domingo, 04 de febrero de 2007

Publicado por fpaya @ 13:34


Los judíos del Levante español: repoblando comarcas recuperadas del dominio moro (cuarto artículo)

Casi nada ha quedado de la presencia hebrea en Valencia y Murcia, que no fue insignificante. Todo por el contrario, tuvo una época de esplendor durante la Reconquista, cuando era preciso repoblar estos territorios recuperados. Fue durante el reinado de Jaime I de Aragón que la judería levantina conoció su época más brillante.


Indícase que en la Comunidad Valenciana hubo asentamientos judíos ya en la época romana, y con la reconquista el Rey Jaime I, que tantas veces aparece en estos relatos como gestor del desarrollo israelita, insta a los judíos de otras partes de repoblar la nueva región reconquistada del dominio árabe. Así fueron allá judíos catalanes y aragoneses, así como franceses y norteafricanos. Este monarca otorgó a los judíos valencianos los mismos privilegios que a los demás habitantes de la comarca, ya fueran musulmanes como cristianos.

Aunque no es fácil reconocer hoy lo que fueran las juderías valencianas, se tiene noticia que estaban en las principales ciudades, como Valencia y Murcia. Se sabe positivamente que hubo judíos en toda la provincia de Valencia, en gran parte de la de Alicante, así como en el norte, en donde se encuentra hoy la de Castellón. También es de conocimiento público que varios judíos colaboraron estrechamente con el rey Jaime I el Conquistador, y que éste les premió sus servicios acordándoles fueros que les beneficiaba y que, como queda dicho, les igualaba en muchos aspectos a los cristianos.

El call de Valencia era considerado como el mayor de la zona, pero desde los efectos de la famosa Disputa de Tortosa el liderazgo paso a Sagunto, que entonces era una ciudad más poblada y dinámica, como lo revelan los indicadores fiscales. Por otro lado, otra judería, la de Burriana decayó mucho en comparación con la judería que tenía otrora, que indicaba 45 fuegos (es decir, hogares).

También han quedado documentadas las actividades mercantiles e industriales de los hebreos, en los que se elogiaban en el ámbito alicantino los juguetes de cuatro villas clásicas alicantinas: Ibi, Tibi, Castalla y Onil. También afírmase que los turrones de Xixona (Jijona) aún tienen cierta similitud con las golosinas de los sefardíes de Salónica y Estambul, y que existiera un sello judío en las industrias papeleras y textiles de Alcoi y la de alfombras de Crevillente. Y como dijera un conocido historiador español que recorrió la comarca, "incluso tiene un remoto aire de costumbre judía el cúmulo de pequeños negocios familiares mantenido en ciudades como Xátiva o los pueblos ribereños de la Albufera valenciana".

Alcira

Se han encontrado referencias a esa localidad valenciana en el “Libre del Repartiment” de Jaime I, con otorgaciones a un judío llamado Astruc y la familia Vives, conocida entonces como los Abenvives que ya gozaban de una situación preeminente. Uno de ellos, Vives Abenvives, había sido baile (juez ordinario) en Alcira en 1278. Las tributaciones de 1271º rinden 500 sueldos, lo que parece indicar la existencia de una comunidad relativamente reducida. Se supone que el call fue destruido en 1391 y nunca pudo recuperarse.

Castellón de la Plana

Se sabe que antes de las persecuciones de 1391 esta ciudad contaba con un centenar de judíos, y padeció una crisis severa en 1433 cuando se desencadenó otro brote epidémico, de los muchos que se registraban entonces, del que sobrevivirían solamente once vecinos de esa fe. Los “Libres de Values de Peytes” desde 1473 detectan doce casas de judíos, cuatro años más tarde quedan únicamente cuatro, y en 1492 había únicamente un solo judío residente. Excavaciones realizadas recientemente parecen haber encontrado huellas de la presencia judía en esa ciudad.

Chelva

Esta localidad valenciana habría sido primeramente mencionada tan sólo en una escueta nota de Cantera Burgos, pero el historiador Juan H. Atienza, que la recorrió afirma haber quedado muy impresionado; relata que ha quedado conservado el viejo call de estilo levantino, y se pueden ver incluso los cuatro portillos que la cerraban del resto de la población. Estando como está en una zona vitivinícola, se puede suponer que –como los demás habitantes- los judíos también se hubieran dedicado al cultivo de la vid.

Elche (Elx)

Ha sido en esa ciudad alicantina, previamente conocida como Elche, que ya en 1905 las excavaciones allí realizadas descubrieron las ruinas de un rectángulo que daba al este, con pavimento de mosaico representando figuras de estrellas trenzadas y meandros. Según calcularon los arqueólogos databa del siglo V, y

un eminente experto en la materia estima que se trataba de una vieja sinagoga que había sido creada en el período bizantino y posteriormente convertida en iglesia.

Játiva (Xátiva)

Cuando esta ciudad fue reconquistada por Jaime I en 1244, se otorgaron a los judíos que allí residían funciones importantes, como era el caso en la mayor parte de las villas del Levante que pasaban del dominio moro al cristiano. El barrio judío fue restaurado y en 1274 se le daba una nueva carta puebla por la que se otorgaban a sus nuevos habitantes diversos derechos, incluyendo franquicia impositiva durante cinco años. Su aljama, junto con las de Sagunt y Castelló de la Plana, alcanzó cierta importancia en el reino luego de la de Valencia que, evidentemente, era la mayor. Es interesante señalar que en una ordenanza proclamada en 1283, se prohibía a los judíos ponerse trajes de colores y llevar joyas, y el Infante Don Alfonso exigió a los dirigentes judíos que eximiesen de esa prohibición a unos parientes de Samuel Alfakim, que era el intérprete de árabe del rey. Se sabe que hasta la Expulsión esta judería fue uno de los pocos centros de cultura que quedaron entonces en el reino valenciano.

Lorca

La judería local existió desde la época musulmana, se mantuvo luego de la reconquista y desapareció en los terribles sucesos del verano de 1391. La aljama, de la que nada queda hoy, estaría situada en el llamado Barrio de San Lázaro, y se estima que la desaparecida ermita a nombre de ese santo había sido construida sobre la antigua sinagoga. También es un hecho que de Lorca era el converso Yoshúa Halorqui, que con el nombre de Jerónimo de Santa Fe fue el principal defensor de la cristianidad en el famoso debate de Tortosa (1413).

Es interesante señalar la polémica desatada recientemente en torno a la construcción de un parador en donde estaba el antiguo castillo. Las excavaciones han desenterrado parte de una sinagoga, una mikvé y varias casas judías, pero la edificación de ese hotel no permite estudiar debidamente esos restos (en especial el baño ritual al que se le atribuyó suma importancia) ni tampoco ampliarlos, a pesar de la oposición de una asociación local empeñada en conservar ese patrimonio local.

Morella

Situada en la provincia de Castellón de la Plana, fue una antigua bailía (territorio) de órdenes militares. Se sabe que había judíos en esa plaza al ser reconquistada en 1263, y las crónicas refieren que el rey de Aragón, el ya conocido Jaime I, concedió privilegios especiales a la aljama; exención total de impuestos el primer año, y un gravamen no muy elevado de 20 sueldos por cabeza en los cuatro siguientes. Las rentas reales de esa ciudad, así como de Tortosa y Peñíscola. eran cobradas por un judío local llamado Jacob Xixó, a quien siguió otro almojarife judío, Musa de la Portella.

Murcia

Esta capital levantina fue primeramente reconquistada de los moros en 1243 por los ejércitos de Fernando III de Castilla, pero luego de la revuelta de los musulmanes, volvió a ser ocupada por Jaime I de Aragón, que la entregó al rey castellano en 1265. Entre quienes asistieron el monarca aragonés figuraba Judá de la Caballería, que facilitó los fondos para armar la flota en la lucha contra los moros, y Astruc Bonsenyor, que tomó parte en las negociaciones para la asediada ciudad capitulara. Alfonso X de Castilla asignó un barrio especial para los ciudadanos judíos, así como un terreno para cementerio. En 1307 se asignó la jurisdicción de los musulmanes de Murcia a Don Isaac ibn Yaish, el último judío que habría desempeñado tales funciones.

Hacia fines del siglo XIV había varios arrendatarios de impuestos judíos, entre ellos Salomon ibn Lop, que se instaló en Mallorca y obtuvo privilegios especiales del rey. Durante este período la judería murciana sobresalió por su generosidad para conseguir el rescate de cautivos, así como su participación en el comercio marítimo, además de sus actividades como agricultores, artesanos y pequeños tenderos. Aunque no se sabe lo que ocurrió durante los disturbios de 1391, se tiene noticia de que la comunidad siguió existiendo, y en fecha posterior sumaba unas dos mil personas. Los hebreos mantenían estrechas relaciones con los cristianos, y dos representantes de la comunidad actuaban en el concejo local. En 1488 Samuel Abuladia obtuvo la protección de los Reyes Católicos durante dos años, en recompensa por los servicios rendidos a la corona durante la campaña contra Granada, y en 1490 Salomón ben Maimon Zalmati imprimía libros hebreos en Murcia. Se sabe que había no pocos conversos en esa ciudad después de la Expulsión y poco después de irse los judíos se estableció allí un tribunal de la Inquisición.

Es interesante lo que se lee en el sitio de Internet del Ayuntamiento de Murcia sobre la judería local: “No sabemos con certeza si fueron las disposiciones castellanas surgidas a raíz de la conquista de Murcia entre 1243 y 1266 las ubicaron a los habitantes judíos de la ciudad en el barrio (de Santa Eulalia) o si ya habían formado su comunidad allí desde antes. Lo cierto es que durante toda Edad Media los contornos de la plaza Sardoy, antes conocida como plaza de la Sinagoga, acogieron el barrio judío de Murcia, quedando, todavía, entre sus calles un encanto que aún perdura”. Y agrega: “Con la pragmática de 1492 (modo bien peculiar en calificar la inhumana expulsión de los judíos), la judería desapareció aunque numerosos habitantes quedaron convertidos al cristianismo; desde entonces costumbres y tradiciones de arraigado origen castellano encontraron su lugar entre las calles del barrio de Santa Eulalia”

Orihuela

De una fuente islámica se indica que existe el texto de una capitulación firmada en 713, con motivo de la rendición de Orihuela, por el jefe árabe ‘Abd al‑‘Aziz, hijo y por Teodomiro, príncipe visigodo de la provincia de Murcia. Por esta y otras fuentes sabemos que para la población indígena cristiana y judía que se había sometido a la soberanía musulmana las condiciones de vida no eran, ni mucho menos, peores que anteriormente bajo el dominio de la nobleza visigoda. Los cristianos conservaban sus iglesias y sus monasterios y los judíos sus sinagogas. Además se quedaron con la mayor parte de sus propiedades personales. Los visigodos no sólo habían mantenido todo el sistema tributario romano con sus numerosos gravámenes, sino también los latifundios cultivados por esclavos. Gracias a la ocupación musulmana, muchos de estos latifundios fueron divididos y encomendados a arrendatarios indígenas. La mayor parte de los esclavos obtuvo la libertad, bien convirtiéndose al Islam —un cristiano o un judío no podían tener un esclavo musulmán— o emancipándose mediante el pago aplazado de un rescate, cosa que no permitía la legislación anterior.

Los cristianos y judíos tenían que pagar, además de la contribución territorial general que también obligaba a los musulmanes, un impuesto personal, que compensaba al mismo tiempo el hecho de que estuvieran exentos del servicio militar. Además, el impuesto estaba graduado con arreglo a las clases y profesiones de los tributarios. Las mujeres, los niños, los monjes, inválidos, enfermos, mendigos y esclavos disfrutaban de franquicia tributaria.

Sagunt

Dícese que en esta ciudad valenciana, previamente conocida como Murviedro, se habrían hallado las legendarias lápidas primitivas de judíos, que jamás han sido vistas y cuya existencia figura como una leyenda popularmente repetida de padre a hijo. En una de ellas se habría encontrado escrito el epígrafe "Adoniram, tesorero del rey Salomón, que vino para cobrar los tributos y murió". Pero al margen de tales leyendas, lo evidente es que la aljama de Sagunt es una realidad que se conserva, en viejas casas, antiguos arcos y otros vestigios, ubicada en lo que es ahora la calle Segovia. Afírmase que la antigua Murviedro tuvo una importante colonia hebrea ya en la época musulmana, y cuando Jaime I la reconquistó la familia Vives obtuvo una panadería en recompensa por los servicios otorgados durante el sitio.

El historiador Baer señala que según los documentos conservados, en esa ciudad había un judío muy rico y famoso entre los cristianos, mientras que la mayoría de la aljama estaba integrada por personas de condición modesta. Una gran parte de las rentas de la judería procedía del impuesto sobre la venta de carne y del vino. Este era para los judíos, como para los cristianos, bebida habitual y todas las aljamas tenían sus tabernas. Por las tierras como tal no se pagaba tributo alguno, pero los artesanos debían abonar un impuesto por los beneficios que obtenían de su oficio, figuraban los zapateros y los joyeros. Pero se eximía al artesano que no ganase más de seis dineros por día, así como a las doncellas, viudas y ancianos pobres.

Las crónicas revelan que durante las matanzas de 1931 los judíos encontraron refugio en la fortaleza, y por lo tanto la judería de Sagunto se convirtió en una de las más importantes del reino de Aragón. En 1402 la reina Doña María permitió a la aljama crear varias instituciones de beneficencia local, así como una escuela talmúdica (talmud torá). Los plateros judíos de la ciudad eran famosos por su habilidad profesional y el de mayor renombre, Vidal Astori, trabajó en los años 1467-69 para el futuro rey Fernando el Católico. Los judíos de Murviedro hicieron mucho para convencer a los conversos que regresaran a su antigua fe, y al decretarse la Expulsión unos 500 judíos locales se embarcaron rumbo a Africa del Norte. La antigua sinagoga pasó a ser una iglesia llamada de la cofradía de la Sangre de Cristo.

Por último, dícese que “Sagunto es una de las pocas ciudades en las que se conserva el recinto de su antigua judería. Un número muy elevado de inscripciones hebraicas proceden del cementerio judío, situado en la falda de la montaña, debajo del Castillo y bajo la Judería. Las lápidas sepulcrales, de forma trapezoidal o truncada, contienen la inscripción en la cara superior. En algunas comunidades judías se acostumbra a colocar la lápida un año después del entierro por motivos religiosos”. (Sitio del ayuntamiento local en Internet)

Valencia

En la capital del Levante español había judíos desde época inmemorial, pero su mayor afluencia tuvo lugar al producirse la decadencia del Califato de Córdoba. Cuando el rey Jaime (Jaume) I estaba por conquistarla, aquéllos le prestaron su apoyo, y como recompensa el monarca aragonés los incluyó generosamente en el reparto de bienes. En su crónica Llibre dels Feyts, especifica los límites de la amplia aljama (se afirma que los judíos constituían entonces un 7% de la población), que se hallaba principalmente en donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia y la avenida que conduce al río Turia. Las concesiones del monarca ayudaron a repoblar la ciudad con la llegada de numerosas familias judías procedentes de Cataluña, Aragón e incluso del norte de África y hasta Marsella, familias que recibieron casas y tierras y que contribuyeron al fortalecimiento del barrio judío. Se trataba de un grupo social que se dedicaba sobre todo a la producción de calzado, orfebrería y al comercio de productos agrarios.

Testimonios actuales afirman que el cementerio judío, el Fossar des Jeues, fue más tarde comprado por las monjas dominicanas, y en 1970 fue finalmente derruido para edificar allí los almacenes "El Corte Inglés". Un barrio que con el tiempo se convirtió en centroaislado y totalmente desvinculado del entramado urbano y social de Valencia y que, al contrario de lo ocurrido en otras ciudades, desapareció completamente con las reformas urbanas realizadas a partir del siglo XV.

Se sabe que los judíos vivieron tranquilamente hasta los terribles sucesos de 1391, cuando la aljama fue objeto de un asalto general provocado por los disturbios antijudíos de ese año en la mayor parte de España. Luego intervino el gran predicador fray Vicente de Ferrer, que hizo tanto para borrar la presencia judía en toda la península, y procedía de tierras valencianas. Es interesante citar el testimonio de un visitante extranjero, Niklaus ven Poppan, que al estar en esa capital en 1484, afirma categóricamente que la cuarta parte de la población valenciana estaba formada de conversos, y que un porcentaje insignificante podía ser considerado como sinceramente cristiano. No es de extrañar, por lo tanto, que la Inquisición hiciera estragos entre ellos. En 1500 se descubrió una sinagoga clandestina en el hogar de donya Catalina Guioret, viuda de un hermano del converso Lluis Vives, el padre del gran escritor valenciano Juan Luis Vives. Ni hablar que la citada mujer y su hijo fueron quemados vivos, desde luego por el terrible pecado de profesar la fe judía.

Xátiva

El barrio judío de esta antigua ciudad, conocida previamente como Játiva, habría sido reconstruido después de la conquista por los ejércitos cristianos, en 1240. En 1274 se le concedía una nueva carta puebla por la que se otorgaban a sus nuevos habitantes diversos derechos, entre ellos la exención de impuestos por cinco años. Dícese que en abril de 11268 el rey Jaime I, en un mensaje a las autoridades locales, daba órdenes para que se dejara de tirar piedras contra los judíos en Viernes Santo. Se estima que la ciudad contaba con 50 familias hebreas, un número nada despreciable, aunque su ubicación ya no es posible determinar en nuestros días. Lo que sí se conserva en el Museo Municipal es un fragmento de yesería, caído de la ermita de la comunidad de agustinos, en el que se puede leer en hebreo "Jerusalén y Él alcanzarán la solución..." Esto permite suponer que ese edificio habría sido construido sobre las ruinas de la antigua sinagoga local.

Moshé

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