martes, 01 de enero de 2008

Publicado por fpaya @ 16:38


¿Europa abre los ojos?

Por: Eli Cohen

Desde la creación de la Unión Europea -anteriormente Comunidad Económica Europea- la batuta en las decisiones internacionalmente relevantes en el seno de dicho organismo, sin contar a Gran Bretaña, siempre la han llevado el eje Franco-Alemán. Los países que se fueron adhiriendo -antiguas dictaduras militares como Portugal, España o Grecia y antiguas dictaduras prosoviéticas como la RDA- no perturbaron ese liderazgo que ejercían de facto los dos gigantes europeos. Sin embargo, dos motivos hicieron que este liderazgo –sin contar a Gran Bretaña, de nuevo, no lo olvidemos- se tambaleara y desembocara en una pluralidad de opiniones respecto a decisiones internacionales de calibre: la guerra de Irak y la ampliación en 2005 a 25 Estados miembros, incluyendo a muchos de los que estaban al otro lado del “Telón de Acero”.

En el primer caso, las grietas en la unidad europea continental fueron más que evidentes situando a Francia y a Alemania, junto a Bélgica, Luxemburgo y otros miembros, en contra de la opción de apoyar a EEUU por la que se decantaron Gran Bretaña, España, Italia, Dinamarca, Portugal y los nuevos países que se estaban incorporando a la UE. En el segundo caso, la mayoría de las antiguos regímenes comunistas, como Polonia o República Checa, amén de ser miembros de pleno derecho de la UE, en política internacional y relaciones internacionales, miran a Washington antes que a Bruselas. Si a estos dos agravantes de la pluralidad de opiniones en el seno de Europa respecto a temas internacionales de importancia, le sumamos que, el liderazgo en Francia y Alemania ha cambiado hacia una posición atlantista, concluimos, en suma, que en las decisiones internacionales de gran importancia, la UE pende, siempre, de la decisión que tome EEUU. Es un hecho incontestable. Ya sea por afinidades o contraposiciones ideológicas –que son las más comunes causas- la UE se creo, en su objetivo implícito, para competir con los EEUU. Intentar superar a un oponente, inevitablemente hace que se dependa de cada paso que dé.


Posición ante Irán

Después de Irak en el año 2003, y anteriormente Afganistán en 2001, el siguiente reto internacional con el que se ha encontrado Occidente –el genocidio de Darfur, como todos los que acaecen en África, ha pasado desapercibido- ha sido el ansia nuclear iraní. En esta ocasión, mientras EEUU se ha mostrado intransigente, Europa lo ha intentado casi todo: rondas de negociaciones –suspendidas por la UE como tal pero continuada por otros países miembros-, conversaciones bilaterales, disposición a ayudas económicas, más negociaciones…todo en vano, puesto que Irán no ha cedido un ápice en sus aspiraciones. De aquí a un par de años, probablemente, si Irán consigue la bomba atómica, nos enfrentaremos a una crisis mundial que podría resultar devastadora para el mundo entero. Y los intentos europeos por evitarlo –todos en el plano de la negociación y las cesiones- se han dado de bruces. Un síntoma europeo que recuerda a los oscuros y preagónicos tiempos de Chamberlain y Daladier en el apaciguamiento a Hitler.

Sin embargo, la toalla no está tirada aún. Un nuevo liderazgo ya comentado en el eje franco-alemán –especialmente el protagonizado por Nicolás Sarkozy- trae nuevos aires de esperanza ante un panorama turbio y, a corto plazo, desolador. Ya lo cuenta el Jerusalem Post en un editorial titulado: Despertar Europeo. Tanto es así que, en su reciente gira europea, el premier israelí Ehud Olmert visitó París y Londres, y obtuvo de Nicolás Sarkozy y de Gordon Brown compromisos frente a Irán. Brown dijo que, hay que continuar con las sanciones económicas, sin descartar otras medidas para persuadir a Irán y evitar a toda costa que se haga con el arma nuclear. Bernard Kouchner, el canciller francés, ya deleitó a los medios de comunicación europeos –tan morbosos y con el filtro antisemita siempre presente, sobre todo si el tema es Irán o la seguridad de Israel- declarando que contra Irán, una intervención militar o un posible conflicto, sería el mal menor, parafraseando a George Orwell.

Toda una sorpresa, si atendemos a lo poco que Europa se ha preocupado de la seguridad del Estado de Israel –que es el primer blanco de la supuesta bomba, anunciado hasta la saciedad por Ahmadineyad- y a la loca judeofobia con que ha afrontado el conflicto palestino-israelí. Aunque, con toda seguridad, no sólo sea la simpatía por Israel lo que mueve a Sarkozy o a Brown a mostrase fuertes y exigentes con Irán. Ellos saben, que si Tel Aviv está a tiro, París y Londres también lo estarán. Y, que si el Estado judío cae –primera y principal frontera de contención ante el despotismo integrista islámico- las grandes naciones democráticas europeas lo harán también como fichas de dominó.

Ahora, se están percatando de lo importante que ha sido el calor con que el Estado de Israel ha guarecido a Europa durante toda la Guerra Fría y actualmente durante esta ofensiva del terrorismo islámico. Ahora, se están percatando, que si no fuera por la democracia israelí, no habría desde Turquía a Marruecos ningún aliado estable y fiable que garantizara la seguridad jurídica y las libertades ciudadanas. Ahora, se están percatando, en definitiva, que la supervivencia de Israel, es la supervivencia de Europa. Nada más, y nada menos.


Pluralidades

Pero, no debemos olvidarnos de la pluralidad de opiniones europea que sigue –y seguirá, lógicamente, para los restos- vigente. Nadie en Europa desea una guerra contra Irán, pero, llegado el caso, y volviendo a citar a Orwell, sería un mal menor. La intervención de una fuerza militar internacional para evitar el empeño atómico de los ayatolás- cuya terquedad fanática, desgraciadamente, nos está llevando a ello- evitaría que Siria u otros países árabes aliados de Irán entraran en el conflicto y con ello evitarían también la regionalización, o incluso la extensión mundial, de dicho conflicto.

Si Europa no se pone de acuerdo –su acuerdo unánime podría ser decisivo para acabar con esta peligrosísima espiral- y afronta este problema con valentía y determinación, pese a que haya Estados miembros como España y su gobierno que, preferirían la rendición a presentar cualquier tipo de batalla a los teocráticos islamistas, el problema se agravará hasta poder encontrarnos con lo que todos no queremos: una Tercera Guerra Mundial.

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