Bush, el político de talento
En el crepúsculo de la presidencia de George W. Bush, el presidente ha demostrado ser un líder impopular de talla pequeña, pero un político bastante bueno.
por Caroline Glick
En el crepúsculo de la presidencia de George W. Bush, el presidente ha demostrado ser un líder impopular de talla pequeña, pero un político bastante bueno.
Un buen político es aquel que sabe cómo hacer que la gente le apoye haciéndoles creer que está de acuerdo con ellos, incluso cuando las políticas que impulsa son contrarias a los deseos e intereses de la gente. El éxito de Bush al hacerse querer por sus partidarios surge claramente de la gestión de su administración del tema de Irán.
Durante los últimos cuatro años, los mandos del ejército americano han proporcionado montañas de pruebas que demuestran inequívocamente que Irán es la fuerza central detrás de la violencia y el terror en Irak. Irán arma a las fuerzas que aterrorizan al pueblo iraquí y combate contra las fuerzas de la coalición. Efectivos de la Guardia Revolucionaria y de Hezbolá dirigen y organizan a la insurgencia. Los operativos de Al -Qaida en Irak reciben sus órdenes de los líderes de al-Qaida que llevan desde diciembre de 2001 operando en Irán.
Las actividades de Irán en Irak no se limitan a dirigir la guerra contra el terror. En las zonas kurdas del norte de Irak, Irán explota su íntima relación con el presidente kurdo Masoud Barzani de cara a minar las relaciones turco-norteamericanas. El martes, Michael Rubin, que sirve como miembro permanente del American Enterprise Institute y trabajaba previamente como consejero del Pentágono en Irak, discutía esta situación en testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara.
Rubin explicaba bajo juramento que “Barzani ha proporcionado asilo y a los terroristas del PKK responsables de la muerte en Turquía de más de 100 personas solamente desde enero". A consecuencia de este estado de las cosas, en las últimas semanas, las relaciones turco-norteamericanas y especialmente las relaciones norteamericanas con el ejército turco anti-islamista han alcanzado su punto más bajo. Por primera vez existe una posibilidad real de que Turquía se retire de la OTAN. Esta situación de las cosas se da a conocer al tiempo que el Primer Ministro islamista de Turquía Recip Erdogán maniobra para consolidar las relaciones de Turquía con Irán y Siria.
En su rueda de prensa la semana pasada, Bush hablaba directamente sobre el papel de Irán en la guerra de Irak. Bush decía, "La lucha en Irak forma parte de una lucha más general que se está desarrollando por la región... El mismo régimen en Irán que persigue armas nucleares y amenaza con borrar a Israel del mapa también está proporcionando dispositivos explosivos sofisticados a los extremistas en Irak, que los están utilizando para matar soldados americanos". Bush también señalaba a Siria y Hezbolá por el papel central que también juegan en la guerra.
Las observaciones de Bush fueron música para los oídos de aquellos que vienen instando a Estados Unidos a plantar cara a los iraníes. Pero desafortunadamente, sus comentarios de la semana pasada, al igual que las incontables declaraciones que los precedieron, no se acompañan de ninguna revisión de la política de la administración sobre Irán. Esa política, por la que la administración Bush ha venido presionando los últimos cuatro años, se caracteriza por escalar continua y consistentemente las tentativas de apaciguar a los líderes de Irán.
Hace dos meses la administración celebraba sus primeros contactos diplomáticos americanos con funcionarios iraníes desde la revolución islámica de 1979. Con el objetivo declarado de convencer a los iraníes de apagar los incendios que están encendiendo en Irak, la administración despachaba a su embajador en Irak a reunirse con diplomáticos iraníes.
Irán respondía a este abandono radical de la política norteamericana tradicional con desenfrenado desprecio. El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, se burlaba, "¿Porque no admite que es débil y su hoja no corta?" Días después de la reunión, los iraníes anunciaban que habían detenido a cuatro ciudadanos norteamericanos que se encontraban en Irán visitando a parientes. Esta semana, dos prisioneras norteamericanas con aspecto de estar enfermas eran mostradas ante las cámaras de televisión admitiendo supuestamente que habían estado trabajando como agentes americanos con el fin de derrocar al régimen iraní.
La administración respondía a este ultraje por una parte, expresando ultraje, y por la otra, intensificando sus esfuerzos por aplacar a los mulás renovando conversaciones directas entre el embajador norteamericano en Irak y sus interlocutores iraníes.
Lo absurdo y el derrotismo inherentes al repugnante rechazo de la administración a cambiar de curso ha cobrado total forma en el siguiente intercambio entre un periodista y el portavoz del Departamento de Estado Sean McCormack el martes.
Pregunta: Dado que usted no ha visto… nada, [de] la primera [reunión que] pudiera ser de ayuda, ¿por qué tiene motivos para creer que otra [reunión] va a tener más éxito que la primera si aún no ha visto ningún cambio?
Respuesta: Bien, veremos. Eso depende de los iraníes. Eso va a depender de ellos. Como dije, podría ser de ayuda. Podría ser útil para poder tener ese intercambio directo y llevar un mensaje, una vez más, directamente a ellos. Pero veremos. Esto depende por completo de los iraníes y lo que decidan hacer con respecto a Irak.
No puede haber duda de que la mayor parte de los americanos no quiere ser humillada por Irán. Y aún así, debido a la estridente retórica anti-iraní de Bush, la administración ha contenido las críticas a su política de Irán incluso al mismo tiempo que esa política está provocando que Estados Unidos reciba ataques iraníes diarios contra sus soldados, sus ciudadanos, y sus intereses vitales. En lugar de mostrar objeciones a esta fracasada política, los partidarios de Bush son llevados a creer que tiene que haber más de lo que parece en lo que está sucediendo, cuando en realidad no hay nada más.
Es en este contexto que una debe enfocar el discurso de Bush del lunes con respecto al conflicto de los palestinos con Israel. En su discurso, al igual que en sus declaraciones sobre Irán, Bush tuvo cuidado en hacer creer a sus partidarios que esta de acuerdo con ellos incluso al tiempo que impulsa una política que les repugna.
El éxito de Bush a la hora de convencer a sus partidarios de que está de su parte quedaba evidenciado claramente el miércoles en un editorial del Wall Street Journal firmado por el historiador israelí Michael Oren. El artículo de Oren, que la Casa Blanca difundía más tarde entre los líderes judíos, mantenía el discurso como amplificación de la Doctrina Bush. En opinión de Oren, “Nunca antes ningún presidente americano ha puesto el acento en manifestar un compromiso con la paz tan enfáticamente en los hombros palestinos". Y en la práctica, el presidente sí tuvo algunas palabras fuertes con los palestinos. Dijo que "tienen que acompañar sus palabras denunciando el terror con las acciones combatiendo el terror. El gobierno palestino tiene que arrestar a los terroristas, desmantelar su infraestructura y confiscar las armas ilegales -- como exige la hoja de ruta. Tienen que trabajar para impedir los ataques contra Israel y liberar al soldado israelí secuestrado por extremistas. Tienen que implementar la ley sin corrupción, de modo que puedan ganarse la confianza de su pueblo y la del mundo. Tomar estas medidas permitirá a los palestinos tener un estado propio. Y es el único camino a poner fin al conflicto, y no es aceptable y nada menos”.
Estas declaraciones fuertes llevaban a Oren a afirmar que el discurso de Bush era un mensaje claro de apoyo a Israel y contra el terrorismo palestino. Pero aún así, las declaraciones y otras que Oren citaba en defensa de Bush, estaban completamente desvinculada de la política real que Bush está impulsando y que explicaba con claridad en su discurso.
Ni el lunes ni en ningún otro momento condicionaba Bush su apoyo a los palestinos a la toma por su parte de acciones concertadas contra el terrorismo. En la práctica, como dejaba claro en su discurso, su política se predica sobre la premisa de que los palestinos tienen que ser sobornados con dinero, legitimidad americana y territorio israelí, y que Israel debe ser presionado para hacer más y más concesiones a los palestinos antes de que se pueda esperar que ellos también sus políticas terroristas, sus valores y sus objetivos.
Lejos de revisar esta premisa después de que las fuerzas de Fatah entrenadas por Estados Unidos del rais de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbás se rindieran a Hamas en Gaza el mes pasado, funcionarios de la administración respondían a la derrota intensificando su fe en ella.
Tómese por ejemplo la afirmación de Bush de que Abbás detiene a terroristas. Bush hacía estas declaraciones al mismo tiempo que sostenía simultáneamente que Abbás es un líder que busca la paz y aborrece el terror. Pero aún así, una demanda constante de Abbás es que Israel libere de las cárceles a los terroristas y conceda amnistía a los mandos del terror que aún están por detener.
La administración ha convertido el objetivo de impedir que Hamas asuma el control de Judea y Samaria en su meta inmediata. La mañana del lunes, el Washington Post informaba de que desde la toma de control de Gaza por parte de Hamas, las agencias de Inteligencia americanas han concluido que lo único que evita que Hamas tome el control de Judea y Samaria es el ejército israelí. En palabras de un alto funcionario de Inteligencia, "las operaciones militares israelíes son el principal factor que restringe las actividades de Hamas [en las zonas]”. Aún así, en lugar de instar a Israel a mantener sus operaciones contra terroristas, Bush decía que los israelíes deben encontrar "modos prácticos de reducir su presencia" en Judea y Samaria. También prometía 80 millones de dólares a las milicias de Fatah cuyas ramas se coordinan con los mismos terroristas que se supone que Abbás está deteniendo.
Bush decía a los palestinos que éste es "un momento de elegir" para ellos. Es hora de que decidan si están por el terror o la paz. Pero es que decía lo mismo hace cinco años. Desde entonces, a cada momento decisivo, los palestinos eligen el terror. Han construido ejércitos terroristas y amasado arsenales terroristas. Han consolidado sus vínculos con Irán, Siria, Hezbolá y al-Qaida. Eligieron de forma aplastante a Hamas para liderarles. Pero en interés de impulsar su política de apaciguamiento, la administración Bush rechaza frontalmente reconocer que los palestinos han elegido ya.
Abbás es el hombre que Bush cree hará que los palestinos cambien de rumbo. Bush pone su confianza en Abbás -- el hombre que se ha embolsado miles de millones de dólares en asistencia procedentes de Estados Unidos, la Unión Europea e Israel pero nunca ha movido un dedo contra los terroristas o dicho nada por poner fin a la corrupción endémica de su gobierno. Bush apoya a Abbás, que equipó a sus fuerzas entrenadas por Estados Unidos con misiles antitanque y antiaéreos, los cuales son completamente inútiles para combatir a las células del terror pero son poderosamente prácticos para luchar contra Israel.
El papel reservado a Israel en esta farsa diplomática es ridículo. Debido a las exigencias de la política democrática, y en ausencia de dirección política en cualquiera de los bandos, a lo largo de los últimos años, las relaciones Estados Unidos-Israel han tomado un rasgo sadomasoquista. Para congraciarse con el Departamento de Estado y Europa, Bush ha elegido insistir en que Israel se ponga en peligro. Con el fin de sobrevivir en el cargo, Olmert, como Ariel Sharon antes que él, ha accedido a poner en peligro a Israel con el fin de asegurarse el apoyo de la izquierda en su coalición de gobierno, los medios, y la oficina del fiscal general del estado.
La única conclusión que se deriva de todo esto es que en los últimos días de la administración Bush y quizá del gobierno Olmert, el público americano y el israelí necesitan encontrar maneras de dejar claro que exigen líderes buenos, no políticos buenos.
Tags: hebreos.net, elreloj.com, web paya