martes, 10 de abril de 2007
Perla del judaísmo hispano: El Call de Barcelona (undécimo artículo)
Ahora se sabe que en la principal judería catalana, estaba la mayor sinagoga de Europa en el medievo. Anales de una próspera comunidad que figura entre las principales que conoció la península durante varios siglos.
Hallazgos recientes señalan que ya en la época romana habría una comunidad tan importante en la capital catalana, que dio lugar a la construcción de la llamada Sinagoga Mayor, una de las cinco con las que contó la Ciudad Condal durante el medievo. Otras crónicas indican que durante la época carolingia (en el siglo IX) judíos de esa ciudad escribieron una carta al famoso rabino Amram Gaón, en Babilonia, para consultarle sobre diversos temas civiles y religiosos. También afírmase que un judío llamado Judacort le llevó noticias de Barcelona al Emperador Carlos el Calvo, trayéndole a su regreso al obispo de esa ciudad diez libras de plata de parte de ese rey franco, para contribuir a la reparación de su iglesia. En el año 985, cuando el caudillo moro cordobés Almanzor (Al Mansur) conquistó y destruyó completamente la ciudad, murieron algunos judíos, cuyos bienes habrían sido heredados por el Conde de Barcelona. En aquella época los judíos solían comprar y arrendar tierras en los alrededores de Barcelona y en otras partes de Cataluña, y no sólo lo hacían como inversión, sino que parece ser que ellos mismos se dedicaban al cultivo de sus campos y viñedos. De cualquier modo, se desprende que la posición social y económica de los hebreos se basaba en la tierra. Sus bienes eran alodiales, es decir libres de toda carga o derecho señorial, o los tenían en aparcería.
Es desde esos tiempos (siglo X) que existen noticias ciertas sobre la existencia organizada de judíos en la Ciudad Condal, que con el tiempo se convertiría en una de las mayores y más prósperas comunidades de la península. Se sabe que tuvo dos calls, el Mayor y el Menor. El primero lo formaba el conjunto de callejuelas situadas entre el Palau de la Generalitat y el carrer de Banys Nous. La calle principal era la llamada hoy San Domėnec del Call, en donde se hallaba la sinagoga mayor. El segundo fue creado en 1257 y se hallaba fuera de la muralla, por donde se extiende la presente calle de Ferrin. Desde luego, se tiene noticia que Montjuich era un cementerio tan antiguo que ya en 1091 se hablaba de "viejas sepulturas" que allí había. Y de ese lugar procederían las lápidas que se conservan en el Museo Arqueológico, y que en parte serán de judíos.
Estos desempeñaron en Barcelona un importante papel económico, en la época que fue regida por los condes y luego por los reyes de Aragón. Según el historiador Bofarull, llegaron a poseer una tercera parte de los bienes de la ciudad. La judería contaba con varias sinagogas y escuelas rabínicas, y tenía una excelente organización comunitaria.
El viajero judío, Benjamín de Tudela, visitó la ciudad a mediados del siglo XII y encontró que en Barcelona había "una santa comunidad (judía) y hombres sabios e inteligentes... Es una pequeña y bella ciudad a la orilla del mar a la que llegan comerciantes con mercancías de todas partes: de Grecia, Pisa, Alejandría de Egipto, la tierra de Israel, África y todos sus confines". “Se trata de un testimonio excepcional de los judíos de la Barcelona medieval, en gran parte artífices de la vitalidad comercial de la ciudad”, escribe el periodista e historiador Daniel Venteo al referirse a los antecedentes judíos de la ciudad.
Agrega que la comunidad judía de Barcelona fue un centro de referencia para los judíos de toda la Europa medieval. Son especialmente célebres las responsa de Salomó ben Adret: miles de respuestas o comentarios a cuestiones planteadas a este rabino barcelonés por judíos de toda Europa y del norte de África. También fue en Barcelona, juntamente con Girona, donde se desarrolló la afamada escuela cabalística catalana, que después de la expulsión siguió viva en los lugares a los que emigraron los judíos catalanes, donde eran conocidos como la scola catalana.
En un principio la aristocracia judía de Barcelona estaba representada por cierto número de “neemanim”, o “secretarii” que equivaldría en nuestros días a una suerte de fideicomisarios En 1241 el rey autorizó elegir dos delegados (“probos homines”) que castigaran los delitos que se pudieran cometer en la comunidad, con multas, antema o incluso destierro del call. Estos derechos fueron ampliados en 1272, contra quienes obrasen en forma indecente o en todo cuanto atentara contra las normas de la religión judía y las buenas costumbres y, en especial, contra la pureza de la familia. A principios del siglo XIV aparece en Barcelona, junto a los siete “neemanim” que había entonces, un amplio cuerpo de treinta hombres, llamando el Consejo de los Treinta (siguiendo el ejemplo del Consell de Cent, la antigua corporación municipal de Barcelona), con 5 jueces y 3 secretarios. Asimismo existían agrupaciones de gremios artesanos, así como una oficina de banca para concretar las transacciones comerciales. En otras palabras, se puede afirmar que los judíos contribuyeron a formar esa artesanía tan propia de Cataluña, al margen de su fisonomía mercantil de la que también participaron.
Se sabe que el primer auto de fe tuvo lugar en 1488 en la hoy Plaza del Rey, en donde se levanta el magnífico Palacio Real Mayor. Aquí también tuvo lugar la famosa disputa teológica judeo-cristiana entre Najmánides y el converso Pau Cristiá (1263). En 1267 Jaime I concedió permiso para construir la sinagoga mayor. Pero todo fue en vano. En 1391, la turba acaudillada por una banda de forajidos castellanos y andaluces se abalanzó contra los judíos, en el reguero de pólvora que sacudió a toda España, aunque las autoridades locales y los artesanos barceloneses trataron de impedir el pogrom. La comunidad no pudo reponerse, y ahora existe algún que otro indicio de los lugares en donde moraban los judíos, que tanto hicieron por la ciudad. (Véase "El caso de Barcelona" a continuación). A pesar de las protestas de muchas personalidades catalanas, Fernando introdujo en julio de 1486 el modelo castellano de la Inquisición en la Ciudad Condal. Finalmente, muchos fueron los judíos de Aragón que zarparon de este puerto a otras tierras, al ser expulsados en 1492.
El caso de Barcelona
En un pequeño libro intitulado "La España judía", relata Pelegrín Casabó Pagés los sucesos iniciados el 5 de agosto de 1391, día en que estallaron los terribles tumultos antijudíos en la capital catalana. Dice que en los archivos de la Biblioteca de El Escorial se encontró un manuscrito escrito por el conceller y jurisconsulto Juan de Vallseca, del que se desprende que ese pogrom fue suscitado por "emisarios venidos de Sevilla y Valencia". Lo que se relata es que esos conspiradores incitaron al pueblo, y a los payeses en especial, no tanto por razones religiosas sino más bien esperando obtener un cuantioso botín. Relata que "la chusma" mató a "mano airada" a unos cien judíos, mientras que otros cien se salvaron al refugiarse en el Castell Nou.
Al día siguiente los oficiales reales, concellers y "muchos ciudadanos honrados" reforzaron la guardia del castillo, reduciendo a prisión a los alborotadores castellanos, al considerar que debían ser condenados a la horca por los crímenes cometidos. Pero el populacho se abalanzó sobre la cárcel de Corte del veguer, los soltó y durante la refriega "mató a tiro de ballesta" a un ciudadano de Barcelona llamado Jaime Soler, "varón justo recto, temeroso de Dios y buen cristiano", e hirió a "muchísimos más". Algunos desalmados –sigue el relato- rompieron a golpes de segur (hacha) las puertas de la muralla de la ciudad, y dos días después lograron irrumpir en el castillo nuevo, y los judíos quedaron desamparados. "Estos desgraciados, si se negaban a recibir el bautismo, eran muertos inmediatamente, y sus cadáveres, tendidos por calles y plazas ofrecían un espectáculo horrendo. En aquel día y en el siguiente fueron asesinados más de trescientos judíos, despojados y robados". A pesar del veguer, "algunos campesinos recibieron extorquio de los capitanes del sotamén", es decir se cancelaron todas sus deudas.
De este relato, que parece ser fidedigno, se desprende que las instigadores de los tumultos habrían llegado de fuera, capitaneado a las masas y en contra de la voluntad de "la gente honrada" local asesinado a víctimas indefensas, sin reparar en si eran hombres, mujeres o niños, jóvenes o ancianos. Todo ello a fin de capturar bienes, destruir otros y evitar el reintegro de deudas. Un espectáculo que lamentablemente, se vino repitiendo una y otra vez en la Europa de la Edad Media.
Bajo el Pati dels Tarongers
Daniel Venteo revela que poco después de la destrucción de la judería de Barcelona (a la que la documentación de la época se refiere), se inicia la ampliación del Palau de la Generalitat sobre les casas derruidas del Call. Cuando a principios del siglo XX se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas en el palacio, aparecieron sus restos bajo el Pati dels Tarongers. Las calles de la judería, como ha pasado en todas las épocas de la historia, fueron rebautizadas: la calle principal, la de la Sinagoga, obtuvo el nombre de la festividad del santo en que se produjo el asalto y desaparición de la judería, santo Domingo, el trágico 5 de agosto, y se colocó su imagen sobre la puerta de acceso a la extinta sinagoga (la hornacina con el santo todavía se conserva). También se rebautizó la calle de la Font, donde, como su nombre indica, se localizaba la fuente pública de los judíos, que tenían prohibido tomar agua de la fuente de la plaza Sant Jaume, reservada sólo para los cristianos a partir de 1356; se sabe que a los judíos que iban a buscar agua a la de Sant Jaume les apedreaban y les rompían los cántaros. Esta calle primero se rebautizó con el nombre de calle de la Font de Sant Honorat (cuya imagen debía de estar sobre la fuente, como había pasado en la sinagoga con la de santo Domingo) y después el recuerdo de la fuente se ha perdido para denominarse, como en la actualidad, calle Sant Honorat. Vendidas sus propiedades, y confiscadas otras por la Corona, la ciudad cristiana ocupó muy pronto todo el barrio.
Los judíos catalanes medievales hablaban catalán y hebreo en su vida diaria, un hecho especialmente singular en todo el continente, en donde las comunidades judías asumían la lengua dominante de referencia. Los judíos barceloneses se llamaban Abraham, David, Isaac, Samuel, Salomó, Astruc, Jucef, Bonjudà, Bonsenyor, Bonhom, Bondia, Bendit, Benvenist, Caravita, Perfet, Baruc, Bellshom, Jaffia, Maimó, Vidal, Duran, y las mujeres Regina, Preciosa, Rica, Bonadona, Bonafilla, Dolça, Clara, Goig, Estelina, Astruga, Ester o Sara, entre otros. Hoy su recuerdo se ha extinguido completamente de la patronímica, pese a que muchas personas buscan infructuosamente rastros de un posible pasado judío en sus nombres familiares.
Renacimiento
En los años 20 del siglo pasado volvieron a radicarse judíos en Barcelona, amparados por la política liberal de la República Española y el visto bueno de la Generalitat. Era la principal y más próspera concentración hebrea que existía en aquella época en toda la península. Se calcula que había llegado a sumar unas cinco mil almas al estallar la Guerra Civil en 1936, y ya existían sinagogas para la comunidad sefardí y la ashkenazi. Pero cuando en enero de 1939 fue conquistada por el ejército franquista, se notó un cambio muy radical. Las sinagogas fueron clausuradas y profanadas y se prohibió a los judíos que se reuniesen, no sólo durante el rezo sabático sino incluso para una fecha tan solemne como Yom Kipur. Cundió por doquier la propaganda antisemita, y los judíos fueron considerados personas no gratas por la derecha y los falangistas. Ningún niño podía ser anotado en el registro civil si no presentaba fe de bautismo, y un judío que falleció en un pueblo de la provincia fue enterrado en un solar en donde se solía sepultar a los perros.
Hoy en día hay una comunidad judía en la capital del país catalán estimada en varios miles de personas. Y parece que las autoridades municipales están finalmente haciendo algo para recuperar el muy descuidado recuerdo del call, como se puede ver en las dos notas siguientes.
La descripción del call del Ayuntamiento barcelonés:
“En un entresijo de callejuelas estrechas y sombrías, la comunidad judía había levantado hasta cinco templos de culto, aunque sólo uno de ellos, la Sinagoga Mayor se mantiene en pie y su descubrimiento fue más fruto de la casualidad que de un estudio concienzudo. Durante años, la planta subterránea donde actualmente se halla la Sinagoga Mayor había servido como depósito de materiales eléctricos. A finales de 1995, el propietario del inmueble, desconocedor de su pasado histórico, lo puso en venta. Antes de que fuera reconvertido en un simple bar, la Asociación Call de Barcelona, en base a unos estudios del historiador medievalista Jaume Riera, decidió adquirirlo para restaurarlo y recuperar así el espacio sinagogal.
La fachada principal, orientada hacia el sureste y mirando hacia Jerusalén, y la presencia de dos ventanales en este mismo muro confirmaron que ese sótano húmedo y polvoriento era, en realidad, la Sinagoga Mayor del antiguo call judío. Más tarde, las excavaciones dejaron al descubierto sus cimientos, unas paredes romanas del siglo I hechas con piedra procedente de Cartago. Se indica que en el año 212, el emperador Caracalla permitió la construcción de un edificio de culto para los ciudadanos judíos.
Colgada en una pared de la Sinagoga, una recreación del antiguo foro romano de Barcino induce a pensar que la presencia judía en la ciudad se remonta a la época romana. Según sus actuales propietarios, todos estos hallazgos permiten afirmar que la Sinagoga Mayor de Barcelona es la más antigua de España e, incluso, de Europa.
Evidentemente, tras el ataque al call (1391), el templo dejó de articular la vida religiosa de la comunidad judía. El edificio pasó a manos del rey y lo alquiló a la familia D'Arguens, quienes usaron este espacio, durante el siglo XV, como una tintorería.
Las constantes reformas de este espacio han desvirtuado la estructura original de la sinagoga. Ya en el siglo XVII, el consistorio de la ciudad concede permiso para construir los cuatro pisos superiores del edificio. Las obras comportan la colocación de una bóveda y la pérdida de 20 metros cuadrados; o, lo que es lo mismo, la desaparición del jardín interno de la sinagoga y de la sección donde antiguamente rezaban las mujeres, espacio que hoy en día corresponde a la cocina de la Vinatería de la calle Sant Domènec del Call. Al menos, un vitral, donación del sueco Máximo Iaffa, indica la abertura que antiguamente servía para comunicar hombres y mujeres.
En esta misma sala, se ha emplazada la menorá, candelabro de siete brazos forjado en hierro, obra del mallorquín Ferran Aguiló, miembro de una de las familias chuetas de mayor abolengo en las islas Baleares. Justo enfrente, situado entre los dos ventanales por donde entra la luz procedente de Jerusalén, se encuentra el toral o Aarón Hakodesh, donde se guardan los rollos manuscritos del libro santo, la Torá.
“Tras abandonar la Sinagoga Mayor, en dirección hacia el Arc de Sant Ramon, una pequeña placa escrita en hebreo rinde tributo al rabino Samuel Ha-Sardí. En los alrededores todavía se conservan algunos vestigios de la herencia judía en Barcelona. Así, a sólo unos pasos del call, en la calle Banys Nous, existen unos tesoros escondidos: los mikves (o baños rituales judíos).
Las mujeres tenían que andar unos metros más, porque sus baños estaban en la confluencia de la calle Banys Nous con la Palla. En la cafetería Caelum es necesario bajar unas escalerillas para acceder a los mikves. Hoy en día, en este espacio denominado la Cripta, bajo unas
espectaculares arcadas de origen judío.
A través de la Volta del Remei o de l'Arc de Santa Eulàlia se llega al antiguo call menor, ampliación del barrio judío. Si se aguza mucho la vista, todavía es posible encontrar en algunas porterías los orificios donde antes se clavaban las mezuzot. Son las únicas huellas del pasado judío del barrio, reconoce el informe de la alcaldía. De hecho, en la calle Ferran, la iglesia de Sant Jaume reemplaza desde hace varios siglos a la antigua sinagoga.
Antes de abandonar la Ciutat Vella, camino de la Catedral, hay que estar muy atento para ver sobre los muros algunas inscripciones en hebreo, ya desgastadas y disimuladas entre el resto del mobiliario urbano. Algunas construcciones del siglo XV, como el Palacio del Lloctinent —actual Archivo de la Corona de Aragón, en la calle Comtes—, se sirvieron de losas procedentes del cementerio judío de Montjüic, destruido tras su expulsión en 1492. Dentro del recorrido que ofrece el Museo de Historia de la Ciudad (Plaça del Rei, 1), es más fácil observar estas inscripciones funerarias en los cimientos de algunos edificios, aunque no estén indicadas en ningún cartel.
Otros espacios
“Todo el pasado del judaísmo en Barcelona subyace en el barrio antiguo. Camino de la actual sinagoga de la comunidad judía de Barcelona, en la zona alta de la ciudad, merece una visita previa la plaza Anna Frank, en pleno barrio de Gràcia , un diminuto espacio alejado de los ruidos de la ciudad y especialmente indicado para la reflexión o el descanso. En uno de los laterales de la plaza, una escultura en bronce de la joven Anna Frank, obra de Sara Pons, recuerda su inocencia ante la masacre fascista durante la Segunda Guerra Mundial. "Que nunca vuelva aquella larga sombra y el torrente de sangre y llanto y barro y luto que ahogó tanta belleza
cuyo símbolo era una muchacha en flor". Éste es el mensaje que se puede leer junto a la figura de esta joven que falleciera en 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen.
Hasta aquí el relato oficial de la presencia física del call de Barcelona. Es lamentable lo poco que ha quedado, y cualquier judío no puede dejar de estremecerse al constatar que losas del cementerio judío de Montjuic fueron usadas, entre otras cosas, en la edificación de un palacio que es actualmente sede de los archivos de la Corona de Aragón. ¿Acaso no es posible hacer algo para que no se perpetúe ese sacrilegio de la memoria de los judíos de Barcelona?
Recuperación del Barrio Judío
El Ayuntamiento de Barcelona promueve una nueva fase para recuperar el Call, el que fuera el barrio judío más populoso de Cataluña y del que ahora apenas quedan unos pocos edificios, 21 de los cuales serán rehabilitados en un plan que prevé la construcción de un centro de interpretación de aquella comunidad. Así se indica en un comentario que ha sido publicado por la intendencia de la ciudad condal. Agrega que en su momento de esplendor, a mediados del siglo XIV, la comunidad judía de Barcelona superaba las 5.000 personas, lo que suponía el 15 por ciento de la población de entonces de la capital catalana, que se asentaba en este intrincado espacio de callejuelas que se extienden por detrás del palacio de la Generalitat, en donde está documentado que se levantó la sinagoga principal.
Es allí, donde el Ayuntamiento interviene desde hace un par de años con un programa de rehabilitación promovido a través del distrito de Ciutat Vella y la Comisión integradora del Call, según explicó la concejal Katy Carreras. En total, se va a actuar en esta fase en 21 edificios (con 172 viviendas), un tercio de la judería, con una inversión global de 2,1 millones de euros, de los cuales 600.000 proceden de subvenciones.
El Consistorio se ha sumado a la red de juderías existente en toda España y que se ha convertido en un importante reclamo turístico. El Ayuntamiento quiere impulsar actuaciones básicas de rehabilitación destinadas a la mejora de los elementos comunes de los edificios, y creará un centro de interpretación en la calle Sant Ramon del Call, en un edificio originario del siglo XVI. Este espacio, al que se accederá desde la plaza Manel Ribé -tras las obras que finalizarán a finales de 2007-, contará con una sala de exposiciones, un punto de información, una sala alternativa destinada a documentación y proyecciones, así como una tienda. El Ayuntamiento programa una serie de rutas por algunos de los espacios más emblemáticos de la judería de Barcelona.
Hasta aquí he citado lo que nos promete el honorable ayuntamiento. Creamos que sea así. Una ciudad tan sofisticada como es la capital catalana no puede olvidar sus raíces. E impregnadas en ella está la historia de la comunidad judía que vivió en ella y contribuyó a su prosperidad.
Moshé Yanai