domingo, 25 de marzo de 2007
La diabólica confabulación nazi contra los presuntos criptojudíos, tramada con la anuencia franquista. Anales del judaísmo balear (noveno artículo).
Como en el resto de la península, en las Baleares los judíos prosperaron y contribuyeron a la prosperidad del archipiélago, pero allí también fueron perseguidos. Los que se convirtieron y mantuvieron en secreto su fe, fueron discriminados durante siglos, pero en 1942 tuvieron que enfrentar el peligro de extinción nazi, pensado con la colaboración de la dictadura de Franco.
Enviar a Digg // Guardar en deli.cio.us // Enviar artículo por e-mail // Imprimir artículo
Hasta el día de hoy el visitante que recorre las callejuelas de Palma cerca de la Almudaina puede percibir la presencia de una importante judería, que mucho hizo para plasmar el carácter de los mallorquines. Efectivamente, los historiadores coinciden en señalar que un nada despreciable porcentaje de la población del archipiélago desciende de los hebreos, que aún se los conoce como los chuetas.
Es probable que ya hubiera judíos en la época romana, pero la primera referencia documentada es del siglo V, cuando el obispo de Mallorca Severo, haciendo gala de su apellido, persiguió tenazmente a los judíos de Magona (hoy Mahón), incendió su sinagoga y los obligó a convertirse. Los que se resistieron fueron inmolados, y las crónicas señalan en especial la valentía de las mujeres, que sobresalieron por su coraje en defensa de la fe a la que no querían renunciar. Hasta entonces habían formado una comunidad nacional en Menorca, participando en la vida política de esa ciudad y gozando de los mismos derechos que los demás habitantes.
Luego, al caer el archipiélago en el siglo VIII bajo la dominación mora, comenzaron a llegar hebreos y al desmembrarse el Califato de Córdoba e imponerse los fanáticos almohades en toda Andalucía en 1146, se intensificó esa corriente y muchos fueron los que buscaron refugio en las islas. Los nuevos colonos se dedicaron a la agricultura y al comercio, y Palma llegó a tener un call tan importante que contaba con tres sinagogas. Afírmase que cuando Jaime (Jaume) I conquistó Mallorca en 1229, no dejó de respetar a los judíos, mientras que los musulmanes no lo pasaron tan bien. Pero los hebreos tuvieron que abandonar el barrio en donde vivían, para que los dominicanos pudieran construir allí su convento, aunque se les concedió otro cerca del palacio. Sin embargo, durante el reinado de uno de sus sucesores, Sancho I, el obispo de Mallorca impuso una multa de 150.000 florines a la judería mallorquina y limitó sus derechos, por la conversión al judaísmo de dos cristianos. Esa elevada suma sólo pudo ser abonada trece años más tarde, y entonces la comunidad recobró parte de sus derechos.
Se estima que en la época de Pedro IV de Aragón vivían en las islas un millar de judíos, entre los que figuraban mercaderes que comerciaban con los países de Africa del Norte y el Oriente, aunque aún eran más famosos los cartógrafos mallorquines, en especial de la familia Crescas. Padre e hijo trabajaron dos años (1376-77) para completar un mapamundi que fue tan admirado, que el rey lo entregó como regalo a Carlos VI de Francia en 1381. Otro maestro, Gabriel de Vallsecha, elaboró otro mapa en 1439 que fue empleado por Américo Vespucci.
Sin embargo, cundía un clima antisemita propagado por el clero y otros enemigos de los judíos. En 1309 se difundió el rumor –totalmente infundado- de que un niño cristiano había sido ritualmente asesinado. El gobernador confiscó todos los bienes de los judíos y los condenó a la esclavitud, salvo que pagasen un rescate de 150.000 florines. Luego, los terribles sucesos de 1391 también afectaron a las islas. En agosto de ese año el populacho se abalanzó sobre los judíos de Palma y unos 300 perecieron en esa cruel matanza. Los demás se tuvieron que convertir para salvar la vida. Aunque de algún que otro modo los judíos volvieron a vivir en las islas, nunca recobraron la posición que habían tenido. Y lentamente desaparecieron hasta que en 1492, cuando se emitió el Edicto de Expulsión, se podía contar con los dedos de las dos manos los judíos practicantes que abandonarían las islas.
El odio racial había terminado de hecho con la judería, y luego se habría que hostigar seriamente a los conversos, a los llamados chuetas, que han sido perseguidos y discriminados a lo largo de los años.
Los chuetas
Los historiadores indican que hasta el día de hoy cerca de un 15% de la población mallorquina está integrada por chuetas: es decir, judíos conversos que, según una versión, siguen constituyendo "una clase irremediablemente baja, una constante víctima propiciatoria". Tales autores afirman que su ascendencia no les ha permitido librarse de esa mancha, y son una suerte de parias dentro de la sociedad isleña. Pero a estar a otras opiniones de entendidos en la materia, la presente invasión de forasteros (españoles o extranjeros) ha modificado el cariz de las cosas. Y llegan a decir que hoy ser de ascendencia chueta ya es un privilegio y no un menoscabo.
Los chuetas (xuetes en catalán) son un grupo social de Mallorca históricamente estigmatizado por su origen judío. La consideración de chueta procede del hecho de tener alguno de los 15 apellidos considerados como tal, que son los de otros tantos presuntos criptojudíos condenados por la Inquisición en 1691. Hoy en día se considera que los chuetas sumarían unas 30.000 personas, aunque nadie parece poder asegurar que ese número sea cierto.
Hay dos teorías sobre el origen del nombre catalán xueta. Una versión alega que procede de xulla ("tocino"), en clara referencia burlona a la abstinencia del consumo de carne de cerdo entre los judíos. También puede proceder de xuetó, forma mallorquina de juetó, diminutivo de jueu ("judío"). Xuetó es la forma más habitual de referirse a los chuetas en la ciudad de Palma de Mallorca. También se les solía llamar del carrer, esto es, "de la calle", en referencia a la calle de Argentería donde residían la mayor parte de ellos. Los mismos afectados han utilizado esta denominación más que la de "chueta", y con frecuencia se han referido a sí mismos con un vago nosaltres (nosotros) opuesto a els altres (los otros).
Como queda dicho, la comunidad judía de Mallorca se remonta a los tiempos romanos. Luego de la conquista de la isla por Jaime I en 1229, los judíos de la ciudad consiguieron residir en un barrio llamado el Call. En 1435, después de ser acusados de un crimen ritual y para evitar el ajusticiamiento de sus líderes religiosos, toda la comunidad judía de Mallorca se convirtió al cristianismo. Como en muchos otros casos, buena parte de los judíos mallorquines siguieron practicando en secreto su religión bajo la apariencia de fieles católicos, lo que les acarreó problemas, sobre todo a partir de 1478, fecha en que se establece la Inquisición en la isla. Entre 1545 y 1673 no se tiene noticia de que se iniciara proceso alguno contra supuestos judíos, pero a finales del siglo XVII, empieza la presión antijudía y éste es el momento en que se origina la cuestión chueta.
En 1675 comienzan las persecuciones. Más de doscientas personas acusadas de judaizantes fueron condenadas en 1679 a confiscación de bienes y otras penas. Atemorizados, sintiéndose objeto de constante vigilancia y temiendo perder la vida, muchos judaizantes intentaron huir de la isla, pero fueron descubiertos. En el año 1691 la Inquisición realiza un auto de fe a resultas del cual son relajadas cincuenta y seis personas, de las cuales 37 son efectivamente ajusticiadas y 3 quemadas vivas, acusadas de practicar el culto judío clandestinamente. A los reos, como era habitual, se les paseaba por la ciudad vestidos con un sambenito, un hábito infamante en el que aparecía escrito su nombre y que se les quitaba antes de que se ejecutara el suplicio a fin de poder exhibirlo públicamente durante un tiempo para perpetuar el recuerdo de la sentencia. Así, en la iglesia de Santo Domingo se podían contemplar varios sambenitos en los que figuraban los apellidos de los sentenciados: Aguiló, Bonnin, Cortès, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls.
A diferencia de otros sambenitos, que eran retirados pasado un tiempo, éstos estuvieron expuestos al público hasta 1813, perpetuando de este modo la acusación de criptojudaísmo sobre los portadores de alguno de esos apellidos. La publicación del libro “La fe triunfante” escrito por un jesuita en el siglo XVIII echó nueva leña al fuego. Recordaba el auto de fe de finales del siglo anterior para recordar lo que él calificaba la "gran conspiración". Antisemitismo en el pleno sentido de la palabra.
La anomalía del caso es que, según algunos autores, los chuetas no son por tanto todas las familias mallorquinas descendientes de judíos, sino las que portan alguno de estos quince apellidos que, por azar, fueron los que quedaron como testimonio de aquellos autos de fe. Hay que señalar que estos apellidos se consideran chuetas sólo cuando proceden de Mallorca, ya que por lo demás son comunes a todo el ámbito lingüístico catalán, y algunos de ellos son de origen italiano o castellano. Es de hacer notar que en Mallorca existen apellidos de origen judío (como Jordà, Abraham, Maimó, Salom, Daviu, Vidal, Duran y otros) que no son considerados judíos.
La actitud de los inquisidores, que en principio apuntaba a la total desaparición de los judíos por vía de su integración forzosa en la comunidad cristiana, consiguió justamente lo opuesto: al perpetuar la memoria de las familias cuyos antecesores habían sido condenados por judíos, creó una comunidad que, aunque no fuera de hecho criptojudía, se ha visto obligada a mantener conciencia de sus orígenes hasta el día de hoy. Por el contrario, los descendientes de los muchos otros criptojudíos que había en la isla y que no fueron objeto de la acción inquisitorial, o si lo fueron se olvidó, con el tiempo perdieron toda noción de sus orígenes.
Las condenas de la Inquisición llevaban aparejadas otras penas que debían mantenerse durante dos generaciones: los familiares directos de los condenados, así como sus hijos y nietos, no podían ocupar cargos públicos, ordenarse sacerdotes, casarse con personas que no fueran chuetas, portar joyas o montar a caballo. Estas dos últimas penas no parece que se aplicaran, pero las demás siguieron vigentes por la fuerza de la costumbre más allá de las dos generaciones estipuladas, hasta mediados del siglo XX.
Los chuetas residían mayoritariamente en la calle Argentería o Platería, dentro del casco antiguo de la ciudad (aunque fuera del Call o tradicional barrio judío), y en las manzanas adyacentes. La calle debe su nombre a la fabricación y comercio de joyas, oficio tradicionalmente reservado a los judíos en muchos lugares del Mediterráneo, y que en Mallorca ha sido patrimonio casi exclusivo de los chuetas hasta épocas muy recientes. Sólo los chuetas de posición social elevada (llamados de orella alta, o sea de "oreja alta") se establecían en otras zonas. Fuera de la ciudad, se encontraban en situaciones distintas según los lugares: había poblaciones que no toleraban siquiera el asentamiento de chuetas y otras, como Felanitx, donde los muchos chuetas, que eran vendedores ambulantes, no sufrían otro problema que los ocasionales comentarios malévolos de sus vecinos.
En 1808 y 1823 se registraron sendos feroces ataques contra las casas y comercios de la Argentería.
En Palma, los chuetas eran con frecuencia conocidos por sus apodos, algo inusual en la ciudad ya que el uso de apodos era una costumbre más bien campesina. Estos apodos eran con frecuencia desagradables, pero también con frecuencia los chuetas los aceptaban con tal de encubrir sus verdaderos nombres, considerados más ominosos ya que eran los que revelaban su condición de descendientes de judíos.
Fue Carlos III quien, por medio de varios decretos hizo un primer intento de rehabilitación de los chuetas en el terreno legal, prohibiendo cualquier discriminación y ordenando que se derribaran los muros del Call, que le daban un aspecto de gueto. Los chuetas tuvieron que dirigirse posteriormente a Carlos IV para explicarle que, a pesar de su ascendencia judía, eran tan católicos como los demás y solicitaban que se hiciera lo posible para aliviar su marginación, lo que muestra que las disposiciones anteriores no debieron tener demasiado efecto. En general, las leyes mitigaron algunos aspectos de la marginación, pero no lograron acabar con la fuerza de la costumbre.
La situación llegó a tales extremos que los chuetas no fueron admitidos en las escuelas públicas hasta 1873, y en las escuelas religiosas hasta mediados del siglo XX, alegando cuestiones de "limpieza de sangre". También tenían problemas los que quisieran oficiar de sacerdotes, aun cuando no había ya ninguna restricción legal que se lo prohibiera. Un caso famoso de discriminación todavía a finales del siglo XIX fue el de Josep Tarongí, que tuvo que salir de la ciudad para ordenarse sacerdote y a su regreso se le prohibió oficiar misa en la iglesia de Santo Domingo por ser cristiano nuevo. En la misma época otro sacerdote chueta fue invitado por el párroco a dar el sermón en su iglesia. Lo hizo, y después los feligreses quemaron el púlpito “contaminado por el judío”. Otro sacerdote más, chueta también, al ir a dar comienzo a la misa en la catedral, se encontró un trozo de tocino (xulla) entre las páginas del misal.
El prejuicio antichueta empezó a disminuir con la afluencia del turismo en las primeras décadas del siglo XX, así como con el desarrollo económico. El breve periodo de la República tuvo también importancia debido a su laicismo oficial y al hecho de que buena parte de los chuetas simpatizaran con el nuevo modelo de Estado, igual que anteriormente lo habían hecho con las ideas ilustradas y liberales. Es durante la época republicana cuando un sacerdote chueta oficia por primera vez el sermón en la catedral de Palma, hecho que tuvo gran importancia simbólica.
Peligro fatídico
La situación acusó en 1942 un giro que hubiera podido ser fatal. Según se ha podido saber de fuente bien informada, a pedido del gobierno de la Alemania nazi, se realizó un estudio oficial sobre los mallorquines "de origen judío". La razón aparente era el temor que “confabulasen” con el judaísmo mundial. Hay que tener en cuenta que en la dictadura nada se hacía sin la sanción oficial. Efectivamente, la iniciativa creó suma inquietud entre los chuetas, temerosos de correr la misma suerte que los judíos del Reich y los territorios ocupados si España entrara en la contienda por su declarada simpatía por el Eje, o Mallorca era de algún modo ocupada por los nazis. La responsabilidad de la investigación recayó finalmente en un historiador local, cuyas conclusiones, magnificadas y falseadas sin duda para dificultar una posible acción contra los descendientes de los judíos, daban como resultado que un 35% de los mallorquines tenía ese origen, entre los cuales se encontraban algunas de las familias más poderosas de la isla. Lo que era una exageración para poder evitar cualquier catástrofe que el régimen franquista pudiera patrocinar, en vista del animadversión que siempre tuvo para con los judíos.
El turismo masivo que se inicia en los años 50, que supone la presencia y en muchos casos la instalación definitiva en la isla de forasteros (españoles o extranjeros) para los que la condición de chueta no significa nada, marca el punto de inflexión definitivo en la historia de esta comunidad. Estas corrientes propiciaron en los años 60 ciertos movimientos de retorno a la práctica judía entre algunos chuetas, sobre todo los de posición económica más elevada. En colaboración con la comunidad judía de Barcelona, treinta familias salieron de la isla en 1959, con la excusa de hacer un crucero por el Mediterráneo, para instalarse en Israel y recuperar la condición de judíos. Las autoridades religiosas judías, de todas maneras, no reconocen la condición de judíos a los chuetas.
El prejuicio, sin embargo, no ha desaparecido del todo. Ramón Aguiló, alcalde socialista de Palma entre 1979 y 1991 y chueta, se vio llamado despectivamente "judío" en más de una ocasión por sus adversarios políticos. Por otro lado, según una encuesta realizada por la Universidad de las Islas Baleares en fecha tan reciente como 2001, un 30% de los mallorquines afirmó que no se casarían con un chueta, mientras que un 5% declaró que no desea ni siquiera tener amigos chuetas.
Se consigna un caso especial: en 1977, un joven chueta de 19 años llamado Nicolau Aguiló emigró a Israel y regresó oficialmente al judaísmo asumiendo el nombre de Nissan ben Avraham. Cursó durante diez años los estudios rabínicos y recibió el título de rabino en el año 1991. De ese modo se convirtió en el primer chueta que recibe dicho título en los últimos seis siglos.
En 1978, una conocida personalidad israelí fue a Mallorca para estudiar la historia de los descendientes de los chuecas. Cuando estaba absorto en su labor, recibió un llamado telefónico urgente de Jerusalén. Estaba por ser designado candidato a la Presidencia del Estado. Así es que Itzhak Navón, ex ministro de Educación y Cultura y allegado del legendario líder David Ben Gurión, dejó a medias esa labor para convertirse en el quinto Presidente de Israel, el primer sefardí que habría de ejercer ese cargo.
Palma de Mallorca
Recorrer la parte vieja de la ciudad, a espaldas de la Catedral, es percibir la sensación de una próspera judería que existió en la capital mallorquina, cuando estuvo regida por los reyes Jaime I y Jaime II. La relativa tranquilidad con que vivieron los hebreos estaba bien justificada: fueron ellos quienes facilitaron en gran medida la entrada de los ejércitos cristianos. Aunque luego la judería fue confiscada para ser entregada a los dominicos, se creó un nuevo barrio seguramente donde está ahora la calle de las Platerías. Los cartógrafos judíos mallorquines fueron particularmente famosos, especialmente la familia Crescas, y su renombre pasó las fronteras de España. "En los portulanos mallorquines –dice Sureda- no se admiten vagas noticias ni sospechas. Sólo figuran... los mares surcados habiendo desaparecido ficciones y fantasías".
Pero, la vida de los hebreos fue terriblemente sacudida por el pogrom ocurrido en agosto de 1391, que del continente también llegó a las Baleares. El populacho asaltó la aljama matando a centenares de judíos; los demás tuvieron que bautizarse para salvar la vida. Mientras tanto, desde la fortaleza los nobles contemplaban el espectáculo sin intentar siquiera intervenir. ¿Cuál fue el resultado de esa matanza? No parece haber sido precisamente propicio para la economía de la capital y las islas, ya que los comerciantes habían sido judíos. "Los daños resultaron incalculables", afirma el cronista Santamaría. Y los conversos que allí quedaron, fueron acosados inexorablemente por la Inquisición, aunque la historia de aquéllos, llamados chuetas, es un capítulo aparte en la historia del judaísmo español.
Como queda dicho, hasta el día de hoy ha quedado olor a judería cuando se deambula por el viejo barrio de Palma, y ése no desaparece cuando se entra en el museo de la Catedral. Efectivamente, uno de los principales objetos allí expuestos son dos rimonim, (granadas, en hebreo), un par de cetros de plata, empleados para enrollar los Rollos de la Torá, a fin de servir como soporte cuando son levantados durante el oficio religioso. En el presente caso, tienen la forma de torre, tal como era usual en el medioevo. Afírmase que fueron traídos desde Jerusalén y regalados a la catedral por el gran maestre de una orden militar.
Cresques Abraham (1325-1387)
En búsqueda de material sobre esta genial figura del judaísmo mallorquín, tropecé con un blogger llamado “Cresques XXI”. Lo firma un tal Vidal Cresques, valenciano de 41 años, que se presenta así: ”Este es el blog de Cresques. Aquí podrás encontrar comentarios sobre tecnologías de información geoespacial, mapas, GPS y cosas que a un cartógrafo del siglo XXI le pueden interesar”. Casualidad o no, encontré más adelante una biografía del que supongo podría ser uno de sus antepasados, Abraham Cresques:
“Se sabe que esta familia judía estaba asentada en Mallorca desde hacía muchas generaciones, pero se ignora si venía de Cataluña o del norte de África. Hay constancia de un Ferrer Cresques, médico, y de Vidal Cresques, alto funcionario en los archivos de la corona de Aragón.
Si los detalles de la vida de Cresques Abraham (Cresques, hijo de Abraham) son muy escasos, se sabe en cambio que gozaba de una gran reputación en la Corte, y que fue uno de los jefes de filas de la Escuela cartográfica de Mallorca'. Cartógrafo reputado, fue 'Magister mappamundorum et bruxolarum' del rey y recibió el encargo de Don Juan de Aragón para dibujar un mapa del mundo destinado al joven Carlos VI, de 13 años en aquel momento.
En una carta fechada el 5 de noviembre de 1381 se hace mención de 'Cresques lo Juheu qui lodit mapa mundi a fet'. El citado mapamundi tal vez no sea el Atlas catalan, puesto que este último figuraba ya en las colecciones de Carlos V en 1380, lo que pone en duda la atribución del Atlas Catalán a Cresques Abraham; por otra parte se conoce que realizó otros mapas del mismo tipo en 1381, 1382 y 1387 para los reyes de Francia y Aragón.
El hijo de Cresques Abraham, Yehuda (Jaffuda) Cresques (Yehuda, hijo de Cresques), se convirtió al cristianismo en 1391 como muchos judíos mallorquines, adoptando el nombre de Jaume Riba (Jacobus Ribes). Al igual que su padre se supo beneficiar de la protección real y llegó a ser 'Magister cartorum navigandi' en la corte. Los archivos de la corona de Aragón mencionan un encargo de 1389. Se le veía dibujar mapas constantemente a finales del siglo XIV. Quizá fue 'Mestre Jacome de Malhorca' que vuelve a aparecer en 1419 en Portugal junto a Henrique el Navegante, suponiendo la transición entre la cartografía catalana y la emergente escuela portuguesa”)
Moshé Yanai