo. Que quede claro: la ciencia y los científicos, se merecen su adecuado respeto. Aquí estamos presenciando otro tipo de fenómeno social. Para comprenderlo, presentaremos dos citas más.
Michael Denton explica que la aceptación de la evolución como una verdad científica, fue un proceso gradual y espontáneo: “gradualmente los conceptos darwinianos permearon todo aspecto del pensamiento biológico”. El uso constante de los conceptos darwinianos está desligado de su origen metafísico – “actualmente todo fenómeno biológico es interpretado en términos darwinianos”.
Aldous Huxley, en su libro “Confesión de un Ateísta Declarado”, ve en la aceptación de la evolución una debilidad muy humana: “Tuve motivos para desear que el mundo no tuviese sentido; consecuentemente, supuse que no lo tenía y no tuve dificultad alguna en encontrar razones satisfactorias para esta suposición…”. La ciencia no es la causa de nuestra imagen de la existencia, sino exactamente lo opuesto; las teorías científicas pueden estar hechas a la medida de nuestros deseos. “La filosofía de falta de sentido fue esencialmente un instrumento de liberación”. Son éstos los mismos mecanismos de autodefensa conocidos por la psicología, que nos hacen justificar nuestras propias ideas.
Con esto volvemos a nuestro tema: la religión. La religión nos enseña que el motivo real para rechazar la fe en Dios no se debe a “pruebas” o “dudas”. Éstas sirven sólo de pretexto, o manifestación de algo mucho más profundo: la sensación de que la religión y la moral lo limitan.
La Religión y el Adelanto Científico
En diferentes oportunidades, nos enteramos de fuertes discordias que surgen entre grupos religiosos y grupos científicos.
La idea que captamos es que los religiosos, con sus creencias anticuadas, impiden el avance científico.
Las discrepancias entre grupos con culturas y valores diferentes son un hecho inevitable. Todo grupo lucha por aquello que considera estar en lo más alto de su escala de valores.
El engaño está en intentar presentar un desacuerdo entre dos puntos de vista como una lucha por la libertad de la ciencia. Tomando como ejemplo extremo y abominable, el médico nazi Josef Mengele solía hacer experimentos médicos con prisioneros judíos. Estos “experimentos” incluían el estudio del efecto de diferentes venenos y tóxicos sobre el cuerpo humano, o la capacidad de resistencia del cuerpo a operaciones sin anestesia.
Por más diabólico que sea este ejemplo, no podemos dejar de aprender la gran moraleja: los valores morales deben limitar, y a veces detener, el avance científico.
No se puede, en nombre de la ciencia, derribar las barreras.
La definición del momento de la muerte o la preservación de cementerios son cuestiones puramente morales. La medicina no tiene claro aún el momento de la muerte y es por eso que en diferentes países, o incluso en distintos hospitales, actúan de manera diferente.
Si no desviaran el tema a una lucha contra los religiosos, es muy probable que otras personas, no identificadas con la religión, defendiesen los mismos valores morales.
¡Cuán numerosas son Tus obras, todas con Sabiduría las Has hecho!
Salmos CIV, 24
Los criptodrinos
Gustavo D. Perednik
Curiosa demanda la de los pacifistas pro-Saddam,
que de entre todas las guerras, hay una que sí aprueban:
la que por casi un siglo intenta destruir al judío de entre los países
Vedlos
de a cientos de miles, manifestando por doquier «por la paz». Desde
Tokio a Sudamérica, desde Noruega al Cabo de Esperanza, pareciera que
los une una vocación de armonía universal. Son valientes: no temen al
peligro de que armas biológicas lleguen a las garras de autócratas y
terroristas –ni siquiera mencionan esa posibilidad.
Para ellos,
no hay riesgo de que organizaciones enloquecidas fabriquen bombas
atómicas; éstas no son sus rivales. Su enemigo es «la guerra», que,
según arguyen, debe siempre ser el último recurso. Son el eco de los
viejos políticos franceses de hoy, quienes ya en 1938 esgrimían iguales
argumentos. Quienes proveyeron a Saddam de un reactor nuclear que fue
demolido a tiempo (1981) por la Fuerza Aérea israelí, bajo la unánime
condena internacional. A los viejos europeos no los inquieta el arsenal
químico, quizá porque intuyen cuál es el pueblo preferido para tener
que absorber esa embestida.
Lo curioso de esta gente es que
rechaza toda guerra –salvo una. Hay por lo menos una guerra que
perdonan, justifican, aceptan, aplauden. Una guerra que para estos
humanistas selectivos no debe ser postergada, ni evitada, ni
disminuida: la guerra contra Israel, la que desde hace casi un siglo se
empecina en destruir al judío de entre los países.
Esa contienda
sí está bien, nos explican, porque es «contra la ocupación». Las otras
guerras, las del mundo civilizado defendiéndose ante la barbarie, esas
son aventuras de vaqueros, histerias imperiales, ambiciones petroleras.
Pero
contra Israel, entiéndase, ahí no hay más remedio sino poner bombas en
restaurantes y fiestas infantiles. Porque ya se han agotado todos los
demás recursos y el judío continúa tercamente resistiéndose a
suicidarse. Vedlos, enarbolando sus pancartas ¿pacifistas?
Como
es difícil clasificarlos, he echado mano al neologismo criptodrinos.
Son simples siglas de: catolicones reaccionarios, izquierda póstuma,
trogloditas osamistas, derecha recalcitrante, islamistas, neonazis, y
otras sectas (panarabistas, nacionalistas, trotskystas, stalinistas,
preconciliares, &c.). Todos unidos una vez más, todos agitando el
monosílabo «paz» bajo las banderas de Arafat y Hez