domingo, 25 de marzo de 2007
La latente huella judía en el país del cierzo. Las juderías aragonesas (sexto capítulo)
Como en el resto de la península, hubo juderías en Aragón Y como en los demás casos, aunque tuvieran épocas de relativa tranquilidad, fueron acosados por disturbios y perseguidos con villanía hasta que se borró una presencia que tanto habría de contribuir al progreso de ese reino.
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Existen razones para creer que los primeros judíos llegaron a Aragón en los años inmediatos a la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, aunque no existe prueba documental alguna que se remonte más allá del concilio de Elbira (306) donde algunos de sus cánones dan muestras de ciertas fricciones en la convivencia judeo-cristiana. Pero cuando los árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar ya había asentamientos judíos en las ciudades visigóticas como Turiaso, Osca y Cesaraugusta, más tarde llamada Zaragoza. No obstante, los primeros rudimentos jurídicos, judiciales y de autogobierno se acrisolarán en los siglos X y XI en las principales ciudades aragonesas bajo la égida musulmana: Ejea, Huesca, Barbastro, Tarazona, Borja, Zaragoza, Fraga, Calatayud, Daroca y posiblemente Alcañiz y Albarracín. En 1035 se produjo la escisión de esta región del reino de Navarra, constituyéndose en un reino independiente. Se sabe que en 1062 había judíos en Jaca, su antigua capital, y en 1099, en Montclus. El código de Calatayud redactado en 1131, concedía una amplia medida de derechos civiles a los judíos del reino.
Es interesante lo que relata el historiador Miguel Angel Matis Dolader, de la Universidad de Zaragoza: “La aljama de Zaragoza en 1175 es la primera comunidad jurídica organizada con órganos de gobierno propios de todo Aragón. Según los padrones fiscales de 1271 y 1274 se configuran dieciséis comunidades que tributan autónomamente: Calatayud -con Ariza y Ricla-, Daroca, Ruesta, Ejea,Tauste, Borja, Tarazona, Uncastillo, Montclús, Huesca, Barbastro, Jaca, Teruel, Zaragoza, Alagón y Monzón, incorporándose en 1294 la de Biel y Sos, no así Albarracín, que disfruta de un periodo de gracia tras su conquista”.
Si bien es cierto que los judíos tuvieron una vida similar en las distintas regiones de España, se debe tener en cuenta que se perfilan ciertas diferencias en la idiosincrasia de los habitantes de los diversos reinos que constituían la España reconquistada del medioevo. Los aragoneses se afanaban casi exclusivamente en las tareas del campo, en una época en que la burguesía catalana se dedicaba con ahínco al comercio y la artesanía, Aragón seguía en poder de señores feudales, que tuvieron no pocos conflictos con los reyes. Tal vez por estas circunstancias no se tiene noticia de la presencia de numerosos judíos hasta que el reino se une con el Condado de Barcelona, en la época de Ramón Berenguer IV. A partir de esa fecha (1137) proliferan las comunidades judías. Pero los hebreos radicados en Aragón tuvieron como dueños a los reyes y a los señores feudales, además de la enorme gravitación que tenía la Iglesia. Con el curso del tiempo, y como en el resto de la península, las persecuciones racistas disminuyeron la importancia de esas comunidades, sobre todo en las terribles matanzas de 1391, las que luego desaparecieron por completo en la Expulsión.
Es digno de mención que en algunos casos los judíos preferían acogerse al Derecho aragonés frente al talmúdico, según indica el historiador e investigador Miguel Angel Motis. Afirma que ello solía ocurrir cuando se trataba de cuestiones testamentarias, problemas de viudedad o los contratos matrimoniales, ya que dispensaba una mayor protección a la familia y a la mujer. Desgraciadamente, cuando se creó la Inquisición, un tribunal castellano que además de contra los judíos se instituyó contra las leyes aragonesas, si un judeoconverso era denunciado por herejía, todas esas ventajas desaparecían.
El citado estudioso ha realizado últimamente una ímproba labor para difundir el rico pasado judío de la región. Se trata del “Proyecto Espacio Sefardí”, un vasto proyecto para recuperar la memoria del judaísmo en esa región española, que tuvo, como en el resto de la península, tan dramático fin.
Efectivamente, la presencia judía fue decreciendo hasta que se borró del todo. Un informe emitido a fines de 1414 sobre el estado de las juderías “en la franja oriental del reino”, afirma que en Alcañiz, Caspe, Maella, Alcorisa y Molinos subsistían quince casas de judíos, mientras que en Fraga habría desaparecido la aljama. En el caso de Tamarite, los judíos fueron deportados al exterior de la villa en 1412 y su sinagoga consagrada al rito cristiano. “Aínsa y Barbastro en 1415 oficialmente ya no estaban habitadas por judíos, y Montalbán, cuya aljama había sido configurada mediante cédula otorgada por Jaime II en 1309, llegando a contar unas treinta familias, veía partir a la última de ellas en el verano de 1415. Monzón, que se nutría de una comunidad acaudalada gracias a la industria textil y la peletería, constituye la excepción. En el monedaje de 1397 se contabilizaron 87 cabezas de fuego judíos, pasando a 147 en 1451 lo que supone un incremento del 70%.
Entre otros, los siguientes factores incidieron negativamente en el cómputo poblacional: elevado índice de viudedad; en algunos puntos del reino una de cada cuatro mujeres perdió su marido; conversión al cristianismo de varones y hembras en edad fértil: es más rara la conversión en la madurez o la vejez; elevada mortalidad infantil que exige un número mayor de alumbramientos para lograr vástagos sobrevivientes; reducción de la esperanza de vida, que conduce a que en determinadas juderías, sólo la mitad de los hijos que cumplen la mayoría de edad conozcan vivo al padre.
Se indica que al ser expulsados los judíos en 1492, existían en Aragón unas cincuenta comunidades que totalizan entre ocho mil y nueve mil personas, las cuales configuran una pequeña porción de los cerca de cien mil judíos que vivían en los Reinos Hispánicos.
Las Cinco Villas
Durante más de mil años el pueblo judaico estuvo instalado en muchos puntos de la geografía aragonesa, compartiendo esas tierras con otras civilizaciones y culturas, de “una manera respetuosa y generosa”, señala un informe preparado por las autoridades del Gobierno de Aragón. Así, “cristianos, musulmanes y judíos, convivieron durante siglos en la Comarca de las Cinco Villas, y en ella se puede descubrir hoy, sin aglomeraciones y en el estado más puro, el paso de las distintas culturas. Esta ruta por las juderías pretende realizar una aproximación al pasado sefardita de la comarca, a través de las diferentes aljamas que nacieron en esta tierra durante los siglos XI y XII, y que se extendieron por toda ella gracias a las cartas de población y a los incentivos fiscales.
La localidad de Tauste es el punto de partida de este viaje al pasado hebraico de la Comarca. En las actuales calles de San Bartolomé, Pedro IV de Aragón y López Arbizu se encuentran las huellas de los antiguos judíos que poblaron esta localidad antes de su expulsión en 1492.
Paseando por estas calles todavía se puede ver la fachada del edificio que con toda seguridad fue la sinagoga, junto a la pequeña ermita de San Bartolomé. Entre una y otra existe una casa adosada años después, pero que en tiempos debía ser la entrada a la sinagoga. Se cree que los seis arcos que se conservan en la fachada y otros que ya no existen representan a las doce tribus de Israel.
El siguiente punto en el camino es Ejea de los Caballeros, actual capital de la Comarca. Su barrio judío se localiza donde actualmente está el Barrio de la Corona, uno de los núcleos más importantes con una población de casi 300 judíos y que fue considerado la quinta Aljama de Aragón. Ahora se está realizando un proyecto de recuperación del casco histórico, así como la puesta en marcha de un Centro de Interpretación sobre la medicina y la astrología judía medieval y que sirva a su vez de centro director sobre las demás juderías que existen en la Comarca.
Dejando atrás Ejea, los pasos del visitante deben dirigirse hacia Luna, localidad situada al pie de la sierra, en la vega del río Arba de Biel. Luna goza de un urbanismo medieval que invita al viajero a volver al pasado, con su plaza mayor porticada como elemento más emblemático, además del barrio judío con un espacio sefardí. Este barrio, centralizado en torno a las calles de Puyfranco y Codillo, es otro de los asentamientos hebraicos de la Comarca, cuyos orígenes se remontan al siglo XII.
Desde Luna, la ruta continúa su camino hasta llegar a Biel. La judería de Biel está situada al norte de la población y ocupaba lo que actualmente es el Barrio Verde. Esta judería fue la segunda aljama de importancia de la comarca cincovillesa, después de la de Ejea, ya que más de la mitad de la población que vivía a principios del siglo XV era judía.
El municipio tenía dos centros principales, el social que era la zona comercial y el espacio donde se celebraban días festivos, esta zona correspondería con la plaza de la Caudevilla y otra zona para actos religioso situada en la calle Barrio Verde donde se situaba la sinagoga. Como curiosidad, las diferentes procesiones que actualmente se celebran en Biel, no van por la calle Barrio Verde, haciendo así un extraño recorrido porque, según cuenta la tradición, no puede pasar por delante de 'la iglesia de los judíos'.
Indícase que en el momento de la expulsión, el 70% de la población que pagaba impuestos -unas 300 personas- era hebrea, ya que, durante la Reconquista, hacia el siglo XIII, se había repoblado con judíos procedentes del sur de Francia. La mitad de ellos se exilió en Sangüesa pero, cuando en 1498 el rey de Navarra decretó también la expulsión, las tres cuartas partes volvieron a casa y sólo un 30% salió fuera de España con destino a Nápoles. O sea que, al final, casi el 90% de los judíos de Biel prefirió convertirse y quedarse. Lo hicieron con los apellidos Navarro, Sánchez y González, que abundan en la población.
A continuación se visita la localidad de Luesia, municipio de urbanismo y de caserío medieval, en el que el visitante puede pasear por el barrio judío que aún conserva, y además, descubrir la Casa Consistorial, del siglo XVI, así como palacios y casas señoriales del mismo siglo, que junto con las edificaciones románicas y el castillo fortaleza del siglo X configuran una relevante joya arquitectónica y monumental.
La ruta lleva al visitante a Uncastillo. Esta población conserva intacta su judería, que en un principio se situaba en los alrededores de la peña Ayllón, asentamiento originario del castillo. Aunque poco a poco la población judía fue descendiendo por los callizos hasta vertebrarse a través de la calle Barrionuevo.
El barrio quedó delimitado mediante portales que se cerraban por la noche o en caso de peligro. Es interesante observar la hendidura que hay tallada en la mayoría de las jambas de las puertas donde se colocaba el mezuzah, y que ahora en muchos edificios está sustituido por cruces.
El cementerio se encontraba a extramuros, sin que el cortejo fúnebre atravesara el barrio cristiano. Para ver los restos que quedan del cementerio se debe atravesar el puente de Barrionuevo y llegar hasta el complejo deportivo del municipio.
Por último, esta ruta hebraica lleva al aventurero a Sos del Rey Católico. El barrio judío de Sos es, en la actualidad, el Barrio Nuevo. Recorrido por una calle, desde ella salen vías que llevan a parte del pueblo y callejones que se pierden dentro del propio barrio, como por ejemplo la calle 'Sal si puedes'.
La plaza de la sartén es un lugar pintoresco dentro de este barrio al que se le atribuye este nombre por mantener una forma parecida a la de una sartén. En las puertas de muchas casas puede descubrirse que suerte corrieron los moradores de las mismas cuando la expulsión de los judíos se llevó a cabo, puede verse, por ejemplo, una cruz y la mezuzah tapada, eso quiere decir que el habitante se convirtió al cristianismo borrando así su pasado”.
Se podría agregar: este último dato indicativo del triste final que el informe del Gobierno de Aragón omite señalar en esa descripción de promoción turística
A continuación un detalle de otras juderías que hubo en esa región:
Alcañiz
A principios del siglo XIV se establecieron treinta familias judías bajo la protección de la Orden de Calatrava en esta ciudad aragonesa, a las que se agregaron algunas más hacia fines de ese siglo. Pero esa floreciente comunidad judía huyó en su mayoría luego de las matanzas de 1391 para ir a lugares -que suponían- serían más seguros. Sin embargo, para impedir esa inmigración se impuso un impuesto especial sobre cada uno de ellos, denominado capbreu, o sea por cabeza de hebreo. Posteriormente, cuando Fernando de Antequera asumió el trono de Aragón en 1412, envió una carta de amonestación a "los hombres buenos" de cierta ciudad aragonesa, que se cree era Alcañiz. El caso es que los judíos locales se habían quejado al monarca de la imposición de nuevas y severas órdenes contra ellos, hasta el punto que tenían miedo de ir por la calle. En su mensaje, Fernando les instaba a tratar a los hebreos en forma favorable "como aquellas que son nuestra regalias e costumbres"
Esta judería también envió a un conocido orador, el rabí Astruch Halevy, a la disputa teológica de Tortosa en los años 1413-1414, y es en base a los documentos redactados entonces que se ha tenido ocasión de conocer a este rabino de tan interesante personalidad. Efectivamente, fue uno de los destacados defensores de la causa judía frente a los incesantes embates del Papa Benedicto XIII (Pedro de Luna) y los cardenales que le acompañaban.
Barbastro
El conde de Barcelona Ramón Berenger IV, otorgó en 1144 una finca a un judío llamado Zecri como recompensa por sus servicios, y en 1179 el arzobispo de Huesca permitió a dos judíos la creación de tiendas cerca de la catedral. Los privilegios concedidos a los hebreos en 1273, les permitían exigir a las autoridades que ejecutaran a los informantes, así como se juzgara a los judíos licenciosos. En 1330 la comunidad se encontraba en tan difíciles circunstancias, que un gravamen especial impuesto por Alfonso IV era tan sólo de 20 sólidos de Jaca. Pero Pedro IV impuso a esa comunidad un tributo de 500 sólidos, para financiar la guerra librada contra Castilla.
Durante las matanzas de 1391, los judíos se refugiaron en la ciudadela, la que fue sitiada por quienes se proponían asesinarlos. El 18 de agosto, el rey Juan I impartió instrucciones a las autoridades locales para que tomasen medidas contra los culpables de esos disturbios. Parece ser que la judería dejó de existir luego de la disputa de Tortosa, y como consecuencia de las presiones ejercidas por el predicador valenciano Vicente Ferrer. En 1415 ó 1421, Benedicto XIII ordenó que se convirtiera en iglesia la sinagoga local, afirmando que no había quedado judío alguno en la villa.
Calatayud
Parece ser que el origen del nombre de esta famosa ciudad aragonesa se deriva de Kalat al Yahud, que es en árabe el "Castillo de los Judíos". Es un hecho comprobado que esa ciudad aragonesa tuvo una importante comunidad judía, aparentemente la segunda después de la de Zaragoza. La aljama fue creada en la época mora y siguió, durante cierto tiempo, viviendo con bastante tranquilidad luego de su reconquista por los cristianos. Entre sus figuras más eminentes, puede citarse al gramático Salomón ibn Parhon, y el predicador Isaac Aljama.
Se sabe que en un momento dado tenía no menos de nueve sinagogas, y todavía quedan viejas casonas que ostentan evidentes indicios de haber sido sus moradas. Aunque la comunidad no fue afectada por los disturbios de 1391, en esa época sufrió las consecuencias de las guerras que asolaron toda esa región. Se tiene conocimiento que en 1415 el antipapa Luna envió una orden para que una de las sinagogas fuera convertida en iglesia. El eventual fin de esa aljama es similar a los tantos casos ocurridos en la España medieval: humillaciones, discriminación, asesinatos y expulsión.
Daroca
Como muchas otras localidades aragonesas, tuvo ésta sus judíos. En octubre de 1414, la población local realizó una severa campaña de coacciones para lograr la conversión de los hebreos, o que abandonaran la ciudad. Se sabe que el Infante Don Alfonso envió un mensaje a las autoridades del pueblo, pidiendo que no se hiciera nada contra los judíos, puesto que las conversiones por la fuerza no eran del agrado de Dios ni del rey.
Pero acaso el aspecto más interesante del pasado judío de esa localidad, es que en la capilla de la colegiata se puede admirar un cuadro pintado por un hebreo, que representa varias figuras de santos cristianos. Se trata de un fenómeno harto raro pues los judíos devotos no podían reproducir la forma humana, y ya no hablemos de personajes cristianos.
Fraga
Se sabe que en los disturbios de 1391 los judíos de esa ciudad aragonesa se refugiaron en el castillo, pero este amparo de la nobleza tuvo que ser abonado en efectivo. Así es que la pequeña aljama se vio en la obligación de empeñar las joyas que adornaban los Rollos de la Torá y vender terrenos de su propiedad, y todavía tuvo que solicitar la asistencia de otras juderías de la vecindad. Siete años más tarde una parte de los judíos locales, que aparentemente seguían siendo hostigados, abandonaron la ciudad para refugiarse en aldeas vecinas. Pero la Reina Doña María, esposa del rey Don Martín, que había adquirido la propiedad del lugar, envió a cada uno de los fugitivos una orden expresa (escrita en catalán y hebreo) de que regresaran a esa ciudad en un plazo de un mes, hasta tanto no hubieren abonado la parte que les correspondía. Sin embargo, también consideró oportuno dirigirse al abad de un monasterio vecino, pidiendo que los judíos de Fraga no fueran perseguidos, ya que de lo contrario ese call estaba por desaparecer. Al fin y al cabo, se trataba de una nada despreciable fuente de ingresos.
Huesca
El call oscense habría sido creado en el siglo XII, aunque es posible que desde mucho antes ya había judíos en esa ciudad aragonesa. De cualquier modo, se tiene noticia que contaba con tres sinagogas, y más de cien casas habitadas por judíos. Sobresalía por haber sido centro de cultura judía y albergar una escuela talmúdica. Aunque se considerada exagerada la pretensión de un historiador al afirmar que poco antes de la Expulsión habría en Huesca unos 13.000 judíos, lo evidente es que tenía una numerosa judería, que en gran parte se dedicaba a la fabricación de textiles.
Jaca
Esta ciudad es otro punto importante del pasado sefardí aragonés. El historiador Domingo J. Buesa Conde relata, entre otras cosas, que “judíos hubo en Jaca en los años anteriores al fuero concedido por el Rey Sancho Ramírez en 1077”. Como detalle propio del pensar de la época, en el mismo se dispone que “los judíos no podrán moler en el molino que ellos elijan”, y entonces se plantea la pregunta en dónde podrían hacerlo. Al margen de que se hable de una judería anterior entre la Puerta de San Ginés y la calle San Nicolás, la judería de Jaca en el medievo se situaba en la zona de Castellar. En aquella época Jaca contaba con dos sinagogas.
“Con la expulsión de los judíos se derriban los dos portales que quedaban en pie de los seis que antiguamente había tenido la judería. Se ordenó que una de las calles de la judería que no tenía salida se abriera para construir la "Puerta Nueva". Para justificar estos desmanes, se aludió incluso a que los portales de la judería dificultaban el paso de las cruces parroquiales de los entierros cristianos.
“El recuerdo más triste de la Judería de Jaca se sitúa entre 1348 y 1350. Con el trasfondo de una peste negra que diezmó la población, una multitud de jacetanos asalta la judería "con el lógico destrozo de propiedades y atentados a sus habitantes". Todo ocurrió un Jueves de Pascua y un Viernes de Pasión del Siglo XIV.
“El edicto de expulsión de los judíos se colocó a las puertas de la Catedral el 11 de Diciembre de 1492. Los bienes confiscados ascendieron a 6502 sueldos y 8 dineros. La expulsión de los judíos dejó un vacío irrecuperable. La pujanza de la burguesía comercial judía no tuvo parangón después”.
Una confesión del historiador que se repite tantas veces en los anales de la España medieval.
Monzón
Es evidente que en ese pueblo aragonés hubo una importante judería. Las crónicas señalan que en la década de 1270 los judíos recibieron una autorización del rey para cobrar sus deudas, pero los cristianos anunciaron que arrasarían el barrio hebreo si ese decreto se aplicaba sólo en esa localidad y no en todo el Reino. Se sabe que un capitán de los Templarios descendió del castillo para auxiliar a los judíos, pero como no tenía soldados a su orden, se mantuvo apartado. Luego vecinos armados entraron en la calle de la judería, expulsaron a un sastre de su taller e hirieron y dieron muerte a otros judíos. Además en 1320, cuando los llamados "pastores" de Francia, en incursiones antisemitas por el sur francés llegaron hasta España y asesinaron a los hebreos de Jaca y Montclus, los judíos de Monzón, junto con los de Lleida y Barbastro, fueron a enterrar a los muertos, pues no había quien lo hiciera.
En 1348, con motivo de la peste negra, los fanáticos aragoneses en sermones provocativos enardecieron a la multitud, acusando a los judíos de haber provocado esa plaga. En Barcelona y en otros pueblos más pequeños del norte de Cataluña no pocos judíos fueron asesinados, pero en Monzón los hebreos se fortificaron en las murallas de sus barrios y así se salvaron. Se sabe que en 1414 el antitpapa Luna ordenó a sus hombres que convirtieran la sinagoga en un templo cristiano. Afírmase que una lámpara de ese casa de rezo judío, que pasó a ser una iglesia en honor del Salvador, se expone actualmente en el Museo Provincial de Zaragoza. Parece ser que de este modo concluye la historia de esta importante judería, que había llegado a tributar la considerable suma de 350 sueldos jaqueses durante buena parte de su existencia.
Tarazona
Esta ciudad aragonesa todavía conserva una calle con el nombre de La Judería, a espaldas del palacio episcopal en donde estaría el límite de las dos aljamas: la Vieja y la Nueva. Se indica que cada una tenía su propia sinagoga. Según los censos conservados, se infiere que muchos judíos eran arquitectos –entonces llamados "maestros de casas"- así como médicos e intelectuales. Y el pintor judío –cosa rara en aquella época- Yojanán Levy tiene conservada en Tarazona una de sus obras más importantes: el retablo de Santa Catalina, San Prudencio y San Lorenzo, que se puede admirar en la gran iglesia parroquial.
Mientras tanto se informa que en fecha reciente se constituyó la Asociación de Amigos de la Cultura Judía de Tarazona «Moshe de Portella». Su objetivo es recuperar las raíces judías de esa ciudad aragonesa, de modo que pueda ser incluida en las Rutas de Sefarad. Esta entidad, que toma su nombre de un ilustre sefardí turiasonense que en el siglo XIII era administrador del rey en la comarca, tiene el propósito de adquirir un edificio medieval, conocido desde siempre como la casa de los judíos, situado junto al emplazamiento que ocupó la sinagoga. Es el mismo terreno que posteriormente ocupó la conocida Posada de Bécquer -allí vivió el poeta-, ya desaparecida.
Una vez adquirida, los miembros de «Moshe de Portella» quieren convertirla en un centro cultural dedicado a la vida de los judíos en Tarazona y, por extensión, en Aragón. Entre los contenidos destacará la relación de los nombres de todos aquellos que, según la documentación existente, vivieron en Tarazona, lugar que, en algunos momentos, llegó a tener 500 vecinos de esta religión.
Teruel
Esta capital provinciana tuvo en su época una importante judería, antes y después de la ocupación por los cristianos. Se sabe que hacia el siglo XIV los impuestos de los judíos representaban la nada despreciable suma de 300 sueldos. Entre ellos figuraban tejedores que llegaron a obtener fama a nivel nacional. Después de la conquista, en 1176, se concedió un fuero a los judíos de esa ciudad, en virtud del cual no tendría legalidad ningún documento que no fuera sellado por el secretario de la comunidad. Sin embargo ese mismo fuero, que sirvió de ejemplo a otras ciudades de la península, disponía que "los judíos son siervos del rey y pertenecen a tesoro real".
Cuando se publicó la orden de Expulsión los frailes iniciaron una amplia campaña para convertir a los judíos locales. Se rabino local fue secuestrado y detenido para que los monjes pudieran realizar su labor sin molestia alguna. Según se indica en los archivos municipales de esa ciudad, en una sola mañana se bautizaron cien personas. Los propios consejeros municipales iban de casa en casa para instar a los judíos a que renunciaran a su fe y siguieran viviendo en la ciudad, porque su salida evidentemente causaría grandes perjuicios a Teruel. En ese momento apareció el anciano rabino Shlomó de Albarracín, de donde había sido echado por predicar contra la conversión. Prosiguió su labor hasta que los cristianos también lo echaron de esa ciudad. Mientras tanto parece ser que sus amonestaciones habían convencido a los hebreos, cesaron los bautismos y los judíos se prepararon para salir.
Sos del Rey Católico
Era una de las llamadas Cinco Villas aragonesas. Se sabe a ciencia cierta que la judería conocida ahora como el Barrio Nuevo estaba situada tras el Palacio de Sada. Son 30 casas situadas en una zona alta de la villa que se mantienen prácticamente intactas en torno a la plaza de la Sartén y las calles Coliseo, Mentidero y La luna. Cuando se dictó el edicto de expulsión vivían en esa localidad aragonesa 125 judíos, de los que se fueron la mitad. Se dedicaban a la producción textil de cáñamo y lino y poseían viñas. Un detalle adicional: se relata la existencia de dos casamenteros en las Cinco Villas dedicados a concertar matrimonios para mezclar las aljamas. Dícese que en una gira organizada recientemente a un grupo de judíos, se les mostró un contrato de matrimonio y otro de compraventa. En el referente a las capitulaciones matrimoniales, el protagonista es un hombre de Biel llamado Sarfatti. En ese momento se organiza el lógico revuelo porque entre los viajeros se encuentra Giorgio Sarfatti, un ilustre profesor de hebreo que ha recibido este año el Premio Nacional de Lingüística de Israel.
Estos documentos escritos en hebreo y en aljamiado -aragonés con caracteres hebreos- han aparecido también gracias a la infatigable labor del Angel Motis.. “Tras la expulsión -explica Motis-, las propiedades de las aljamas, incluida su documentación, pasan a poder de quien tuviese la autoridad en la zona: el rey, la Iglesia, las órdenes militares o los nobles. Los bienes confiscados a los judíos de Sos pasaron a la Corona y, ahora, algunos de esos documentos se han encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Huesca.” Algunos de estos pergaminos formarán parte de la exposición «Aragón, corona y reino» que, bajo el patrocinio de Ibercaja y el Gobierno de Aragón, estaba por inaugurarse en Madrid.
Zaragoza
Empezaré señalando que según tengo entendido una de las cosas propias de la capital aragonesa es el cierzo, un viento muy frío y seco originado en el valle del Ebro, que ya era conocido en la época remota, cuando los romanos fundaron el campamento Cesaragusta, que más tarde se convirtió en Zaragoza. Esta ciudad tiene un rico pasado judío, y el apellido Saragosi, es decir, natural de la capital aragonesa, es todavía conservado por no pocas familias israelíes. Se cree que los primeros judíos habrían llegado en la época romana. Durante el reino del emperador carolingio Luis I el Piadoso (814-840), dos importantes figuras del clero abrazaron el judaísmo y se radicaron en Zaragoza. Pero la comunidad fue el blanco de críticas por su conducta por el poeta ibn Gabirol y más tarde, en el siglo XIII por el poeta y filósofo Salomón ben Reubén Bonafed.
Es un hecho conocido que los hebreos desempeñaron un papel muy importante en la administración financiera de la ciudad. Algunos de ellos sirvieron como intérpretes, médicos y asesores de los reyes de Aragón. Afírmase que la comunidad, ubicada en una zona amurallada ocupaba más de un cuarto de Zaragoza, y que abonada muy altos impuestos. En 1294 cundió el rumor de que los judíos habían matado a un niño cristiano, arrancándole el corazón y el hígado. Las autoridades locales iniciaron su investigación contratando los servicios de un experto en magia y los judíos, al verse ante semejante peligro, por su propia iniciativa, encontrando al menor supuestamente asesinado en los alrededores de la ciudad. El Rey Jaime II de Aragón reprendió severamente a las autoridades del municipio, señalando que su comportamiento había estado a punto de provocar la ruina de la aljama. Pero los hebreos de esa ciudad sufrieron muy poco, relativamente, de la tremenda ola antisemita del 1391, por el hecho de que los reyes residían allí. Unos años más tarde, algunas figuras más importantes de la judería local renunciaron a su fe, como consecuencia de la disputa religiosa de Tortosa (1413-14). Parece ser que, ello no obstante, unas 200 familias se mantuvieron fieles al judaísmo hasta la Expulsión. Posteriormente, varias familias de conversos como Caballería, Santángel y Sánchez llegaron a ocupar muy altos cargos, pero ello no impidió que fueran severamente hostigadas por la Inquisición.
La aljama zaragozana contó con dos barrios: la judería «Vieja», dentro de las murallas romanas —delimitada por el Coso, San Gil, San Jorge y la plaza de la Magdalena—, y la «Nueva» o de los «Calliços», al otro lado del Coso, en la parroquia de San Miguel de los Navarros. La sinagoga mayor que constaba de cinco naves, se erigía en el solar que hoy ocupa el Real Seminario de San Carlos, y que fue adquirida por la Compañía de Jesús en 1559 para levantar la iglesia de Nuestra Señora de Belén. El banquero judeoconverso Gabriel de Zaporta mandó construir, un bello palacio renacentista, cuyo patio, conocido popularmente como “de la Infanta”, fue diseñado a modo de carta astral.
La judería «de los calliços del Coso» (actuales calles de Flandro, Ibarra y Rufas) nació tras la concesión que efectuara Jaime I en 1273 a los hermanos Abinbruc. Paulatinamente se urbanizó y se dotó de infraestructuras (sinagoga de los «Calliços», baños, hospital, etc.) Una de las joyas predilectas son sus baños públicos, en uso ininterrumpido al menos desde fines del siglo XIII, de las que se conserva todavía una de sus salas en un semisótano del Coso.
Moshé Yanai