martes, 01 de enero de 2008
¿Tercera Guerra Mundial?, el escenario es el Medio Oriente
Por: Hernan Aisenberg
La situación en Medio Oriente es cada vez más tensa y sigue creciendo en importancia para el resto del mundo. A partir de los dichos del presidente estadounidense sobre la posibilidad de que estalle la “Tercera Guerra Mundial” si Irán no detiene su programa nuclear, surgieron varios interrogantes: ¿cuánto hay de cierto en esta frase?, ¿y cuánto de demagogia?, ¿por qué Medio Oriente pasa a ser el “epicentro” de un supuesto conflicto mundial? Luego de cuatro años de ocupación norteamericana en Irak y Afganistán, muchos de los errores empiezan a salir a la luz e incorporan -cada día- a nuevos actores, que van haciendo de este conflicto una realidad mucho más compleja.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, le dijo a la BBC de Londres que si abandonaban Afganistán en estos momentos, el país se convertiría en un Estado fracasado y un campamento de entrenamiento para terroristas.
Por otra parte, en Irak todavía no se han podido reducir los niveles de violencia entre las distintas facciones. Estados Unidos, en su ataque al imperio de Hussein en 2003, desmanteló el poder sunnita autoritario, con la excusa que la mayoría chiíta pudiera gobernar “democráticamente”, pero no solamente fracasó en su imposición de la “buena democracia”, sino que alimentó a todas las etnias a luchar por su independencia.
La jugada norteamericana sólo benefició a Irán, que -gobernado por chiítas desde la Revolución Islámica de 1979- también intenta exportar su revolución a sus vecinos y utiliza su poder, economía y armamento para ayudar al sector chiíta en Irak, y así tener un país aliado y poderoso en la zona.
También los kurdos, que siguen soñando con la independencia de Kurdistán, aprovecharon esta “anarquía” en Irak para recobrar sus fuerzas y, a través del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) -integrante de la lista de agrupaciones terroristas, según la visión de la Unión Europea y Estados Unidos-, también luchan por obtener el poder vacante. Esto es realmente preocupante para Turquía -que lleva combatiendo al PKK desde 1984, en un conflicto que se cobró la vida de aproximadamente 40.000 personas-, ya que sospechan que si los kurdos legitiman su autonomía en el norte iraquí, fundando un Estado, ya no habrá tiempo para defender su frontera frente a este grupo. Por eso, Recep Tayyin Erdogan, el primer ministro turco, ya anunció que sólo Turquía decidirá sobre una eventual incursión militar sobre las bases de las guerrillas del PKK y le pidió a Estados Unidos que lo acompañe como “aliado estratégico”.
Pero en Washington parecen tener otras prioridades. El poderío iraní y su amenaza nuclear se convirtieron en su principal objetivo. Es por eso que la estrategia de ocupación en Irak y Afganistán ha cambiado en ambos países, y en lugar de empezar con la progresiva retirada sólo acomoda las tropas en dirección a Irán y, en conjunto con los aliados que ya tiene en la zona, logra mantener a raya el poderío persa.
También el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le exigió al presidente iraní, Mahmmoud Ahmadinejad, que desmantelara el programa nuclear, aunque no tardaron en llegar las denuncias de que Rusia y China -miembros del Consejo- les estaban dando vía libre a los planes iraníes, recreando de las cenizas el pasado conflicto de la Guerra Fría.
El regreso del gran oso ruso
De a poco, Rusia se involucra en el conflicto. Putin viajó a Teherán y declaró que el proyecto nuclear iraní es con fines pacíficos, logrando -así- la reacción en Washington, que no se hizo esperar. Al otro día de las declaraciones del mandatario ruso desde la capital iraní, Bush insistió en que Irán debía acabar con su plan nuclear y que si ello no ocurre, no descarta la posibilidad de una “Tercera Guerra Mundial”.
Si bien para muchos estas declaraciones son apenas una “advertencia para la gente”, el mundo parece acomodarse nuevamente en el camino de la bipolaridad.
Con Rusia recobrando poder y China creciendo económica y políticamente a pasos agigantados, parece renacer un segundo bloque que quiere emerger, y Medio Oriente parecería ser la “moneda de cambio”.
El último conflicto armado, en julio de 2006, entre Israel y Hezbolla no es ajeno a este gran problema, ya que si tomamos en cuenta que Irán y Siria apoyaron al grupo terrorista libanés con armamento y dinero, ellos fueron los grandes ganadores de una guerra de la cual participaron apenas indirectamente, en la que no tuvieron grandes pérdidas humanas ni destrucciones de sus tierras y que -además- obtuvieron una enorme victoria en el terreno mediático, al aportar en la reconstrucción del Líbano.
Irán aprovechó esta contienda bélica no solamente para intentar legitimarse como potencia hegemónica en la región, sino también para que el mundo ponga atención en dicha guerra, desatendiendo -así- sus planes nucleares, que seguían avanzando.
Conclusión
Bajo estas circunstancias, no queda más que insistir en que el mundo parece dividirse en dos, que los viejos rencores entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética siguen vigentes y que Medio Oriente sólo es la nueva excusa para enfrentar a las verdaderas potencias mundiales, que quieren volver a dividirse el globo.
Es por eso que el conflicto histórico en Medio Oriente se les ha escurrido de las manos a los protagonistas, que hoy no son más que simples “puntas de lanza” para una contienda ideológica mucho mayor, que no dejará ganancias para la zona, sino todo lo contrario.
Por lo tanto, el acercamiento de Irán y Siria a Rusia y China, así como el de Israel, Arabia Saudita y Egipto -entre otros- a Estados Unidos, solamente remarcan la dependencia que tienen estos países frente a las potencias mundiales, que buscan su propio rédito y sus ventajas, poniendo el “epicentro” en Medio Oriente y aprovechando dicha situación conflictiva para enfrentarse una vez más.
Todo esto nos llevaría a pensar que la opción de una Tercera Guerra Mundial -por ahora- parece una “simple amenaza”, pero nadie podría afirmar que no vaya a ocurrir en un futuro cercano. Si analizamos la decisión iraní de lograr sus objetivos nucleares, junto a la desesperación de Estados Unidos para que no lo logre y la inminente intromisión de Rusia, no nos queda más que pensar que esa guerra no sólo se hará realidad, sino que será la más grave de la historia, y lo más preocupante es que el escenario ya está marcado: Medio Oriente.