domingo, 25 de marzo de 2007

Publicado por fpaya @ 17:49


“Hervás, los judíos los más” Historia de las juderías extremeñas (quinto artículo)

La presencia judía en Extremadura es muy antigua, y hay quienes le atribuyen una importancia capital en el desarrollo de esa región en el medievo. Lástima que no todas las comunidades extremeñas sepan apreciar esa contribución, y hay quienes intentan incluso ignorarla.
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Mérida parece haber sido la principal aljama de esta región, en donde hubo gran número de judíos desde tiempo inmemorial. Efectivamente, en la capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura, la antigua Augusta Emérita, se ha encontrado una inscripción latina del siglo II en la que se lee el nombre de Iustinus de la Flavia Neapolis, la Siquem de la Biblia, que ha sido fundamentalmente catalogado como judío. Otra lápida hallada en esa ciudad revela la existencia de judíos en el siglo VI o VII, y luego hay evidencia de que había judíos en esa ciudad y, posiblemente, en muchos otros lugares de la región. Pero después que se destruyeron los muros de la ciudad, el grueso de la población y, entre ellos, los judíos, se trasladaron a la vecina Badajoz. Consta que hubo judíos en la actual capital extremeña hasta la expulsión. En el siglo XIII Extremadura cae en manos de los cristianos, y en los Fueros de Coria (hacia 1210) y de Cáceres (1229), ambos firmados por Alfonso IX de León, se presta especial atención a los judíos.

Se sabe que los judíos extremeños se concentraron en las ciudades, y que estaban al amparo de los grandes señores y de las órdenes militares de Santiago y Alcántara, que se crearon para defender esos territorios reconquistados del dominio moro. En un registro de Sancho IV de 1283 se habla de las juderías de Cáceres, Coria, Alcántara, Valencia de Alcántara, Badajoz, Mérida y Jerez de Badajoz, hoy llamada Jerez de los Caballeros. En el padrón de Huete de 1290 se agregan las localidades de Plasencia, Trujillo y Medellín.

Con todo, el siglo XV habría de ser la verdadera época de esplendor de la judería en ese rincón español. Extremadura fue tierra de acogida para aquellos judíos que huyeron de los progromos de 1391, después sirvió de refugio a los judíos de Córdoba, Sevilla y Cádiz cuando se decretó su expulsión en 1483. Estos inmigrantes forzosos incrementaron el número de las juderías extremeñas en zonas tan definidas como: el Valle del Ambroz, del Jerte, la Vera de Plasencia y la Sierra de Gata, esto es, el norte cacereño.

Así mismo, aumentaron el número de pobladores de las juderías ya existentes, tal es el caso de Cabezuela del Valle, Trujillo o Plasencia, cuyas comunidades judías aparecen, desde antiguo, descritas como aljamas, esto es, comunidades que contaban con todas las instituciones necesarias para llevar una vida auténticamente judía: sinagoga, rabino, auxiliares de la sinagoga, cementerio, mikve, es decir baño ritual, Talmud Torá o academia religiosa, carnicería casher, horno comunitario, hospital para pobres y peregrinos, Bet Din o tribunal rabínico, así como un sistema de autogobierno propio. Y hasta existe un pueblo en donde sus habitantes suelen recordar con simpatía y un dejo de cierta nostalgia la presencia hebrea, y se escucha un refrán que dice “Hervás, los judíos los más”, como se verá más adelante.

Al cumplirse el plazo del Edicto de Expulsión, quienes se negaron a convertirse tomaron el camino del exilio pasando a Portugal por Valencia de Alcántara. Más tarde, al ser expulsados de Portugal, iniciaron la gran diáspora sefardí por los Países Bajos, Marruecos y el Imperio de la Sublime Puerta, llevando en sus "alkunyas", en sus apellidos, nombres como: Casseres, Coriat, Kuriat, Alburkerk, etc, que todavía evocan su vida en "Sefarad, la bien kerida".

A parte de los expulsados, los anusim, aquellos que cedieron a tantas presiones y se convirtieron al catolicismo, siguieron practicando el judaísmo en secreto, produciéndose este fenómeno en todas las capas sociales de la sociedad de la época; así, cuarenta años después de la muerte de Don Diego García de Cáceres, originario de Plasencia y lugarteniente de Don Pedro de Valdivia, el Conquistador de Chile, se supo que era un criptojudío.

El historiador Haim Beinart, en "Los conversos ante el Tribunal de la Inquisición", Barcelona, Riopiedras 1983, se refiere a la noticia de un buhonero judío de Cáceres que practicó el "berit milá", la circuncisión, a varios conversos de Ciudad Real. Hoy en día se puede detectar en aquellas familias que, sin saberlo, conservan aún costumbres judías como por ejemplo lavar la carne antes de guisarla.

Y, para terminar, no podría menos que mencionarse lo que afirma un historiador hispano: “...en muchos sentidos los judíos extremeños fueron los salvadores de la economía de aquella zona”.

Alcántara

La villa de Alcántara, en la franja occidental de la provincia de Cáceres limítrofe con Portugal, acoge a la Orden Militar de San Julián del Pereiro que recibe el patronímico de Alcántara en 1218. La Orden Militar repuebla los territorios rurales de Alcántara y Valencia con población hebrea a fines de siglo XIII.

La tradición oral emplaza la sinagoga en la ermita de la Soledad, en cuyo interior se localizó una inscripción con caracteres hebreos, que dice: “Hizo esta magnificencia don Mosé Lerma - hijo del honrado rabí Ishaq Lerma. Descanse en el Edén el año Hinnám”. Es posible que la comunidad hebrea se estableciese por el entorno de la ermita de la Soledad, entre la Plaza de la Corredera y la Plaza de España. Dicha comunidad se convierte en aljama en 1489.

Las poblaciones fronterizas, tras el edicto de expulsión de los judíos, son un corredor migratorio de cristianos nuevos cacereños y portugueses perseguidos por las Inquisiciones de Évora y Llerena en los siglos XVI al XVIII, que buscan refugio temporal en uno u otro lado de la frontera.

Badajoz

En esta ciudad extremeña a orillas del Guadiana vivieron judíos desde la época muusulmana. Esta aljama pasó por todas las vicisitudes que afectaron al judaísmo hispano, hasta la Expulsión. La ciudad fue muchas veces escenario de autos de fe, ya que los conversos pretendían profesar una religión en la que no creían. Se sabe que en 1635 lograron huir a Portugal unos 150 criptojudíos, acusados de haber practicado las ideas iluministas que se habían desarrollado allí unos años atrás.

Cabezuela del Valle

Se trata de un pequeño y pintoresco pueblo, aunque es el municipio principal del Valle de Jerte en la provincia de Cáceres. La Judería, que en su momento tuvo importancia, estaba extendida, según documentos, por ciertas calles apartadas del lugar, y a finales del siglo XV se les quedaba estrecho el sitio. Los Reyes Católicos les conceden la facultad de ampliar la judería de forma y modo que puedan realizar cómodamente en ella sus oficios. Pero, véase que la suerte no les acompaña a los judíos de ese rincón extremeño: antes de transcurrido un año, tienen que dejar sus viviendas recién adquiridas para marchar al exilio definitivo, obedeciendo el Decreto de Expulsión de 1492.

Cáceres

Lo que parece ser el principal vestigio de la presencia judía en esta ciudad extremeña se encontraría en la ermita del Espíritu Santo, que aunque está en las afueras habría sido sinagoga antes de 1492. Tal como es descrita por Cantera Burgos, está dividida en tres naves, pero a su ancho está separada por dos arquerías de tres arcos de ladrillo que descansan sobre pilares octogonales, en forma muy parecida a la construcción de la famosa Santa María la Blanca de Toledo. Se trata de una arquitectura mudéjar, que contrasta con la forma de la capilla mayor, que tiene un estilo gótico más tardío.

En el Repartimiento hecho a los judíos por el Rabí Jacob Aben Núñez, el juez mayor de los judíos en tiempos de Enrique IV de Trastámara, fechado en 1474, la comunidad judía de Cáceres aparece descrita como aljama, aportando al erario real la cantidad de 8.200 maravedíes. Este cuantioso tributo la situaba entre las cinco primeras aljamas de Castilla. En los siglos anteriores la judería de Cáceres no aparece citada como aljama; esto, además de indicarnos la tendencia creciente de la demografía judía en Cáceres durante el siglo XV, nos lleva a la matización de que la judería de Cáceres, antes del siglo XV, dependería de la aljama de Trujillo para todas las cuestiones religioso-jurídicas.

El aumento de la población judía en Cáceres en particular, y en Extremadura en general, durante el siglo XV, se debe a dos factores. El primero de ellos a la tranquilidad que les ofrecía esta tierra, poco poblada aún y libre de prejuicios antijudíos, el segundo factor, que seguramente tuvieron en cuenta, fue la proximidad con la frontera de Portugal que les facilitaría la huida en caso de necesidad. Prueba de ello es que Don Isaac Abravanel, el que fuera el lider carismático de los expulsos en 1492, después de que Don Abraham Señor y su yerno Meir Melamed se bautizaran en Guadalupe, determina asentarse en Segura de León, en la actual provincia de Badajoz.

En 1479 la judería de Cáceres contaba aproximadamente con 130 familias, esto es, 650 vecinos judíos, para un total de población en torno a los 10.000 habitantes según Lacave,"Juderías y sinagogas españolas". Madrid. Colecciones Mapfre, 1992. Otros autores como Floriano Cumbreño cifran en 2.000 el número de habitantes que tendría Cáceres en el siglo XV. Entre estos vecinos judíos estaban: Don Rabí Raime y su esposa Dña. Ravira, sus vecinos Don David Cohen y su mujer Camila. También aparecen citados en documentos los nombres de Haim Alveila, Vidales, Isaac Molho, y Abrahám Abenaex. Otros personajes que aparecen desempeñando funciones tributarias en Cáceres y Trujillo eran: Salomón Abenaex, Yehudá Abenatabe, Efraím Barchilón, Abrahám Barchilón, Moshé Alfandarí e Isaac Follequinos.

El espacio vital en el que vivieron estos hombres y mujeres de la comunidad judía de Cáceres en el siglo XV se desarrollaba en dos zonas claramente diferenciadas, la Judería Vieja "intra muros", es decir, en el interior del recinto amurallado, y la Judería Nueva "extra muros", situada fuera de la ciudad monumental en torno a la magnífica plaza Mayor de la ciudad.

Por otra parte, otra fuente indica que el barrio judío se encontraba en el actual Barrio Monumental, cuya calle principal, la de San Antonio, tiene una pequeña ermita que fue previamente una sinagoga o edificada sobre la que habría allá.

Casar del Palomero

Esta localidad perdida en la sierra tuvo una pequeña comunidad judía, cuyo emplazamiento exacto es conocido por todos sus habitantes. Se halla casi enfrente del santuario, ahora una ermita cerrada. Y hay en la esquina de la plaza de la judería, una casa que habría sido la residencia del rabino. Casar del Palomero fue escenario de uno de los eventos que caracterizaron el modo de proceder de un pueblo enardecido y agitado por fanáticos provocadores. En la puerta de esa ermita, entre las dos vertientes de la cuesta, se puede leer una inscripción que dice: "En este lugar del puerto del Gamo, miembros de la comunidad judía de Casar del Palomero apedrearon la Cruz Bendita el Viernes Santo, 25-III-1488". Realmente, resulta difícil pensar que en aquella época, en la que los hebreos estaban muy atemorizados por ser objeto de tan crueles persecuciones, hubiera alguien que se hubiera atrevido a cometer semejante acto. Se trataba, aparentemente de una artimaña, para pasar a cuchillo a todos los judíos locales, y hacerse con sus propiedades. Y así efectivamente ocurrió. No quedó ni uno, y su sinagoga fue convertida en ermita, llevándose allí en una gran procesión la cruz "profanada", para que sirviera de escarmiento a todos.

Coria

Alfonso VII conquista la ciudad en 1142 iniciándose décadas después la repoblación con colonos judíos. El privilegio real concedido por Alfonso IX a Coria a principios del siglo XIII articula una codificación tolerante que reglamenta la vida de la comunidad hebrea así como de los cristianos y musulmanes que la habitan.

En el período del rey Sancho IV, a fines del siglo XIII, la repoblación hebrea se consolida, cuya aljama contribuye en el pago del impuesto regio del pecho de los judíos. En el distrito episcopal de Coria destacan las juderías de Alcántara, Brozas, Cáceres, Galisteo, Gata Garrovillas, Santa Cruz, Valencia de Alcántara, Villanueva de la Sierra, etc. A fines del siglo XIV la sinagoga está en la Plaza de San Juan, en donde permanece hasta el decreto la expulsión de los judíos.

En el siglo XV los judíos de Coria se establecen en las proximidades de la Puerta de la Ciudad, hoy Ilamada Puerta de la Guía, donde reside, entre otros, Sento Abeara. Sin embargo, Jacob Arrueste, Samuel Leví y la familia Cerfaty viven en la Plaza Mayor. En 1474 la judería de Coria se sitúa entre el bloque de casas establecidas en la Puerta de la Ciudad, la calle del Albaicín y la muralla romana. Algunos de sus habitantes son Mosé Çerfaty, Yuçé Levi y Yudá de Alba.

La familia Yudá de Alba procede de la villa de Alba de Tormes (Salamanca), que traslada su residencia a Coria al tiempo que el duque de Alba adquiere el señorío de Coria en 1470. Yudá de Alba es uno de los judíos más importante de la comunidad hebrea. Trabaja para el duque de Alba y como recaudador de impuestos para el cabildo catedralicio. Se exilia con su familia a Portugal en 1492 convirtiéndose al cristianismo con el nombre de Diego González de Alba, a fines de 1497, presionado por la política antijudía del rey portugués don Manuel.

El decreto de expulsión de los judíos en 1492 motiva la desintegración del judaísmo en la ciudad de Coria. Yudá de Alba, Yuçé Levi y Mosé Çerfaty se exilian en Portugal. Otros como Rodrigo Álvarez, de profesión sastre, recibieron las aguas bautismales, pero siguieron practicando el judaísmo. Rodrigo Álvarez fue condenado por la Inquisición extremeña a principios del siglo XVI y algunos de sus bienes y deudas confiscados.

Garrovillas

“Garrovillas de Alconétar se sitúa en la comarca de Alcántara. (No lejos de la ciudad de Cáceres) Su historia comienza a escribirse tras la reconquista de esta franja. Durante los siglos XIV y XV fueron tres las culturas que convivieron en el pueblo, y cada una de ellas supo dejar su huella con mayor o menor fortuna, destacando la plaza porticada como nexo de unión entre ellas. La comunidad hebrea se establecería a partir del siglo XIV. Visitar la Vieja Villa y perderse por calles y callejas como la de Juderías, del Rey, Nueva o Plaza Vieja es trasladarse a un pasado que está todavía presente”.

Hasta aquí el texto oficial de turismo provincial. Lo que no nos revela es que en la iglesia de San Pedro de ese pueblo hay un calvario que se conoce como El Cristo de las Injurias. Se lo llama así por los ultrajes que los aldeanos dicen sufrió la imagen de pretendidos judíos profanadores.

Es interesante constatar la decadencia demográfica de esa localidad. En el siglo XVI, cuando habría una judería de la que no se ha hallado ningún detalle, la población superaba según algunos autores los 7000 habitantes. En la primera mitad del siglo XIX había 6100 habitantes (con lo que era la tercera población de la provincia).En 1996 había 2557 habitantes y en 2006, quedaban solamente 2.411.

Hervás

En este perdido pueblo extremeño todavía se dice que "en Hervás, judíos los más". Y efectivamente fue su aljama a lo largo de la Edad Media, una de las fundamentales en el desarrollo de Castilla. Lo interesante es que los habitantes del pueblo no tratan de encubrir su pasado, sino que todo por el contrario aparecen estar muy ufanos de haber sido un lugar tan influyente en la historia judía de España, y cuidan que esté bien aseado. Y hasta afirman que muchos de ellos son descendientes directos de esos hebreos.

Véase lo que se ha leído en un sitio de Internet dedicado al tema: “La mejor forma de comprender a esta localidad y sus habitantes es acudir a Hervás un día antes de la representación de la obra ‘Los Conversos’. De este modo, se encontrará un barrio judío en el que es fácil imaginar a niños jugueteando por la calle, a mercaderes y viñadores o alguna estrella de David, junto con menorás, talits o kipás.

“Todo Hervás homenajea a sus antepasados y lo hace durante varios días, convirtiéndose en aquellos judíos que dieron gran esplendor al lugar durante la Edad Media. ¿La culminación? La representación de la citada obra teatral, en la que también todos los papeles son representados por hervasenses. Una trama que se adentra en el sufrimiento de los judíos en 1492 ante su inminente salida a España, el padecimiento de los que se quedaron, los conversos y el temor de todos por mantener la "sangre limpia" o, al menos, aparentarlo, y evitar la hoguera. Un fascinante viaje al pasado y a una no menos apasionante cultura: la judía”.

Hace unos años el ex Presidente Itzhak Navón estuvo en esa localidad, y en el reportaje televisivo producido en esta oportunidad señaló que mientras que en toda Extremadura la tasa de desocupación llegaba entonces a un 20%, en Hervás era cero. Luego, acompañado por dos representantes de la municipalidad recorrió el pueblo y conversó con varios de sus vecinos, que lo recibieron con evidentes muestras de cortesía. Y llegó hasta una vieja casona en la que se había colocado una placa que decía "Calle de la Amistad Judeo-Cristiana".

Guadalupe

En esta pequeña aldea extremeña los conversos habían creado una suerte de comunidad aparte, y vivían reunidos en una calle. Afírmase que en las épocas de tolerancia, los cristianos iban allí los sábados para contemplar las costumbres judías. Judíos y conversos vivían en la antigua calle Veneno, en la actualidad un ramal de la Plaza Mayor, que concluye en el Arco del Chorro Gordo. Otros vestigios de la herencia hebrea y conversa, con la antigua pila bautismal del monasterio, que puede encontrarse en la Plaza Mayor, en la entrada del santuario, donde Abrahám Seneor, su yerno Meir Melamed y otros familiares recibieron las aguas bautismales el 15 de junio de 1492. En el interior del santuario se aprecia el maguén David en la portada mudéjar de la antigua farmacia, situada en el ala norte del claustro gótico, así como varias estrellas de David en la puerta principal de acceso al templo.

En 1485 la Inquisición se estableció en Guadalupe, y sólo en un año murieron en la hoguera 52 judaizantes, 48 cadáveres fueron desenterrados y quemados, así como las efigies de 25 conversos que habían huido. Estas medidas de la Iglesia descubrieron un nuevo fenómeno: algunos conversos se habían hecho frailes para poder practicar así el judaísmo con mayor seguridad. Aunque parezca una anomalía, lo cierto es que la quema de uno de ellos, Diego de Marchena, fue entonces motivo de gran sensación. El prior de la Orden de San Jerónimo, al que pertenecía ese fraile, resolvió llevar a cabo investigaciones en todos los monasterios, y no admitir nuevos cristianos en su filas.

Llerena

Esta localidad extremeña señala la presencia de un importante núcleo judío, que fue instrumental en convertirla en una “población próspera con altos niveles económico y culturales”, según reza un historial de Llerena. Agrega que “Se produce una convivencia pacífica entre las tres culturas: cristianos, judíos y musulmanes. En el año 1479, el judío Rabí Mayr consiguió que los Reyes Católicos eliminasen n la prohibición de que los judíos celebrasen ferias y mercados, existente en el reino de Castilla. Esto permitió mejorar los niveles económicos de la ciudad y permitió la creación de la escuela de traductores. En esta época había 600 familias judías en Llerena que vivían en los alrededores de la sinagoga (ermita de Santa Catalina) y la Fuente Pellejera. Al firmar los Reyes Católicos el decreto de expulsión de los judíos en 1492, se quedarán 125 familias judías que pasan a ser judeoconversas.

Mérida

Como ya se indicó previamente, fue la capital extremeña lugar de una importante judería en el medievo. Lamentablemente pareciera que el Ayuntamiento de Mérida no quisiera reconocer su pasado judío: no se ha encontrado mención alguna sobre la presencia judía en el sitio oficial de esa alcaldía en Internet, en contraste con la amplia información ofrecida por otras ciudades extremeñas.

Plasencia

Plasencia fue el foco principal del judaísmo en la Alta Extremadura, afirma el investigador e historiador Marciano de Hervás, autor del libro “Historia de los judíos de Plasencia”. En esa obra indica que los orígenes del judaísmo placentino están vinculados a la fundación de la ciudad por Alfonso VIII en 1186, quien garantiza en el fuero la repoblación judía y la igualdad de los judíos ante la ley. Los judíos se establecen en la Mota en cuyo lugar establecen la judería y una sinagoga, “la mejor y más antigua que había en toda Extremadura”, al lado del actual Palacio de Mirabel.

En 1217 el pontífice Honorio III prescribe el uso obligatorio de una señal o distintivo en la ropa de los judíos placentinos para diferenciarles de los cristianos, pero Fernando III intercede ante el pontífice porque la medida discriminatoria entorpece su política colonizadora suspendiendo la medida en 1219.

De las cuatro aljamas que habitan en la diócesis a fines del siglo XIII, establecidas en Plasencia, Béjar, Medellín y Trujillo, es la placentina la más poderosa económicamente sin alcanzar el desarrollo demográfico de las grandes aljamas urbanas de Castilla. La aljama de Plasencia goza de autonomía jurídica para celebrar sus pleitos civiles y criminales entre judíos en un tribunal exclusivamente judío (en hebreo, bet-din) administrando justicia según las leyes de la Torá. En cambio, los juicios mixtos se resuelven en un tribunal de arbitraje formado por un juez judío y otro cristiano que se reúnen en el atrio de la iglesia de San Nicolás.

La situación jurídica de los judíos experimenta notables cambios a fines del siglo XIII. En esta época de crisis se proyectan las súplicas de las ciudades de Castilla y de los procuradores de Plasencia a los reyes para alejar a los judíos de los cargos públicos, cuyas peticiones derivan de intereses sociales, económicos y políticos antes que religiosos.

En los siglos XIII y XIV los judíos residen en la Mota pero también en otros lugares de la ciudad como la Plaza Mayor, calle Don Marcos (hoy Santa Isabel), Rúa Zapatería y Trujillo. Los conflictos antijudíos que asolan a las aljamas de Castilla salpican también a la comunidad judía de Plasencia. En 1412 el concejo establece en la Mota una judería cerrada y apartada del trato de los cristianos, levantándose una cerca desde la Puerta de Coria hasta las casas grandes de Tel Díaz con un postigo de acceso a la judería. Hacia 1420 los judíos abandonan el apartamiento cerrado de la Mota estableciéndose en los cantones de la Plaza Mayor y la Rúa Zapatería en casas que alquilan al cabildo mayor, compartiendo el espacio urbano con miembros de la nobleza y de la administración civil.

El converso don Gonzalo García de Santa María, hijo del que fuera rabino de Burgos don Selomó ha-Leví, es obispo de Plasencia de 1425 a 1448 desplazándose a la ciudad con canónigos familiares de su círculo de confianza, que sitúa en los puestos claves de la catedral.

Hacia 1439 la comunidad judía atraviesa un período de crisis que motiva en la corona la reducción de impuestos. Sin embargo, el judaísmo placentino cobra vitalidad durante el señorío de los Zúñiga (1442-1488).

El cementerio judío viejo y nuevo se hallaba en el Berrocal pero no ocupaba toda la zona. En mayo de 1492 los judíos venden el cementerio al deán Diego de Jerez “con toda la piedra e cantería que en ellos está e en cada uno dellos labrada y por labrar, asy sobre las sepolturas e enterramientos”. Pero en noviembre los RRCC. contravienen la venta donando al convento de San Vicente “la pyedra e ladrillo que en el onsaryo e enterramiento de los judíos de la dicha çibdad de Plazençia estoviere para la obra de la yglesia del dicho monesterio que agora se fase”.

Como siempre, los nobles obran sin miramiento alguno frente a los judíos. En 1477 los condes de Plasencia confiscan la sinagoga y judería de la Mota para ampliar las dependencias de su palacio -hoy de Mirabel- y del convento de San Vicente Ferrer -hoy Parador Nacional de Turismo- , aunque el apartamiento judío decretado en la ley de Cortes de 1480 determinan la construcción de una segunda sinagoga y judería en los solares de Algeciras, propiedad de la familia Carvajal, en la calle Trujillo. La sinagoga se construye en el solar ocupado actualmente por el palacio de los Carvajal, convertida en iglesia de Santa Isabel en 1494, y quemada en la Guerra de los Comuneros en 1521.

Her4vás señala que entre otras actividades los judíos se dedicaban a la medicina a diversos artes y oficios y al arrendamiento de impuestos fiscales. Predominan sobre los cristianos en las subastas de las pujas de las rentas de las alcabalas y tercias de la familia Zúñiga entre los años de 1454 y 1488, pero esto no significa que controlaran el sistema fiscal. Hay un colectivo judío que alterna sus labores profesionales con el ejercicio del arrendamiento de las rentas fiscales como complemento económico familiar, en cuyo papel intervienen rabinos, traperos, tundidores, jubeteros y sastres.

A finales de octubre de 1488 la corona se anexiona la ciudad y tierra de Plasencia nombrando a don Yuçé Abrabanel arrendador de las rentas de la ciudad, que se instala con su familia. Dos años después estallan los conflictos entre cristianos y judíos, latentes en la ciudad desde comienzos del siglo XIII. Regidores, caballeros, escuderos y hombres buenos de Plasencia pretenden desplazarles de la judería de la calle Trujillo, alegando que el apartamiento no respeta la ley de Toledo de 1480. Asimismo la ciudad quiere apoderarse de la sinagoga y las casas de la judería temiendo los judíos por la seguridad de sus vidas. Y el licenciado Segura comete vejaciones contra los judíos que ataja la corona tomándoles bajo su protección.

Decretado el edicto de expulsión, los judíos placentinos malvenden sus propiedades a terceras personas exiliándose en Portugal. Algunos regresan a la ciudad convirtiéndose al cristianismo entre los años de 1493 y 1494. Se supone que algunos mantiene su fe en secreto como el médico Tomás de Paz.

Trujillo

La ciudad de Trujillo y su zona fue uno de los puntos de más antiguo establecimiento de judíos en España, se indica en un interesante estudio realizado por José Antonio Ramos Rubio sobre antecedentes de la judería de esa localidad extremeña situada cerca de Cáceres. Esta afirmación queda probada con el hallazgo de una lápida con caracteres hebreos de época romana, en la muralla que circunda la villa junto a la destruida puerta del Oreto. Dicha inscripción se encuentra en la actualidad en el antiguo conventual de San Francisco. Aparte de ella y otra más localizadas en el muro septentrional del Espolón, no tenemos ningún documento que nos ofrezca noticias de la comunidad judía trujillana hasta el padrón de Huete de 1290.

En el siglo IX la comunidad judía de Torgiella dependía de la autoridad judicial judía de Mérida, que por aquel entonces era la comunidad hebrea más grande la parte occidental de la península Ibérica. Y es muy probable que la judería trujillana recogiera alguno de los judíos que a lo largo del siglo IX salieran de Mérida, ciudad de constantes rebeliones frente a los emires de Córdoba, al destruir Muhamad sus fortificaciones, al no querer vivir en una ciudad sin defensas.

Según una antigua tradición recogida por el cronista hispano hebreo del siglo XII, Abrahán ibn Dauid, crónica hebrea titulada Séfer ha-Qablalá, hubo muchos de los deportados por Tito a la península Ibérica que se establecieron en Mérida, lo cual nos hace pensar que entre estos deportados, debido a la cercanía de Trujillo y Mérida, se encontraron algunos de los primitivos judíos que se asentaron en esa ciudad y su zona. Continuando con la tradición de Daud, nos dice que la mayoría de los judíos, que en aquel tiempo se asentaron en la península eran artesanos dedicados al trabajo y comercio de la seda, los paños, los cueros, etc.

Valencia de Alcántara

En el límite oeste de la provincia de Cáceres, junto a la frontera portuguesa, la Villa de Valencia de Alcántara se localiza en un valle envuelto por la rivera del Avid. En el interior del espacio fortificado antiguo, pocos vestigios subsisten del núcleo urbano primitivo. Se conservó, sin embargo, al noroeste del castillo, un conjunto urbano medieval conocido como Barrio Gótico o Barrio Judío. Este barrio, constituye un interesante ejemplo de espacio judaico que se remonta por lo menos hasta el siglo XIII, donde las marcas de cristianización de las casas son evidentes. Aquí se realizó en 1497 el enlace de la infanta Doña Isabel con el Rey de Portugal Don Manuel I. El enlace real pudo haber contribuido a la preocupación del barrio para cristianizarse, visitado por la Inquisición, como puede observarse en la Piedra de Armas de la calle Bordalo.

En el cruce de la calle Gasca con la calle Pocito se alza el edificio de la Sinagoga Medieval. Aunque, exteriormente, no despierte la atención su interior revela una funcionalidad religiosa. Una de las entradas del edificio, permitía al creyente estar frente a la pared de oración, orientada al sudeste, donde estaba colocada el Arca. Junto a esta pared todavía se observa un afloramiento rocoso acorde a la tradición de dejar una pared sin remolcar en las sinagogas. La sala de oración, de trazos arquitectónicos simples, desenvuelve una planta subcuadrangular de cuatro columnas centrales que definen el espacio de la Bima, o la plataforma para el oficiante del servicio religioso.

Al noroeste se encontraría la sala de las mujeres o un vestíbulo. Las características arquitectónicas del edificio permiten pensar que esta sinagoga siguió el modelo constructivo de las sinagogas sefardíes.

Zafra

También en esta ciudad ganadera había una judería. Véase abreviado el informe que se ha encontrado sobre el particular: La judería estaba situada en las actuales calles de de San José, Sor Ángela de la Cruz, Badajoz, Pozo y Alfonso XI. La Casa de Feria siempre se distinguió por el amparo prestado a los industriosos judíos de Zafra, ya que constituían una importante fuente de tributos.

De la tutela señorial a la cultura hebraica es ejemplo el patrocinio (en 1419 y aquí, en Zafra) de la primera traducción al castellano de la Guía de Perplejos de Maimónides, la más antigua de cuantas traducciones se hicieran a lenguas vulgares de esta obra fundamental de su espiritualidad. Las calles que conformaban la antigua judería aún conservan ese tan evocador aire de aljama y son aledañas a la que fuera sinagoga de la villa, actual capilla de San José o de Santa Catalina la Vieja.

La vieja sinagoga es probable que se conserve más íntegra de lo que parece. Su sala de amplias proporciones se articula con arcos con una sencilla labor de lazo a la altura de los capiteles. La portada gótica, con semicolumnas tersas, ha perdido la simbología hebraica que debió ostentar en las enjutas. Todo parece obra de la segunda mitad del siglo XV, poco anterior a la expulsión. En la judería debe visitarse la diminuta Capilla del Cristo del Pozo, cuyas raíces la tradición popular entronca con la simulación de los conversos.

Moshé

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