Por: Michael Telias
Es tiempo de acumular matracas y llevarlas a la sinagoga. Es tiempo de
escuchar la meguilá y de aturdir a todos los presentes en la sala cada
vez que se escucha el nombre de Hamán. De noche, hay que aprontarse para alguna
buena fiesta, disfrazados de Spiderman, Gregorio Samsa, o algún otro insecto. Y
sobre todo, hay que hacer espacio en el estómago para mucho, muchísimo vino
tinto. Pero, ¿qué tiene de judío todo esto? ¿Es esta festividad, esta
celebración de vino y máscaras, lo que se nos relata en la Meguilat
Esther? En este mes de marzo celebramos la festividad de Purim. Como en tantas
otras festividades, debemos distinguir entre las costumbres de la celebración y
la historia bíblica (o postbíblica) que dio lugar a la tradición. Debemos
aclarar varios factores que son parte de esta dicotomía. La tradición de Purim
es la del carnaval. La palabra carnaval proviene del vocablo latino carne, y su
origen es cristiano. Durante la festividad de la Pascua cristiana, está
prohibido comer carne, en recordación del sacrificio de Jesús. Esta tradición ha
cambiado mucho durante los siglos, y ha adoptado varias formas, dependiendo de
la corriente de cada iglesia y de los cultos aceptados. Sin embargo, originariamente (es decir durante la Edad Media), según la
Iglesia Católica, estaba prohibido comer carne los cuarenta días previos al
viernes santo (en otras versiones se trata de cuatro semanas, es decir,
veintiocho días). Por lo tanto, cuarenta días antes, se llevaba a cabo una
celebración en la cual los cristianos comían carne por última vez, hasta pasadas
las pascuas. Esta celebración, llamada carnaval, cambió mucho durante los siglos, y se
desarrolló en una celebración generalizada, incluyendo el elemento de las
máscaras, la lujuria de las noches de carnaval (ya que fue adoptado como la
fiesta de “los placeres de la carne&rdquo La celebración de Purim, durante el mes de Adar, coincide con el margen del
calendario del carnaval, siempre y cuando no se trate de un año hebreo bisiesto.
La diferencia de días entre carnaval y Semana Santa coincide varias veces a lo
largo de los años con la diferencia entre Purim y Pesaj. Esto, claro está, no es
coincidencia. El hecho de que durante Purim es costumbre disfrazarse y
emborracharse, como en el carnaval, tampoco es coincidencia. La pregunta es si
esto fue deliberado o por meros motivos de auto-defensa. Imaginémonos por un
momento a un grupo de judíos, durante la Edad Media, tratando de festejar Purim
a la sombra de la institución de la Santa Inquisición. Es más fácil festejar el
carnaval cuando todos los cristianos lo hacen y, utilizando los disfraces y el
vino como escenografía, llenar la festividad de contenidos judíos nacionales y
nacionalistas (véase más adelante). Otra posibilidad que cabe es la adopción de una festividad cristiana y su
transformación en una festividad judía, con el objetivo de evitar la
asimilación. Tratemos de imaginarnos a jóvenes judíos que se sienten tentados
por esta festividad de lujuria y liberación que el mundo gentil ofrece, y a sus
mayores buscando la forma de evitar esta amenaza de asimilación. Lo cierto es que en Meguilat Esther, el libro de Esther, no se
menciona en ningún momento absolutamente nada que tenga que ver con
emborracharse, o con disfrazarse, ni siquiera con algún tipo de festividad.
Todas las costumbres y tradiciones de Purim fueron fijadas por los sabios
talmudistas, varios siglos después de la canonización del Tanaj, y del marco
histórico en el cual se desarrolló el relato de Esther y Mordejai. Ahora bien, no nos equivoquemos entre las raíces históricas y
antropológicas de la festividad de Purim, ese “carnaval judío”, con la raíz
histórica del cuento relatado en el libro de Esther, Meguilat Esther. Es
éste un libro que fue escrito, tal vez durante la época persa, tal vez durante
la época griega, y que trata sobre la época persa y la vida de los judíos bajo
su dominio. El Imperio Persa fue uno de los más grandes de la historia. Los persas,
originales de la zona que hoy es Irán, se expandieron hacia Occidente
conquistando al enorme Imperio Babilónico, y así dominando todos los territorios
que otrora fueran conquistados por Nabucodonosor, entre ellos, la Tierra de
Israel y la ciudad de Jerusalem. Pero no se detuvieron allí. Siguieron avanzando
por Asia Menor hasta casi adentrarse hondo en territorio europeo. El único ejército que pudo detenerlos fue el ejército griego, que tras
derrotar a los persas, avanzó hacia Oriente, bajo el comando de Alejandro Magno.
Éstas son las famosas batallas entre persas y griegos, como Thermopolis o
Marathon. Verdaderamente, el Imperio Persa supo ser uno de los más vastos reinos del
mundo. Para la mayor parte de los pueblos asiáticos, casi completamente
ignorantes de las civilizaciones de Occidente, los persas dominaban todo el
mundo conocido, desde Jerusalem y las costas del Líbano, pasando por el Golfo
Pérsico, hasta el límite con la India. Estos parámetros, conocidos por todos los
historiadores, y muchos datos más sobre la vida y obra de los antiguos persas,
nos permiten comparar el texto bíblico con la verdad histórica y tratar de
encontrar puntos de contacto. A primera vista, parece casi imposible imaginar
que una muchacha judía pudiera llegar a ser una de las esposas del Rey.
Recordemos que eran cientos los pueblos dominados por los persas. Por otro lado,
tal como está relatado en Meguilat Esther, el Rey tenía el privilegio de
tener muchas esposas, cuantas quisiera, y muchas más concubinas. Según esto,
entonces, existe alguna posibilidad, aunque sea meramente matemática, de que en
algún momento una muchacha proveniente de alguna de la comunidades judías bajo
dominio persa, llegara al palacio del Rey a ser examinada como posible futura
reina. Dadas las características sociales de Esther, estas posibilidades
aumentan. Más allá de la discusión, sobre la existencia o no de una verdadera
persona llamada Esther y un tal Mordejai, lo importante y resaltable de la
Meguilat Esther es el estilo literario y el mensaje del libro. Sobre el
estilo podremos solamente decir que la obra antigua más parecida puede ser El
Satiricón del escritor romano Petronio. Es decir, es una obra completamente
sarcástica, aunque debe aclararse que se trata de un sarcasmo mucho más
disimulado y fino. Además, resulta claro que la historia de Esther fue escrita o por lo menos
relatada por una o varias mujeres. El relato es completamete feminista (tan
feminista como puede serlo un texto bíblico). Es, en realidad, doblemente
feminista, ya que por un lado tiene a las mujeres como las que dominan la
situación y son las que marcan el ritmo del argumento, y por otro lado los
hombres son presentados como torpes, injustos y desorientados. El rey Asuero organiza un tremendo festín que dura ciento ochenta días, una
tremenda exageración. Ahora bien, recordemos que los historiadores saben que
estos festines estaban acompañados de cantidades industriales de vino, con
ocasionales recreos para organizar una orgía. Fíjense que entonces, según el
texto, si esto es correcto, quiere decir que el emperador más grande del mundo
conocido, pasa medio año completamente borracho. Para completar la imagen, el rey da un mini-festín de siete días para
conmemorar la finalización del gran festín. Durante estos últimos siete días, el
festín es para todos, inclusive para los pobres y humildes y el vino corre por
las calles de Shushán como el agua (Est. I, 1-8). Es una mujer, Vashti, la que
crea la primera divergencia en el argumento de la historia, cuando se niega a
desnudarse en público, a pesar de ser ésta la orden expresa del rey. El texto
reconoce además que Asuero estaba completamente borracho en el momento de dar la
orden a Vashti. Es decir, el hombre, representado aquí por Asuero, está
borracho, no es capaz de tomar decisiones normales, mientras que la mujer cuida
de la sobriedad y el sentido común. Cuando Vashti se niega, Asuero debe consultar a sus asesores, porque no
conoce la ley (quede claro que "la Ley" en aquellos tiempos era el propio rey,
él era el que la fijaba y el que la hacía cumplir). Cuando Asuero reclama la
presencia de Vashti, ella está dando un festín aparte, sólo para mujeres (Est.
I, 9-15). Asuero entonces despoja a Vashti de su corona y solamente cuando se le
pasa la borrachera, entiende lo que hizo y comprende que ahora debe salir en
busca de una nueva esposa. Más adelante, cuando Hamán logra obtener el sello real para firmar el edicto
de exterminio de los judíos, se nos cuenta que este visir logra convencer al rey
muy fácilmente, sin que éste ofrezca ningún tipo de "resistencia intelectual"
frente a sus peticiones. Para colmo, Hamán concreta la transacción de poder con
una buena borrachera para el rey (Est. III, 8-15). Esther, para convencer al rey
de la catástrofe que se acerca, lo invita a un banquete, que seguramente como
era la costumbre de la época, y para no ser menos, incluía bastante vino (Est.
V, 1-9; VII, 1). Es decir, Asuero es un hombre y como todos los hombres tiene
dos debilidades, el sexo y la comida. Esther utiliza su belleza física para abrirse camino. Más allá de esto,
después de ser advertida por Mordejai de los planes de Hamán, es ella la que
organiza todo el plan desde la a a la zeta, incluyendo órdenes que le da a
Mordejai directamente (Est. IV, 15-17). A fin de cuentas, está claro que los
hombres son presentados, sobre todo en la figura de Asuero (que es nada más y
nada menos que el emperador más poderoso del mundo), como débiles mentales,
fáciles de manipular y fáciles de complacer. La verdad... algo de razón tiene...
Como ya hemos visto, el estilo literario del libro de Esther es
increíblemente original y difícil de comprender en el contexto tanájico. El
mensaje, más allá del estilo, es aún más interesante. El verdadero nombre de
Esther es Hadasa. Su tío, Mordejai, le cambia el nombre a Esther, que proviene
del acadio Ishtar, la misma raíz de la palabra "estrella" en español, "star" en
inglés, "astro" en latín. Ishtar es la diosa de los cielos en la mitología
sumeria, que fue adoptada por los persas. El nombre Mordejai nos recuerda el nombre Marduk, dios de la mitología
sumeria e inclusive presente en mitologías más occidentales del Medio Oriente,
como la asiria y la canaanea. Como si esto fuera poco, se nos indica muy
específicamente que Mordejai es el descendiente directo de Kish, de la tribu de
Benjamin, cuarta generación de exiliados en Babilonia. Es decir, que después de
cuatro generaciones los nombres indican ya una total asimilación. A esto sumémosle el hecho de que en ninguna parte de Meguilat Esther
aparece Dios como personaje, ni siquiera como símbolo. Hamán el malvado no
quiere matar a la tradición judía, o la religión judía, quiere exterminar al
pueblo judío, a la nación hebrea. Estos dos judíos completamente seculares y al
borde de la asimilación, salen en defensa de la nación judía y evitan su
exterminio. ¡Qué tremendo mensaje es éste! Un mensaje completamente
nacionalista, falto de todo tipo de religiosidad, que demuestra año tras año que
la idea nacional judía es independiente de la idea religiosa judía. Hay quienes ven esto de forma diferente, por supuesto. El elemento que
despierta la rivalidad entre Hamán y Mordejai es la negativa del segundo a
arrodillarse frente al primero, un elemento muy judío. Claro que por otro lado,
aquellos que sostienen este argumento son los mismos que subrayan el hecho de
que Hamán pertenece a Amalek, pero obvian el detalle de que, según el Tanaj, el
odio de Amalaek no necesita ningún tipo de excusas. Además, la negativa de
Mordejai a arrodillarse no provoca ningún problema hasta que después de un buen
tiempo Hamán se entera de que es judío (Est. III, 1-5). El segundo argumento es que en señal de duelo la reina Esther ayuna, y esto
esta considerado como un símbolo de luto en el judaísmo. Aquí entramos en la
discusión sobre el huevo y la gallina. Es más que obvio que la costumbre del
ayuno como luto tiene un origen social, que tiene que ver con cierta tradición
conservada en la mayor parte de los pueblos de Medio Oriente. Muchos siglos
después, con la invención de la Halajá, se concreta el status religioso
del ayuno. Por lo tanto, podemos conlcuír finalmente, que el libro de Esther fue
escrito por gente de avanzada en todo sentido. El o los escritores de Meguilat
Esther eran seculares, nacionalistas y feministas, o por lo menos estaban en
favor de la mejora de la posición de la mujer en la sociedad. Y entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con el carnaval?. Absolutamente
nada. Al final de la Meguilá vemos la ordenanza de cumplir con la
festividad de Purim (Est. IX, 17-23), que incluye dar regalos a los pobres y
alegrarse. No hay nada sobre máscaras, vino o matracas. Y aún así, la fiesta de
Purim es tal vez la más disfrutable de todas las festividades del calendario
hebreo. Jag Sameaj! LA FESTIVIDAD DE PURIM
, y otros tantos elementos. Luego, el
carnaval fue casi completamente desconectado de la Semana Santa, y se instituyó
como una festvidad cristiana aparte, con sus propios motivos y sus propias
costumbres. Nótese que generalmente el carnaval, en todo el mundo occidental, se
lleva a cabo aproximadamente unos cuarenta días antes de la Semana Santa. ESTHER: ¿VERDAD HISTÓRICA O MITO?
EL VERDADERO MENSAJE - I
EL VERDADERO MENSAJE - II