sábado, 23 de diciembre de 2006

Publicado por fpaya @ 16:14


Lecturas acerca de Liberman

Por: Dov Avital

Para Ehud Olmert, la incorporación de Avigdor Liberman y su partido nacionalista a la coalición de gobierno es, ante todo, la concreción de las enseñanzas que recibió de su mentor Ariel Sharón: buscar una coalición de gobierno con socios a la izquierda y a la derecha para ocupar así el centro de la escena política, donde están la mayoría de los votantes del país.

Formalmente, argumentó Olmert que la incorporación de dicha bancada aumenta la coalición hasta el punto en que no depende de un partido que la chantajee con la amenaza de abandono. Formalmente cierto, pero no en la práctica política. Los votos de Liberman se unirán a los de los ortodoxos religiosos de Shas para oponerse a cualquier plan de evacuación unilateral adicional de territorios (el famoso “plan de convergencia” que constituyó la bandera política de Olmert en las últimas elecciones). Olmert simplemente no tiene los votos necesarios dentro de su propia coalición, y mucho menos en el Parlamento, para impulsar un plan así o similar.

Tampoco la nueva agenda Olmert: la reforma del sistema político, puede ser promovida. Los partidos religiosos no aceptarán ningún atisbo de la separación entre iglesia y estado que Liberman propulsa y sus votantes, inmigrantes rusos de dudosas credenciales judías a ojos de la ortodoxia, precisan.

Los partidos pequeños no aceptarán un sistema presidencial centralizado que les quite toda influencia real, y quien se aventure a apoyar dicha idea perderá de inmediato su apoyo (por lo que Olmert tuvo que aclarar poco después de la incorporación de Liberman que su idea de reforma política no pasa por el presidencialismo).

Liberman es una figura discordante dentro de la derecha nacionalista. A pesar de vivir en un asentamiento, no es parte de la dirigencia de éstos ni es religioso. Más aún, acepta la inevitabilidad de una futura retirada de gran parte de los territorios y el desmantelamiento de colonias aisladas, y en el presente acepta aún la destrucción de asentamientos ilegales (aunque su concepto de ilegal difiere sobremanera incluso del que la fiscalía mantiene).

Liberman propone un acuerdo basado en el trueque de territorios: la anexión a Israel de los grandes centros poblados de los asentamientos, cercanos a las fronteras del ´67, y la anexión a Palestina de núcleos poblados por ciudadanos árabes de Israel, en zonas asimismo colindantes con dichas fronteras. De este modo se obtendría una mayor homogeneidad étnica en cada uno de los dos países, sin tener que evacuar grandes masas de población, que permanecerían en sus actuales hogares. El hecho de que los árabes israelíes no estén interesados en incorporarse a un futuro estado palestino, a cuenta de su actual ciudadanía, obliga a que quien quiera impulsar algo así deba desmantelar además el estado de derecho.

En el actual sistema legal de Israel, el Estado no puede anular la ciudadanía de un individuo o grupo administrativamente, y aún si legalmente está capacitado para efectuar un intercambio de territorios, con la anuencia de la Knesset, se puede dar un resultado absurdo para los propulsores de este concepto: que los ciudadanos árabes deban ser indemnizados y se les facilite el radicarse en otro lugar del Estado!

Para Liberman el “excesivo” papel del Poder Judicial debe ser cercenado, a través de una reforma gubernamental que lleve a un gobierno presidencial fuerte, con una Constitución (que Israel aún no tiene) y un tribunal constitucional por encima del Poder Judicial. Vuelta a fojas cero: el principal obstáculo para la adopción de una constitución en Israel es la relación entre religión y Estado: los partidos religiosos solo adoptarían una constitución que privilegie la “halajá” (legislación religiosa), lo que como hemos dicho es inaceptable para los votantes de extracción rusa.
Estancamiento político y ficciones

Este escenario, en el que nada puede hacerse realmente, es excelente para Olmert y para Liberman. El primero consolida su posicionamiento al centro de la arena política, y el segundo asume protagonismo en su abierta lucha con Netanyahu por el liderazgo del campo nacionalista-derechista. Liberman podrá proclamar que su entrada al gobierno impidió el desmantelamiento de asentamientos y una política de centro-izquierda respecto a los palestinos, y aún si Olmert da un giro en esa dirección, le queda la carta de abandonar la coalición y hacerla caer, lo que siempre es una baza electoral.

Liberman además pidió ocuparse de la “amenaza estratégica iraní”. Aún cuando no se sepa qué hace con ella, el aumento del nivel de preocupación pública juega a favor de quien propone un gobierno “fuerte y responsable”, y predica que en tiempos de amenaza existencial, el liberalismo democrático es un lujo prescindible.

La visión de Liberman de la minoría árabe como un cuerpo extraño que hay que quitar del país o por lo menos cercenarle sus derechos civiles tiene un corolario político adicional, del cual Olmert también disfruta:

Obviamente, los ciudadanos árabes israelíes, que constituyen cerca del 20% del electorado, se sienten amenazados y agraviados por el hecho de que quien sostiene tales posturas sea parte legítima de la coalición gobernante, y hacen extensivo dichos sentimientos a todos los socios de ésta.

Si bien Olmert, a diferencia de los planes originales de Sharón para su partido Kadima, renunció a intentar captar el voto árabe, la matemática electoral hace que ningún líder laborista pueda intentar llegar a la jefatura de gobierno sin esos votos, ya sea directamente a su candidatura o a través de un apoyo tácito de los partidos árabes en la Knesset.

Amir Peretz intentó tanto en las internas de Avodá como en las elecciones generales, captar dichos votos, a través de una agenda social y económica que ayudara a los sectores más postergados, entre los cuales los árabes se encuentran mayoritariamente.
¿Claudicación de Avoda?

El que Peretz aceptara la integración de Liberman al gobierno fue visto por los árabes como una afrenta al sector (incluyendo los propios diputados árabes de Avodá). La elección de Peretz para el Ministerio de Defensa, sector en el que los árabes no tienen parte ni lo sienten como vinculado a ellos, no hace más que alejarlos aún mas del apoyo a su figura. El “precio” que Peretz extrajo de Olmert a cambio de la anuencia a la incorporación de Liberman al gobierno: una comisión ministerial para los asuntos de las minorías, encabezada por el propio Peretz, es visto por los árabes como una afrenta adicional, si Peretz piensa que algo tan ficticio e inoperante pueda compensarlos o enmendar el daño de la integración al Gobierno de quien propone quitarles sus derechos civiles.

El apoyo del Comité Central de Avodá a la propuesta de Peretz de permanecer en el gobierno debe ser visto en el terreno de las pugnas internas. En primer lugar Avodá tiene ya hace muchos años una “tradición suicida” en la que un instante después de ser electo el nuevo líder, todos los otros aspirantes trabajan para minar su postura y reemplazarlo.

En segundo lugar, Peretz sigue siendo visto como un “accidente”: en unas internas en las que Simón Peres debía haber ganado su último término, para dar tiempo a los otros aspirantes a posicionarse para el liderazgo, Peretz ganó sorpresivamente, sin apoyo del “establishment” partidario ni inserción en el mismo. Para quienes sostienen que Peretz puede ser un líder sindical pero no un gobernante, su gestión al frente del Ministerio de Defensa, incluyendo las faltas de éxito en el Líbano y Gaza (que no necesariamente son responsabilidad de un Ministro recién nombrado, sino más bien producto de fallas estructurales arraigadas) no hace más que corroborar dicha percepción. En la táctica elegida por los otros aspirantes al liderazgo, de dejar que Peretz se siga desgastando en un cargo en el que no tiene posibilidades de éxito, hasta las primarias en junio del 2007,y el poder achacarle la responsabilidad de compartir coalición con Liberman fortalece dicho plan de desgaste.
Conclusión

Más allá de los planes y manipulaciones personales, la naturalidad con que el público israelí aceptó la entrada de Liberman al gobierno debe preocupar, ya que apunta a la fuerza de los sentimientos de temor y xenofobia crecientes, los que son ya ahora manipulados por la derecha más extrema, y pueden llevarla al poder en caso de que los extremistas palestinos, por su parte, logren mantener desatados el conflicto y la violencia cotidianas.

Comentarios

 

     

Ver perfil público del propietario del blog

Textos sobre Historia,Literatura,InfoLibros,Informacion General

     

     

Participantes

     


     

Buscador

     

     

     

     

     

     

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless