miércoles, 18 de abril de 2007

Publicado por fpaya @ 9:26


Conclusión de la serie “El judaísmo hispano” (duodécimo artículo)

Resumen de la serie de artículos sobre un pasado muy brillante y doloroso. Lo poco que se ha escrito y lo mucho que faltaría por relatar, breve esbozo de la vida de Maimónides y la famosa Biblia de Alba amén de algunas reminiscencias personales.


En los once capítulos que he publicado sobre el judaísmo español en el medievo, he tratado de delinear la activa existencia de esa comunidad y el sorprendente legado que, a todas luces, ha dejado impreso en España durante el medievo, y quién sabe, sus reminiscencias hayan llegado hasta nuestros días. Lo he hecho dividiendo el mapa hispano en regiones, estimando que en cada una de ellas tiene sus propios anales de las juderías locales. Tengo plena conciencia que fue éste un trabajo bien limitado y no tan detallado, apenas un esbozo de lo que ha sido la presencia hebrea en la península, que dejó impreso su huella de un modo que, estimo, todavía no ha sido debidamente apreciado. Ya he reconocido, y lo vuelvo a hacer aquí, que no soy historiador, sino meramente un periodista que se ha visto animado por el deseo de revelar algo de esta rica vivencia. Todo ello en gran parte basado en los estudios realizados por eminentes historiadores e investigadores, tanto israelíes como españoles.

Mi trabajo ha sido incompleto, pues queda mucho por relatar. No he plasmado una crónica cronológica de los anales del judaísmo en España, de por sí. No me he referido, por ejemplo, a las grandes figuras del judaísmo español, que vivieron en especial durante la llamada “Edad de Oro”, cuya fama ha trascendido fronteras. Son muchas y muy destacadas, empezando por el inmortal (Maimónides), del que Córdoba tanto se enorgullece, y llegando a Najman (Najmánides), que Gerona (ahora Girona) todavía recuerda. A propósito, se ha de señalar que ambos fueron expulsados en épocas distintas mucho antes del nefasto Edicto de 1492, porque no quisieron renunciar a su fe. El primero por el fanatismo musulmán que reemplazó un régimen progresista y benévolo que fue el Califato de Córdoba, y el segundo por un rey catalán que aunque liberal, lo tuvo que hacer obligado por lo que ya fuera entonces el antisemitismo del clero cristiano.

Maimónides

La trayectoria del Rambam es tal que merece capítulo aparte en esta somera síntesis. Tal vez la figura más excepcional del judaísmo medieval, Rabeinu Moshé Ben Maimón, o Maimónides como es conocido en castellano, nació en 1135 en Córdoba, donde su padre se desempeñaba como dayán (juez). Desde temprana edad, recibió una esmerada educación, siendo como era hijo de una familia de eruditos, y se aplicó en el estudio del Talmud, la filosofía y las ciencias naturales, conociendo a la perfección el árabe y el hebreo, además del español y el latín. Pero, como ya se dijo, a los 13 años su familia tuvo que huir a Marruecos, al ser conquistado el califato por los fanáticos almohades, que amenazaban con asesinar o expulsar a toda persona que no se convirtiese al islamismo.

Radicada primeramente en Fez, esa familia tuvo que aparentar durante cierto tiempo haber abrazado el mahometismo. Pero como en muchos otros casos, de algún modo se supo que practicaba en secreto su antiguo credo, y se vio en la necesidad de emprender nuevamente la huida. Luego de una muy azarosa travesía del Mediterráneo, llegó a Acre, en donde residió unos meses. Padres e hijos visitaron Jerusalén, para llorar junto al Muro Occidental, y también Hebrón, en donde rindieron homenaje a los patriarcas y matriarcas allí sepultados. Y finalmente se instalaron definitivamente en Egipto en 1165, en la localidad de Fostat. Primeramente Moshé se dedicó por completo a escribir, estudiar y ocuparse de la comunidad judía. En 1168 completó la primera de sus obras más monumentales: Amoor ("La Luz") Perush Hamishná, o sea comentario y explicación de la Ley Oral, escrita originalmente en árabe, y luego traducida al hebreo. Más tarde escribió la Mishná Torá, que se compone de catorce tratados que explican y ordenan las leyes, ceremonias y costumbres del culto hebreo. Pero el fallecimiento de su hermano 5 años más tarde, le anuló su privilegiada posición económica, y tuvo que trabajar como médico. Maimónides llegó a dominar esa difícil ciencia del mismo modo como lo hizo todo: dedicándose por completo a su estudio. Y ya en 1185 se desempeñaba como médico del visir así como de la corte del sultán Saladino. Después del fallecimiento del soberano en 1193, Maimónides pasó a ser el médico de cabecera de su sucesor. Se recuerda la famosa carta que envió a un tal Samuel ibn Tibon en 1199 en la que describía sus actividades diarias:

"Vivo en Misr (Fostat) y el Califa en Kahira (El Cairo), una jornada de un día de Shabat. Todos los días voy a Kahira, para visitar al Sultán temprano por la mañana y también en cualquier momento en que él o alguno de sus hijos o esposas se encuentren mal. Debo quedarme en el palacio la mayor parte del día. También ocurre, con frecuencia, que algún funcionario del Palacio enferme, y debo ocuparme de su curación. Y si no ocurre nada extraordinario, vuelvo a mi casa al mediodía o por la tarde. Apenas he bajado del caballo y me he lavado las manos, voy a saludar a todos los que me esperan, judíos y gentiles, nobles y gente del pueblo, amigos y enemigos, y les pido que me aguarden con paciencia hasta que termine de comer, pues llego muerto de hambre.(*) Luego comienzo a prestarles mis cuidados y prescribirles remedios. Algunos se quedan hasta muy tarde de noche (Dios es mi testigo), hasta que ocurre en algunas ocasiones que me quedo dormido por exceso de cansancio. Dedico el sábado a la comunidad. Luego del servicio matutino muchos se me acercan para pedir consejos y saber que ha de hacerse durante la semana. Estudiamos juntos hasta el mediodía, y por la tarde regresan y leen conmigo hasta el servicio vespertino".

- - - - - - - - -

(*) Se debe recordar que como piadoso varón judío, no podía comer en donde no se preparase la comida estrictamente kasher. (N. del E.)

Es evidente que una tal actividad hubiera agotado a una persona mucho más joven, y cuando redactó esa carta Maimónides ya tenía unos 65 años. Pero además de sus tratados médicos, esta magna figura del judaísmo escribió Moré Nevojim, Guía de los Perplejos. Se trata de una obra monumental, en la que establecía concordancia entre la religión y el raciocinio y la necesidad de armonizar religión, filosofía y ciencia. Tomando como base las enseñanzas de Aristóteles, afirma que ambos reconocen la existencia de un solo Dios, sempiterno y todopoderoso, autor de la Creación del Mundo, y que tratan de llevar al hombre a la perfección. Su obra constituye la corona de la doctrina hebrea durante la Edad Media, y lo coloca a la cabeza de los grandes pensadores de esa época. El método lógico que desarrolló para conciliar la fe con la razón, atrajo a muchos jóvenes judíos y fue adoptado por grandes filósofos cristianos como Alberto Magno y, en especial, Tomás de Aquino. Por lo tanto, hubo rabinos extremistas que disputaron sus enseñanzas, e incluso llegaron a excomulgar al gran filósofo, pero sus argumentos fueron finalmente aceptados. Murió en 1204, y fue sepultado en Tiberíades. De él se suele decir que "desde Moshé (Moisés) hasta Moshé, no ha surgido otro Moshé"

Otras luminarias

Cabe mencionar aquí, aunque sea muy brevemente, figuras tales como el poeta Yehuda Halevy, los estadistas Ibn Shaprut (del que ya se ha habló en el capítulo del judaísmo andaluz) y Samuel Hanagid, el escritor Ibn Gabirol, el pensador y juez Aben Paluda, el rabino Isaac Alfasi, el viajante e historiador Beniamin de Tudela, el sabio dignatario Abraham Abrabanel, el cartógrafo mallorquín Crescas (del que ya se ha dado cuenta) y muchos otros. Sus vidas son ejemplares muestras de lo que la mente judía logró plasmar en múltiples ámbitos del quehacer humano. Y en muchos otros casos, conversos por obligación siguieron fieles a su fe y aportaron de sus conocimientos en muchos ámbitos. Es sabido y conocido que Cristóbal Colón no hubiera podido realizar su histórica empresa descubridora, si no fuera por el apoyo que obtuvo de los cortesanos conversos que rodeaban a los Reyes Católicos, y de otros prohombres de ascendencia judía. Incluso la propia Santa Teresa de Ávila, una de las figuras más veneradas por el cristianismo, fue hija de un converso, un secreto cuidadosamente guardado durante siglos. Y luego aparece el trágico relato de los conversos, mal llamados marranos, que tuvieron que renunciar a su fe, aunque en muchos casos la mantuvieron en secreto, incluso en lo más recóndito de su alma. Estos supuestos cristianos llegaron hasta el Nuevo Mundo, y allí ocuparon cargos de importancia aunque siempre cruelmente perseguidos por la Inquisición. Nada más con mencionar una obra maestra, “La gesta del marrano”, del escritor argentino Marcos Aguinis, que bien trata sobre el tema, creo haberlo dicho todo.

Otro aspecto de esa historia es la confrontación entre dos religiones. Los constantes esfuerzos para convertir al judío, y la resistencia que éste opuso para mantenerse fiel a su fe. Incluso los terrible pogromos registrados una y otra vez, no acabaron con el judaísmo, si bien la desenfrenada ola de matanzas suscitada en 1391 por el arcediano Ferrán Martínez de Sevilla, se propagó a través de casi toda España e hizo desaparecer prácticamente a juderías enteras, como es el caso del Call de Barcelona, el de Palma de Mallorca y el de Valencia, entre otros.

Una empresa excepcional

Pero antes de poner punto final a esta serie quisiera mencionar un episodio más positivo. Me refiero a la llamada “Biblia de Alba”, también conocida como “Biblia de Olivares”, un relato digno de conocerse. Evidentemente se trata de uno de los episodios más sobresalientes de la colaboración religiosa entre judíos y cristianos, que no fue excepcional, por no decir menos. Se trata de una obra realizada por un rabino judío a pedido de un noble cristiano, cuyo manuscrito se conserva hasta nuestros días en la Casa de Alba. Don Luis de Guzmán, Maestre de la Orden de Calatrava, encargó en 1422 al rabino Moshé Arragel de Guadalajara, preparar una versión castellana de la Biblia hebrea, con comentarios sobre su significado. Le ayudaron a esta empresa unos sabios franciscanos de Toledo, quienes también se encargaron de adornarla con preciosas ilustraciones, lo que el rabino no podía hacer por prohibición religiosa. R. Moshé Arragel se encargó de compilar y ordenar lo escrito por teólogos y comentadores, tanto judíos como cristianos. En esta vasta labor le ayudó no sólo su profunda erudición bíblica, sino también un cierto conocimiento de la literatura clásica y latina, y así surgió la llamada Biblia de Alba, una verdadera obra clásica del arte medieval.

Afírmase que el estudioso judío realizó su labor durante dos años, y la compuso con gran objetividad absteniéndose por lo general de manifestar sus opiniones personales. Hay quienes incluso afirman que a veces se inclina a elegir la interpretación cristiana, aunque por lo general trasciende de su obra un evidente tenor judío. En diversas oportunidades, el rabino hace mención de sus pensamientos íntimos, en los que aparecen síntomas de su orgullo nacional. Afirma que los antiguos reyes españoles solían honrar a los judíos de su país por sus cualidades y virtudes, y por ello el judaísmo hispano supo reciprocar con creces, y en una medida superior a cualquier otra comunidad de la Diáspora, estos favores y privilegios. Escribió que estos judíos, que poco antes fueron "corona e diadema de toda la ebrea transmigración, en fijosdalgo, riqueza, sciencia, libertad", habían caído en la miseria. En las ilustraciones de la época, aparece el eminente estudioso entregando el Libro a su mecenas, ataviado con sus propias vestiduras pero, sin embargo, llevando siempre la divisa especial que señalaba la fe que profesaba. Y aunque ello fuera un signo discriminatorio, ese episodio señala que incluso después de los terribles episodios de 1391, con todas las nefastas consecuencias que tuvieron para el judaísmo español, todavía existía en España cierta tolerancia religiosa y cultural.

Anales fascinantes

Este enorme acopio de material semidescubierto me ha fascinado desde siempre, de modo que teniendo en cuenta mis limitaciones, he tratado de revelarlo en la medida de mis posibilidades. Mucho queda por relatar. Tomando un ejemplo al azar, la Escuela de Traductores creada en Toledo por Alfonso X el Sabio, en donde estudiosos judíos realizaron una ímproba labor; la teoría que incluso esa importante ciudad castellana fuera fundada por judíos, ya que según algunas opiniones su nombre procede del vocablo hebreo “toledot”, que es “generaciones”. Por otro lado, las famosas disputas teológicas celebradas en Barcelona y Tortosa, que nunca terminaron bien para la argumentación judía, formulada en forma tan coercida por no gozar de plena libertad de expresión.

Hay otro aspecto que tiene particular importancia: qué ocurrió con los judíos que tuvieron que abandonar España en 1492 y Portugal unos años más tarde, y que perpetuaron su ascendencia al ser considerados como sefardíes, o sea “españoles”. Cada una de las nuevas diásporas tiene su propio relato, a cuál más excitante. En un artículo previo (La joya traída de España) me referí a un fenómeno lingüístico que no tiene par en la historia: a través de cinco siglos los expulsados de un país retienen su idioma, y muchas de sus costumbres. Es así que el ladino de nuestros días acusa giros y términos cervantinos, al margen de conservar mucho del vocabulario original mantenido con tanta dedicación, por centenares de miles de los descendientes en tantos y tantos países, sobre todo en los Balcanes y Turquía.

Reminiscencias

Quisiera ahora, para terminar, insertar una nota personal. Yendo por las angostas y pintorescas callejuelas de la Ciudad Vieja en alguna de mis varias visitas a Barcelona, sabía que estaba recorriendo lugares en donde posiblemente vivieron mis antepasados, en la zona comprendida, grosso modo, entre las Ramblas y la Catedral. Poco era lo que se conocía, insignificante lo que había quedado. Confieso que en aquella época mi interés no estaba tan centrado –como lo está ahora- en el viejo pasado judío, sino en un pasado más reciente, cuando circunstancias aciagas obligaron a mi familia abandonar mi ciudad natal rumbo a Palestina.

Efectivamente, y aunque parezca raro –hay quienes todavía se resisten a discutir la veracidad de mi relato- llegamos a este país como refugiados huyendo de la persecución de la dictadura franquista, que se ensañó con mi familia por el mero hecho de ser judía. Hay quienes se empeñan hasta ahora ver solamente la otra cara de la moneda, pero básicamente la dictadura española nunca fue projudía, y si ayudó a salvar a ciertos judíos, lo hizo por conveniencia y no por vocación. No será por nada que cuando se luchaba en el Ebro en 1930, los fascistas cantaban este estribillo al entonar la canción falangista “Cara al Sol”:

"Catalán, judío y renegado,

pagarás los daños que has causado.

Arriba escuadras, a vencer,

Que en España empieza a amanecer."

Espero tener ocasión de referirme con detalle a ese tema, que ya publiqué bajo el título “Odisea de un judío español” en el desaparecido sitio es-israel así como (el primer capítulo, el 12.02.06) en el blog de mi estimada amiga, la conocida escritora y periodista Pilar Rahola. El relato también ha sido publicado en portugués en el sitio www.visaojudaica.com.br traducido por el periodista Szyja Sorber. Asimismo, fue el tema principal de un artículo escrito en catalán por la periodista Mar Jiménez, que apareció en la edición de octubre de 2006 de la prestigiosa publicación mensual “Sàpiens” que se edita en Barcelona.

Ya no me resta que formular mi mayor agradecimiento a todos quienes comentaron mis artículos. Su interés y sus observaciones me han estimulado a seguir adelante, amén de haber enriquecido mi acopio de conocimientos, y he quedado en deuda con ellos. Todo ello ha avivado mi deseo de relatar más y más sobre el pasado sefardí que, en cierto modo, es el mío propio.

Moshé Yanai

Comentarios

 

     

Ver perfil público del propietario del blog

Textos sobre Historia,Literatura,InfoLibros,Informacion General

     

     

Participantes

     


     

Buscador

     

     

     

     

     

     

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless