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DORI LUSTRON
DESDE ISRAEL
HASBARA
EL NUEVO PELIGRO
*Pier Luigi Battista
(Trad. Alicia Benmergui )
Corriere Della Sera Viernes 26 de Enero de 2007 - Roma - Declaraciones del Presidente de la República de Italia- Giorgio Napolitano, en el Quirinal celebrando el Dia de la Memoria. Lanzó un llamado a combatir "cada resurgimiento de antisemitismo aun cuando se disfrace de antisionismo" - Porque "antisionismo significa negación de la fuente inspiradora del Estado Judío, de las razones de su nacimiento, ayer, y de su seguridad hoy"
Giorgio Napolitano tiene el mérito de haber sustraído la Jornada de la Memoria a la atmósfera retórica que esteriliza el objetivo que se propone y haber demostrado que el " antisionismo" fanático y visceral es una de las nuevas, y todavía más insidiosas manifestaciones del antisemitismo contemporáneo.
Implica la amenaza "negacionista" de Ahmadinejad , que invoca el aniquilamiento de Israel como éxito de una guerra santa de exterminio.
Pero involucra también el prejuicio difundido que según las palabras del presidente de la República (Napolitano) alimenta en forma oblicua el ansia de " negación de la fuente inspiradora del Estado Judío" rechazando la fundamental razón de ser, refutando las bases morales y culturales (del sionismo) como premisa de una deslegitimación global de su misma existencia.
El antisemitismo camuflado de antisionismo impone su presencia en ambientes mentales impensados, totalmente ajenos al odio antijudío de cuño más estrictamente nazi y neonazi.
Es un discurso seductor, se enmascara de una nobleza que en nombre de la protección debida a los nuevos débiles (los palestinos) perseguidos por los nuevos poderosos prepotentes (los judíos de Israel) se sublima en la defensa de una Causa buena y justa: la tutela de los nuevos desheredados y de las nuevas víctimas.
No critica los actos singulares del gobierno israelí pero desacredita la naturaleza misma de la existencia Israel como el éxito de una usurpación.
En Occidente se extienden los tentáculos ideológicos hasta en la prosa de un expresidente norteamericano, Jimmy Carter, que "descalifica a Israel como el apartheid en Sudáfrica" mientras exalta al dictador norcoreano Kim Sung como un " hombre enérgico e inteligente".
Incendia los juicios de los premios Nobel como Harold Pinter y José Saramago, que han comparado Israel nada menos que con Auschwitz.
Provee de una justificación a un ícono de la izquierda cultural como Mikis Theodorakis, tan lleno de odio antiisraelí que derrama invectivas contra el "lobby judío" que domina la "banca, las Media y la música" sin por eso ser reprobado por la comunidad intelectual.
Arma la pluma de un estimado sociólogo francés como Edgard Morin , que brutal e insensatamente ha definido a Israel como un "cáncer" que es necesario extirpar.
Hace algun tiempo Valentino Parlato y Furio Colombo no han escondido su desesperación por el odio antisemita que destilaban algunas cartas enviadas al "Manifesto" y a la "Unitá" por exaltados lectores con el sagrado fuego " antisionista".
Experimentaban la misma preocupación que Giorgio Napolitano ha expresado solemnemente en el discurso de ayer. Se interrogaba sobre la indiferencia distraída con que ha sido acogida en Occidente, la amenaza de Ahmadijejad a la existencia misma del Estado de Israel expresada a través de la negación de la Shoah como justificación histórica de una hostilidad absoluta para los judíos congregados en ese Estado.
Interrogándose profundamente, una vez más Napolitano ha expresado que como es posible que sea tan fácil, tan poco rechazado, tan simple negar las raíces,"las razones del nacimiento, ayer, y de la seguridad hoy" de un Estado amenazado como ya se ha dicho de un ataque muy extendido de tipo "existencial" esto es, globalmente condenado por el solo hecho de existir y merecedor por esta razón de ser aniquilado por cualquier medio, aún el más cruel y apocalíptico.
No hay una crítica a los actos de sus gobiernos democráticamente elegidos, tan legítima como es cualquier crítica a cualquier gobierno de cualquier Estado. Pero lo que si hay es una hostilidad prejuiciosa y feroz hacia una entidad considerada malvada y que debe por lo tanto desaparecer.
Así como es obvio que no se puede descalificar como antisemita toda crítica a los gobiernos israelíes, también es obvio que la deslegitimación como de Israel como Estado, es la nueva versión tan peligrosa como la vieja, del antisemitismo moderno.
Que no es cosa de un día y a la que no le basta solo la dimensión y el ejercicio de la memoria.
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