martes, 01 de enero de 2008

Publicado por fpaya @ 16:24


Universos Paralelos y Profecía en el contexto social.

Yehuda Berg, en su libro ‘72 Names of God –Tecnology for the Soul’, explica

‘un profeta no es alguien que ve un futuro predestinado. En realidad, no hay futuro predestinado, porque tenemos la habilidad de recrear el futuro a cada momento’. (p.190)

Según la mística rabanita, explica que existen incontables futuros, los cuales existen todos al mismo tiempo. Berg dice que los antiguos mekabelim y los físicos contemporáneos concuerdan: ¡Los universos paralelos son una realidad!.

Yo discrepo en esto, pues según la Física, en el momento que tomamos una decisión, el universo se divide y nuestra decisión alternativa y el destino se ramifica en otra realidad. Los cabalistas antiguos enseñan que los universos paralelos crecen progresivamente con más orden, alcanzando finalmente un mundo de paraíso, felicidad y vida interminable. (p.190)

La concepción cabalista esta vinculada al concepto de Gilgul HaNefesh (reencarnación) el cual aparece por primera vez en el Zohar, seguido por el Ari”ZL. La concepción religiosa de la “reencarnación” es confundida frecuentemente con el de la resurrección de los muertos (tehiyath Hametim). La primera antes de ser profesada por los mekabelim (cabalistas), fue profesada por los hinduistas, cuyo significado significa que después de la muerte se vuelve a la vida, a esta vida, o sea que nuevamente se va a morir para volver a una nueva vida. Es la base de la teología hindú que sostiene la teoría de la metempsicosis, que en realidad debería llamarse “metemsomatosis”, que significa “transmigración de las almas” ésta, una vez separada del cuerpo mediante la muerte, pasa a incorporarse en otro cuerpo. Esta concepción ha servido para estabilizar un sistema de castas cerrado como en la India. ¿acaso los cabalistas modernos tratan de hacer algo parecido con la población mundial?

Efectivamente esta teología (Gilgul HaNefesh, así como el de los “universos paralelos dentro de la Cábala moderna) cada alma se encuentra encerrada en el cuerpo que corresponde por una vida anterior de la que no tiene memoria. Ese cuerpo pertenece a una determinada casta, un determinado estatus social, en el cual se encuentra fijado todo su comportamiento, todo lo que debe hacer en la vida. De acuerdo el AriZ”L el comportamiento de cada judío en alguna vida, determinara, luego de la muerte “resucitará” en un cuerpo de una casta o status social superior o inferior, o descenderá a la esfera de los locos, animales u objetos inanimados, así como los animales.

Estas Gilgule haNefeshoth (reencarnaciones) sólo pueden terminar cuando el alma se hale desprendida completamente de todas las pasiones vitales que la amarran al cuerpo, a la vida, a la tierra. De esta manera similar se ha obtenido la legitimación más lograda de la dominación en la sociedad Hindú. La sociedad se inmoviliza en sus cuadros estamentales transformando en castas inamovibles.

Tehiyath HaMetim (resurrección) no se acopla a la inmortalidad del alma, porque tiene como base una antropología diferente. En efecto, supone que el ser humano es una totalidad, no una composición de dos partes. Tehiyath HaMetim (resurrección) significa que esa totalidad supera la dimensión del espacio tiempo. Es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte, triunfo que es posible por la acción del Dios de la vida. La resurrección (que si aparece en el Tana”j) supone todo lo contrario de lo que enseña la Mekubalah (Cábala). La resurrección promete a la insurrección, es decir, a la lucha en contra de todo aquello que oprime, humilla, lastima, somete. La resurrección no se promete a quien se queda tranquilo en la cama sino que se pone de pie, enfrenta la presión de todo tipo: económica, política, cultural, religiosa, de género.

En una plano similar el profetismo es como dice Berg: “En realidad, no hay futuro predestinado, porque tenemos la habilidad de recrear el futuro a cada momento”. No estaría vinculado con la reencarnación, o con la idea paulatina de cuasi-progreso de índole hinduista; sino más bien estaría vinculado con la redención con el pasado, que no es otra cosa que es la realización y reparación (tiqqun) de cada individuo y de cada generación.[1] El profetismo determinara que cada individuo redima individualmente y a su vez el colectivo repare colectivamente en el terreno de la historia. Si esto se hace solo para tratar de ayudar a otros individuos, -sin que estos intervengan- como es el caso gubernamental paternalista, se asemeja a uno de los rasgos más sorprendentes del alma humana, junto a tanto egoísmo en el detalle, es que su presente carecerá de codicia hacia el futuro colectivo.

El profeta fundamentaba en la rememoración en la Torah como científico conociendo todas las leyes en su mínimo detalle, previendo coyunturas así como rupturas es el contexto social judío e incluso internacional. El profetismo, que su vez estaba en la mira de la redención (geulah) pueda producirse, era necesario la reparación –tiqqun- del sufrimiento, de la desolación de las generaciones vencidas, y el cumplimiento de los objetos teocráticos sobre la sociedad por los cuales lucharon y no lograron alcanzar.

En nuestro contexto social el retorno a la Teocracia judía (Malkuth HaShem), así como es necesario contemplar la historia de los vencidos, quienes no solo esperaban la rememoración de su sufrimiento sino la reparación de las injusticias pasadas y la realización de su utopía social.

La redención mesiánica y revolucionaria e suna misión que nos asigna las generaciones pasadas. No hay Mesías enviado del cielo: nosotros tenemos la capacidad de actuar como el Mesías y en cada generación posee una parte del poder mesiánico que debe esforzarse a ejercer.

El único profeta-Mesías es el colectivo: la humanidad oprimida. No se trata de esperar al Mashíaj o calcular el día de su llegada –como hacen los cabalistas y otros místicos judíos consagrados a la gematría-, sino de actuar colectivamente. La redención es una auto redención, así como una reivindicación de las victimas de la historia.

Si el profetismo judío es a la vez recordatorio en promesa y el llamado a una corrección radical mundial (tiqqun olam), para nuestro contexto tendría que ejercer más fuerza, la violencia de la tradición profética y la radicalidad de la critica se reúnan en la exigencia de una salvación integral para la humanidad, así como para la creación entera, que no es mera restitución del pasado, sino también la transformación del presente; en esta radicalidad podemos recrear de forma colectiva el futuro en cada momento. La historia está abierta; el futuro no es resultado inevitable ni de la evolución social ni del progreso económico, técnico o científico; el pasado puede reabrirse. Esta apertura de la historia tiene significado aun hoy en día.

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