viernes, 14 de septiembre de 2007
No tenía porqué ser así. Capítulo VIII - Recapitulación

“Octavo artículo de las reminiscencias de un israelí que tuvo que afrontar en el lado opuesto, el conflicto derivado de la captura del criminal nazi Adolf Eichmann.


No me ha resultado grato relatar los pormenores de la crisis desatada entre mi país y la Argentina. Fueron aquéllos días difíciles para mí y mis compañeros de trabajo, que estábamos entre dos fuegos. Desde luego, ello no se compara con la inquietud que habrá cundido entre los judíos argentinos, que se vieron seriamente amenazados. Algunos historiadores afirman que no se concretó la ola de violencia antisemita que hubiera podido registrarse; pero me parece que lo ocurrido no fue nada grato para ningún judío argentino, y bien se sabe que por aquel entonces era general la preocupación de la comunidad.

Aquéllos no fueron días fáciles para los judíos de la Argentina

La principal razón que me ha animado a escribir estas memorias era que a mi modesto modo de ver no se hubiera debido llevar las cosas al extremo que llegaron. Que conste una cosa: Israel no cometió ningún acto anti-argentino; era lo que estaba más lejos de su intención. Tampoco estimo que fuera un acto criminal. Era más bien una iniciativa muy osada y un tanto irregular dictada por las circunstancias. Un modo de proceder que puede irritar pero que es propio de los israelíes. Bien sabemos que si no nos hubiéramos tomado la iniciativa cuando era necesario, tal vez seguiríamos obrando como el perenne judío errante, esperando que alguien se acordara de nosotros.

De hecho, constituía el único medio para que se hiciera justicia con respecto a un criminal como no hubo otro, porque el deleznable asesino había estado tácitamente protegido por un régimen, sino corrupto, por lo menos insensible a las más elementales normas de la justicia. Cuando el fiscal Gideon Hausner presentó su acta de acusación ante el tribunal de Jerusalén, dijo muy bien que no lo hacía solo, “sino en compañía de seis millones de fiscales, que no podían levantarse y levantar el dedo acusador, ni hacer escuchar su voz contra Eichmann… porque sus restos y sus cenizas están dispersos a todo lo largo y lo ancho de Europa”. Argentina hubiera debido comprender que con su posición estaba insultando la memoria de esos seis millones, pero los filonazis que tramaron la crisis no lo podían tener en cuenta: estaban resentidos y recurrían a las más burdas artimañas para hacer valedera su posición.

He leído con asombro el modo tan despreocupado como se planteó el pedido de Alemania de extraditar a un criminal de la estatura de Josef Mengele, otro criminal nazi no menos cruel que el propio Eichmann. De hecho las exigencias de la Argentina de cumplir con tal o cual norma parecen insensatas teniendo en cuenta las atrocidades cometidas por el “médico de la muerte” de Auschwitz. La demanda fue presentada en 1959 y se fue difiriendo una y otra vez. Si no fuera un asunto tan serio, diría que era un chiste de mal gusto. El informe oficial revelado por la Cancillería argentino termina diciendo que “después de varias décadas de trámites, el 5 de marzo de 1985, se informa (a la Embajada alemana en Buenos Aires) que las diligencias practicadas para detenerlo arrojaron resultados negativos” (Véase el sitio de ese ministerio: http://www.argentina-rree.com/portal/archivos/justicia03.htm.) Decir que eso no tiene sentido, de ningún modo expresa el ignominioso final de la cuestión.

Quisiera hacer borrón y nueva cuenta. Al fin y al cabo lo citado ocurrió hace 47 años. Pero es que mientras tanto han sucedido sucesos que no se pueden olvidar, actos criminales que no se han resuelto porque se han interpuesto otra vez poderosos intereses que nada quieren saber de encontrar a los culpables y hacer justicia. Los criminales atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA son cosas que duelen; pero no duelen menos las artimañas y ardides, los dimes y dirimes, y toda esa secuela de presuntas investigaciones que tuvieron encallada la investigación durante tanto tiempo. Es cierto que hay un pedido de captura de cinco iraníes involucrados en el segundo caso, pero el tiempo ha erosionado la importancia del paso. Incluso la prensa israelí casi no se hizo eco de una medida que, aunque adoptada con buena intención, es totalmente ineficiente en vista del tiempo transcurrido.

Aprovecho esta ocasión para augurar a mis lectores shaná tová, jatimá tová y moadim lesimjá. Que el próximo año vea consagrado el anhelo de concertar la paz.

Moshé Yanai
Publicado por Desconocido @ 4:09 PM  | Reminiscencias
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